Respecto de sus obligaciones con las instituciones financieras multilaterales, sobre todo con el Fondo Monetario Internacional, la Argentina está jugando a apretar el acelerador a fondo esperando que el otro frene primero. ¿Pero qué pasará si ninguna de las dos partes se desvía de su rumbo y el juego termina con un choque de frente?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Actualmente la Argentina le debe alrededor de u$s 7.500 millones al Banco Mundial, u$s 8.400 millones al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y 10.700 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG), equivalentes a u$s 15.700 millones, al FMI. Al 2 de marzo de 2004, el país tenía reservas internacionales por alrededor de u$s 15.000 millones.
Los desembolsos en curso derivados de los proyectos ya comprometidos equivalen este año a casi todos los pagos que se le deben hacer al BID y al Banco Mundial. Además, los pagos en sí mismos son modestos: en el caso del BID, el capital que tiene vencimiento este año llega sólo a u$s 440 millones. Considerando esto, parecería que sólo se puede concebir que la Argentina caiga en incumplimiento si los directorios de estos organismos suspenden los desembolsos en respuesta a la decisión argentina de caer en mora con el Fondo. Ya que que las reservas podrían cubrir con facilidad la cifra que tiene vencimiento, ésta sería una decisión provocativa.
El FMI nunca sufrió una pérdida sobre lo que ha prestado puesto que eso sólo puede ocurrir si un país deja de ser miembro del organismo, pero hay precedentes de largos períodos de mora. Desde mediados de la década de los 80, son 25 los miembros que cayeron en mora y cinco seguían en mora en enero pasado: Irak, Liberia, Somalia, Sudán y Zimbabwe.
La diferencia de la Argentina es de escala, ya que es el tercer mayor deudor del Fondo, detrás de Brasil y Turquía. En el pasado, el pico total de obligaciones vencidas, acumuladas por un país miembro que había caído en mora prolongada, ha sido de 3.400 millones de DEG (u$s 4.900 millones). Pero este año la Argentina debe pagar 3.700 millones de DEG (u$s 5.400 millones), de los cuales u$s 3.100 millones vencen esta semana. Estas sumas reflejan el pasado del país en términos crediticios; para ponerlas en contexto hay que tener en cuenta que los saldos precautorios del FMI eran de sólo 6.000 millones de DEG (u$s 8.700 millones) a fines de octubre de 2003.
El FMI trabaja sobre la base de créditos renovables entre sus miembros. Los países que pueden hacerlo (actualmente 45 de los miembros) adelantan dinero para que los que toman préstamos lo adquieran. Los que proveen el crédito consideran que el dinero está totalmente seguro.
Por otra parte, como el FMI presta en momentos de crisis en lugar de tratar de mantener una cartera equilibrada y relativamente segura, se le da categoría de acreedor privilegiado. La necesidad es evidente: a fines de octubre de 2003, los tres principales tomadores de préstamos daban cuenta de 72% de la llamada Cuenta de Recursos Generales del FMI. Si uno de estos tres países cayeran en mora sostenida, el peligro para el modelo del Fondo sería sustancial.
Las medidas a tomarse en respuesta a la mora sería drástica, al menos para los estándares de las instituciones multilaterales. Para proteger los ingresos del FMI, entraría en efecto un mecanismo de compartir la carga según el cual caería el interés que se paga a los que proveen fondos y aumentaría lo que deben pagar otros deudores. Estos cambios dolorosos no harán popular a la Argentina entre el resto de los miembros.
También se tomarían medidas contra el país: se le impediría usar los recursos del FMI hasta que la mora sea levantada; en un plazo de 15 meses se podría declarar su no cooperación con el Fondo; en un plazo de 18 meses se podrían suspender sus derechos de voto y de representación y, finalmente, en un plazo de 24 meses se lo podría expulsar. Ningún miembro ha llegado a esta etapa. ¿Se atreverá la Argentina a ser el primero?
Dejá tu comentario