23 de febrero 2022 - 10:13

El Gobierno y muchos consultores tienen un gran error de diagnóstico con el campo

El Banco Central pierde reservas, se abraza a la esperanza de la santa soja, pero se desconoce cómo se mueve el sector agro. Atrasando el tipo de cambio y prohibiendo importaciones, se encierran en un callejón sin salida. Si quieren que el productor venda, no le roben.

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El Gobierno nacional está acorralado: el Banco Central no para de perder reservas, se ubican en U$S 37.259 millones, la balanza de dólares de la Argentina está sin liquidez. En el mes de enero, el superávit de balanza comercial fue de U$S 300 millones. Para poder financiar la salida de dólares de otras partidas, como pueden ser dólares para turismo, formación de activos externos o pago de amortización e intereses de deuda, se necesitan como mínimo U$S 15.000 millones, nadie sabe de dónde saldrán.

El gobierno y muchos consultores tienen un gran error de diagnóstico: creen que la suba en el valor de la soja, implica que los productores saldrán desesperados a vender, pero nada de eso va a ocurrir. Se venderá lo justo y necesario, el resto quedará como ahorro a la espera que se defina la próxima campaña, esto implica que mucho se liquidará en el 2023.

La soja en Chicago vale más de U$S 600. En Argentina vale U$S 415 oficiales, pero si querés tener dólares reales, esa cifra se achica a U$S 220, un verdadero robo para el productor.

La soja, que vale U$S 415 la tonelada en la venta inmediata, si la vendemos en el mercado de futuro al mes de mayo cotiza a U$S 422, al mes de julio U$S 424, al mes de septiembre U$S 426 y al mes de noviembre U$S 428 la tonelada. Esto implica que cuanto más demore en venderla, más caro lo puedo hacer, por lo tanto, nadie tendrá apuro en desprenderse de un producto que en el campo es una moneda más, pero con mucha más credibilidad que los pesos, e inclusive que el dólar billete.

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Los analistas hacen una simplificación de la realidad, el gobierno de Estados Unidos dice que en la Argentina se cosecharán 45 millones de toneladas, y como en Chicago está por encima de los U$S 600, los consultores piensan que ingresarán U$S 27.000 millones al Banco Central. Pensar que esto sucederá, es como creer en los reyes magos.

Desde nuestro punto de vista la sequía es más grave de lo que muchos presumen, con lo cual la cosecha podría ubicarse por debajo de los 40 millones de toneladas, el productor vendería unas 20 millones de toneladas para cubrir gastos, y el resto está por verse, esto implica que, desde ahora a junio, con mucha suerte podrían ingresar U$S 12.000 millones.

Con el trigo sucede algo parecido, hoy vale U$S 260 la tonelada, pero en mayo su valor crece a U$S 253, en julio U$S 265, para diciembre con el ingreso de la próxima campaña vale U$S 251 la tonelada. En Chicago el trigo vale U$S 310 la tonelada, nadie se apresura a vender, los precios tienen una pendiente alcista y, si el clima de suba persiste, mejor tomar un crédito y mantener la mercadería en el campo.

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En el caso del maíz, tenemos una realidad dual, la cosecha de primera que se sembró en septiembre y se cosecha en marzo viene muy mal, es el 30% de lo que habitualmente se cosecha en un año, el 70% restante se siembra en diciembre y se cosecha en julio.

Por ahora, el maíz tiene precios a la suba, nadie se apresura a vender si a futuro vale más que ahora. Solo en el mes de julio hay una baja de precios, mientras que el maíz abril vale U$S 249, en julio su valor desciende a U$S 229 la tonelada, sin embargo, el productor prefiere esperar para desprenderse de la mercadería, tomará crédito o se financiará con la tarjeta Agro, pero las ventas se demoran en un escenario de precios a la suba. Hay que llegar a la próxima campaña.

Maíz

¿Por qué el hombre de campo especula con no vender?

El hombre de campo está sufriendo una pérdida de rendimiento que en muchos casos es superior al 20% de lo que pensaba recolectar en promedio de todo el campo argentino. Cuando digo promedio, estoy manifestando que en algunos lugares no cosechará nada, y en otros habrá buen rinde, la media estará complicadísima. La única forma de poder seguir en el negocio es retener granos y canjearlo por insumos o utilizarlos para pagar el alquiler de los campos que trabaja. La mercadería es una moneda más de la que circula en nuestro país. Como los bancos están cortando el financiamiento e incrementando la tasa, los productores refinanciarán sus deudas y se quedarán con la mercadería que la harán valer como medio de pago, para poder volver a sembrar y ver si tienen revancha en la próxima campaña. Una nueva seca sería una tragedia.

En resumen, el hombre de campo no especula con no vender, se juega a volver a producir pensando que en la campaña 2022/23 el clima será más benévolo y lo acompañará. El negocio agrícola es estacional, para poder volver a cosechar y tener ingreso un productor que levanta la cosecha de maíz en abril y la de soja en mayo, vuelve a tener ingresos en abril de 2023 y mayo de 2023, guarda soja o maíz para poder vivir y no quedarse con pesos en la mano hasta dicha fecha. Vender la soja o maíz y quedarse con pesos en la mano, es como comprar un helado hoy, y pretender comerlo en abril o mayo de 2023, no te queda nada.

Conclusión

  • Las proyecciones de ingreso de divisas del campo están totalmente equivocadas, quienes la realizan no conocen el negocio agrícola, a sus actores y la idiosincrasia que tienen para llevar adelante el negocio. También desconocen que en el interior la soja es una moneda más, que es más resguardo de valor que tener pesos o dólares billetes.

  • La competitividad de un país no se mide por el valor de la soja, se mide por el valor de su moneda. Mantener congelado el tipo de cambio disparará una manada de inversores que saldrán a importar lo que incrementará la demanda de dólares, que son escasos en esta economía. Para muestra vale un botón, en el mes de enero del año 2022 las exportaciones crecieron el 12,3% y las importaciones el 36,6%, fin de la discusión, el saldo de balanza comercial fue de U$S 296 millones, en enero 2021 había ascendido a U$S 1.068 millones. Recalculando, estamos en problemas.

  • La suba de la soja, maíz y el trigo es una condición necesaria pero no suficiente para que se incrementen las exportaciones, para que esto suceda se necesita que se cosechen cantidades abundantes, que el productor tenga crédito para financiar la próxima campaña y que la brecha cambiaria sea mínima. Con brecha, sin crédito y escasas cantidades, no esperen que el productor se apure a vender, lo hará solo cuando necesite el dinero.

  • Argentina necesita dólares y cierra las exportaciones de carne. A los precios actuales, si se abre la exportación, se lograría que ingresen unos U$S 1.000 millones adicionales a lo proyectado. El gobierno tiene vendado los ojos por la ideología, por eso cierra las exportaciones, aumenta la cantidad de animales en el campo, se venden menos animales en el mercado interno, pierde el consumidor, el ganadero y el gobierno. Son medidas desequilibradas, cierran las exportaciones y pierden todos, un ejemplo de lo que no se debe hacer. El gobierno de Uruguay y Paraguay agradecidos de la política ganadera de nuestro ministro de Agroindustria.

  • Si el gobierno sigue atrasando el tipo de cambio y restringiendo importaciones, la economía no crecerá, la recaudación disminuirá (en enero aumentó el 33,9% mientras que la inflación superó el 50%), el déficit será más elevado (en enero 2022 tuvimos déficit fiscal cuando un año atrás teníamos superávit) y habrá que financiarlo con emisión que traerá más inflación o capturando pesos del mercado doméstico que elevará la tasa de interés y dejará sin crédito al sector privado (recesión). Nos llevan directo a un círculo vicioso de la economía.

  • El gobierno necesita un nuevo plan económico, liberar el tipo de cambio y dejar que las fuerzas de mercado lo coloquen en el verdadero punto de equilibrio. Esto cambiará todos los precios de la economía y el salario se debe readecuar a los nuevos precios, para que no sea variable de ajuste hay que alentar la inversión, y para eso no se deben aplicar nuevos impuestos. Si desde 2011 a la fecha nos venimos equivocando, ¿no será momento de cambiar de receta?

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