“Por las noches la soledad desespera”: un problema futuro que exige medidas ya

Opiniones

Según distintas publicaciones de organismos nacionales e internacionales como las Naciones Unidas, CEPAL, CIPECC y otros, la población mundial lentamente va modificando su estructura, anticipando una situación que debemos atender a la brevedad antes de que sea tarde. En el año 2050 la humanidad tendrá países desarrollados con poblaciones longevas, conformada por gente con enfermedades crónicas que antes eran mortales y, por sobre todas las cosas, solas.

El mundo siempre marcha hacia adelante pese a las distintas catástrofes que ha sufrido en cada siglo. Guerras, pandemias, cambios ambientales y otras plagas no han podido evitar la evolución constante del ser humano. Por ello, la ciencia se encarga en muchos casos de anticiparse a situaciones dramáticas futuras, evitando la aparición de tales eventos y en otros mitigando sus efectos. En ese sentido, existe un hecho que las distintas predicciones demográficas han comenzado a presagiar: la soledad.

Según distintas publicaciones de organismos nacionales e internacionales como las Naciones Unidas, CEPAL, CIPECC y otros, la población mundial lentamente va modificando su estructura, anticipando una situación que debemos atender a la brevedad antes de que sea tarde. Las tasas de fecundidad y de mortalidad disminuyen y la esperanza de vida al nacer, tanto en hombres como en mujeres, aumenta progresivamente de la mano de los avances tecnológicos, de la promoción de la salud y la prevención.

Como conclusión, podemos adelantar que, de no mediar causas naturales que interfieran en esta evolución, en el año 2050 la humanidad tendrá dos realidades diferentes: por un lado países desarrollados con poblaciones longevas, conformada por gente con enfermedades crónicas que antes eran mortales y, por sobre todas las cosas, SOLAS, ya que la tasa de dependencia (relación entre población dependiente y la económicamente activa) viene aumentando al mismo ritmo. Y por otro lado países más pobres, con menos esperanza de vida y mayor natalidad que no tendrán aún resueltos los problemas sanitarios mínimos, pese a las distintas y repetidas campañas basadas en la atención primaria. Tanto los estados, como las organizaciones públicas y privadas, en sus respectivas estrategias de desarrollo sustentable, deberán anticiparse a este escenario para mitigar el riesgo de las generaciones futuras.

En la actualidad tenemos dos posibles abordajes para ecualizar las oportunidades de acceso al cuidado de salud en personas que sufren de soledad. Ellos son el recurso humano y el tecnológico. La formación del rol de cuidador permite crear un eslabón entre el profesional de la salud y la familia del adulto mayor, generando una nueva fuente de trabajo y una empatía diferente a la que suele haber con el médico o con la enfermera. Una persona especialmente capacitada para cuidar y acompañar a personas solas con distintas vulnerabilidades. Por otro lado, el recurso tecnológico permite monitorear los signos vitales por telemedicina a través de dispositivos y sensores que captan e informan en todo momento los distintos cambios o incidentes que una persona sola puede sufrir en su domicilio. Tanto uno como otro se complementan entre sí y con la medicina convencional, conformando un combo de altísimo impacto, no sólo en la salud sino en la calidad de vida de estas personas.

El ser humano puede o no estar enfermo, pero siempre necesita ser y sentirse cuidado. Siguiendo con la canción de la Bersuit que dio título a esta nota, las nuevas tendencias educativas y los futuros desarrollos tecnológicos deberían enfocarse en evitar que la por las noches ningún ser humano sufra la desesperanza de la soledad.

(*) Gerente de Relaciones Institucionales y RSE Grupo OSDE.

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