21 de julio 2006 - 00:00

¿Qué pasa con el dólar?

El mercado de monedas es probablemente uno de los más difíciles de predecir. No es suficiente analizar las variables económicas de dos países y luego decidir cuál de las dos monedas será la mejor. El pasado reciente ha demostrado que hacer lo contrario habría sido más rentable. Las balanzas comerciales -otro factor importante- por lo general son estables en un sentido o en otro. Variaciones importantes e irregulares son encontradas en los flujos de capital que se forman principalmente por compras de acciones o de bonos extranjeros y, movimientos de los bancos centrales, todos datos muy difíciles de evaluar.

Los Estados Unidos tienen enormes déficit de su balanza comercial y del presupuesto, que deben ser financiados por capital extranjero. En consecuencia, los analistas se encuentran todos de acuerdo que la moneda norteamericana tendrá que devaluarse y que lo puede hacer en cualquier momento. Seguramente tienen razón en el largo plazo, pero el corto plazo es más difícil de predecir. La lógica quisiera que cuando la economía de EE.UU. calentara, el banco central (Fed) dejara de subir las tasas y empiece a bajarlas. En este caso el dólar se volvería menos atractivo para los extranjeros que lo venderían ocasionando una baja. En realidad se ha notado que, en ausencia de una crisis financiera, la Fed se toma en promedio 6 meses para comenzar a bajar las tasas. Esto sucedió por ejemplo en el año 2000, cuando las Bolsas cayeron en el mes de setiembre y las tasas fueron reducidas en enero del siguiente año. El dólar se mantuvo firme, mantenido por los altos rendimientos, hasta febrero de 2002. Las expectativas actuales podrían ser las mismas siempre que no se presente alguna crisis financiera mayor que sacuda el mercado. Esto no puede ser descartado si se considera la suma de varios factores: disminución de la liquidez en el ámbito mundial; tasas de interés más altas; precios de los «commodities» que no quieren ceder. Se trata aquí de un «coctel» muy poderoso que podría ocasionar una fuerte baja en las Bolsas y -potencialmente- la quiebra o por lo menos problemas serios para alguna institución financiera o de algún fondo de tipo «hedge». En este caso la Fed bajaría enseguida las tasas, así como Greenspan lo hizo en varias oportunidades, hasta superar la crisis. Este sería el momento en que la baja del dólar podría empezar en una forma violenta.

  • Enfriamiento

  • En este punto es obligatorio hablar del mercado inmobiliario que se está enfriando, ya van 5 meses de datos indicándolo. Se trata del final de un ciclo que había nacido gracias a las tasas bajas y termina ahora que las tasas de interés han vuelto a niveles de 5% o más. Este nuevo ciclo durará varios años y les va a quitar dinero de los bolsillos a los consumidores americanos, que han sido la fuerza pujante de la economía mundial en esta década. Esto se traduce en mayores costos para la financiación de las hipotecas y precios altos para la gasolina.

    Una recesión, por lo tanto, está «escrita en las estrellas», la Bolsa va a seguir bajando y lo mismo sucederá con el dólar, pero probablemente sólo dentro de unos meses. En momentos como éste, el dicho inglés «cash is king» (el dinero es el rey) es de ley.

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