En períodos de alta volatilidad e incertidumbre, las decisiones de inversión para las empresas se vuelven, sin duda, más complejas. Los movimientos en las principales variables financieras, la falta de certezas y los cambios de expectativas generan, lógicamente, dudas y preocupación. Sin embargo, incluso en estos escenarios, hay conceptos que siguen siendo fundamentales y que, bien aplicados, permiten transitar los desafíos de manera más ordenada diseminando el impacto negativo de los escenarios adversos
Tasa, inflación y dólar: el rol de la diversificación en tiempos de alta volatilidad
En este difícil período para la toma de decisiones de inversión en empresas hay conceptos que siguen siendo fundamentales y permiten transitar los desafíos de manera más ordenada.
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Los mercados seguirán presentando desafíos. La clave está en afrontarlos con estrategia, prudencia y coherencia.
Conceptos fundamentales para la toma de decisiones de inversión
El punto de partida siempre es el mismo: conocer en detalle el perfil del inversor. No todos enfrentamos los mismos riesgos de la misma forma, ni tenemos los mismos objetivos, plazos o tolerancia al riesgo. Comprender esa dimensión es esencial para definir cualquier estrategia, más allá de las coyunturas.
Desde nuestra experiencia profesional —y sin pretender fórmulas cerradas que en los mercados no existen— entendemos que una cartera de inversión con una asignación de activos bien diversificado, pensada en función del perfil de cada inversor, es hoy una herramienta clave. Y una de las maneras de conceptualizar esa diversificación es a través de una estructura en "tercios", que permite distribuir el capital de forma equilibrada entre distintas alternativas.
Este enfoque propone destinar un primer tercio a instrumentos de tasa fija en pesos, en tramos cortos (con vencimientos menores a Oct ‘25), que ofrecen tasas reales positivas y permiten capturar rendimiento sin asumir una exposición excesiva. Un segundo tercio constituido en instrumentos atados a la inflación, como los bonos CER con vencimientos entre Oct’25 a Dic’26, que ayudan a preservar el poder adquisitivo en un contexto donde, si bien se observan señales de desaceleración, la inflación sigue siendo un factor de riesgo a monitorear.
Por último, un tercio en activos en dólares, tanto corporativos como soberanos de corto plazo, que aportan resguardo y diversificación. Para inversores con perfil conservador este tercio podría constituirse con fondos de renta fija Latinoamericana sin exposición en Argentina. Si el perfil es moderado, se podría incluir bonos corporativos de empresas argentinas de muy buen rating creditico como Pampa Energía y, para perfiles más agresivos, se puede incluir bonos BOPREAL con vencimiento dentro del mandato de Milei o bonos soberanos globales (emitidos bajo Ley New York) o los bonos BONAR (bonos soberanos en USD emitidos bajo Ley Argentina)
Este tipo de arquitectura no es estática ni universal. Estos tercios deben interpretarse como posiciones neutrales. Entonces, por ejemplo, un portafolio con sesgo al “carry trade” debe sobre ponderar el primer tercio en detrimento del último tercio (que es la porción dolarizada). Es decir, cada portafolio de inversión debe ser pensado y adaptado en función de las necesidades, el horizonte y la tolerancia al riesgo de cada inversor. Pero, como punto de partida, permite ordenar el análisis y evitar decisiones impulsivas, que suelen ser malas consejeras en entornos complejos.
Desde el trabajo diario con clientes, vemos que quienes se toman el tiempo de entender su perfil, planificar sus inversiones y diversificar adecuadamente su portafolio de inversión, atraviesan estos escenarios con mayor tranquilidad y con mejores resultados.
Los mercados seguirán presentando desafíos. La clave está en afrontarlos con estrategia, prudencia y, sobre todo, coherencia con los propios objetivos.
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