¿Qué ocurrecon las monedas? El dólar parece haber resucitado de entre los muertos y no se queda quieto; anota fuertes ganancias contra las principales divisas. No se salvan el euro ni el yen ni la libra. ¿Cambió la tendencia de fondo? Gordon Gekko: No veo un buen motivo.
P.: La recuperación del dólar es ya muy respetable. Ha quebrado resistencias significativas tanto contra el euro como contra el yen. ¿Ello no significa nada?
G.G.: Es un rebote importante. No se lo discuto.
P.: Pero no piensa que estamos asistiendo, luego de una prolongada caída, a un verdadero punto de inflexión.
G.G.: No.
P.: Sin embargo, la recuperación del dólar es ahora tan veloz como lo fue, en su momento, la caída.
G.G.: Mire, el dólar ha retrocedido a lo largo de tres años consecutivos. En cada uno de ellos, sin excepción, experimentó «rallies» tan vibrantes, tan furibundos como el actual. Esos repuntes permitieron recobrar su cotización hasta 10% contando desde los mínimos (vigentes en cada momento). Fueron cimbronazos importantes, sin dudas; difíciles de pasar por alto o de ignorar pero, tarde o temprano, se disolvieron en la tendencia de fondo.
P.: Una reacción tan vigorosa no es un buen indicador.
G.G.: Significa -antes que nada-que hay muchas posiciones vendidas que deben cubrirse a las apuradas. Esto es típico de los mercados netamente bajistas.
P.: ¿Que la Fed amenace con acelerar el pulso del ajuste monetario -como lo sugiere su último comunicado-no es una razón valedera para torcer el rumbo de la divisa? G.G.: Esa es una muy buena excusa para motorizar un rebote. De hecho, es el mismo argumento que se utilizó el año pasado.
P.: Cuando la Fed decidió abandonar la política de mantener las tasas de interés en 1 por ciento.
G.G.: Correcto. Mucha gente olvida que allí también se vaticinó el fin de la debilidad del dólar. Y, por espacio de algunos meses, pareció un escenario creíble. Lo que la Fed está marcando ahora es su intención de perseverar en la política de suba de tasas pero ingresando un cambio más alto en la caja de velocidades.
P.: Tasas de interés más elevadas están asociadas a una moneda más robusta. Mucho más si se espera que ahora crezcan de prisa.
G.G.: Lo mismo puede decirse de las economías que exhiben un crecimiento impetuoso. ¿No es eso acaso lo que recitan los manuales de economía internacional?
P.: Hemos consultado los mismos libros.
G.G.: Son condiciones que cumplen los Estados Unidos pero no se aplican ni a la eurozona ni a Japón. Y, sin embargo, la historia que hay que explicar es una en la que, año tras año, el dólar se replegó frente a las monedas de ambas regiones...
P.: ¿Cómo se entiende?
G.G.: Hay otros factores en juego. Tres semanas atrás --haga memoria-todavía el tema de la diversificación era el tópico que dominaba las conversaciones. El temor a que los inversores internacionales le dieran la espalda al dólar, a que los bancos centrales comenzaran a limitar las compras de dólares para acumular otras divisas o, como se dijo del Banco de Corea (y luego se desmintió), a que liquidaran posiciones lisa y llanamente...
P.: Hemos saltado de un extremo a otro...
G.G.: Con frecuencia es lo que las cotizaciones hacen. Pero uno está obligado a manejarse con opiniones más estables...
P.: Sigo sin entender muy bien qué es lo que gobierna el curso de las monedas...
G.G.: Hay cierta aprehensión con respecto al déficit de cuenta corriente de los EE.UU. Aunque estos días el asunto ha pasado a un segundo plano. Unos meses atrás, el propio Greenspan alertó que la situación actual no podría continuar así en forma indefinida...
P.: ¿La suba de tasas no pone el tema bajo control?
G.G.: Mejora las posibilidades de arrimar financiamiento. La cuenta de capitales. Difícilmente la cuenta corriente reduzca su desequilibrio hasta que la suba de tasas no muerda el gasto interno y le quite dinamismo. Lo que, dicho sea de paso, todavía no se vislumbra. Pero financiamiento siempre hubo para los Estados Unidos. En todos estos años, las entradas de capitales fueron siempre más copiosas que el rojo de la cuenta corriente (un exceso de 160 mil millones, por ejemplo, en 2004), y ello no fue óbice para que el dólar emprendiera una baja apreciable...
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