ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

20 de enero 2005 - 00:00

Reconciliación, la base de un futuro que es posible

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.


Posiblemente, la etapa de nuestra historia que mejor ejemplifica las expresiones de nuestro cardenal primado sea el período de la Organización Nacional. Urquiza, líder político-militar indiscutido después de Caseros, convocó a unitarios y federales, a porteños y provincianos, para dictar la Constitución siguiendo las Bases de Alberdi y los pactos preexistentes. Por ese entonces «pacto» no era una palabra «políticamente incorrecta» ni se había transformado aún en eufemismo. Luego, al advertir que su figura entorpecía la unidad, considerada como fundacional, se retiró dejando un ejemplo que es conveniente recordar. Ciento cincuenta años del primer gobierno constitucional deberían hoy inspirarnos.

Ciertamente fueron necesarios veinte años más de luchas, pero también de coincidencias y de voluntad para deponer intereses particulares hasta alumbrar el comienzo de un camino de esplendor y progreso. Por ese entonces, sobresalía el impulso y ejemplo de los dirigentes consustanciados con objetivos de Estado y con el esfuerzo confiado y solidario de los hombres de buena voluntad que se incorporaban a nuestra geografía. Todos insertaron nuestra Nación en un mundo que -con menos vértigo que hoy- también crecía en interdependencias. En definitiva, llevaron a la República a una posición expectante y envidiada.


Sin rencores.

Cuando un cuerpo social siembra la muerte entre compatriotas demuestra no sólo su enfermedad sino también su culpa, aunque ésta sea más fácil endilgarla después a otros. El escritor francés Boissier afirma que «una sociedad necesita arrojar siempre sobre alguien la responsabilidad de su yerro. Cuanto más grande su culpa y el remordimiento que experimenta, mejor dispuesta se muestra a buscar un culpable que por ella haga su penitencia, y cuando lo ha encontrado y castigado, se perdona a sí misma y se felicita por su inocencia». Como también expresara monseñor Bergoglio: «El llamado es a dejar el estéril historicismo manipulado por intereses o ideologismos. La historia apuesta a la verdad superior, a rememorar lo que nos une y construye, a los logros más que a los fracasos. Si miramos a los odios y violencias fratricidas, que nuestra memoria nos oriente a que predomine el interés común. Tanta cruz cargada no puede ser en vano».

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias