1 de mayo 2020 - 10:24

Farmacéuticos: "En el Día del Trabajador, los argentinos queremos trabajar"

Quiero pedirle a los políticos que no se enamoren de la pandemia ni alimenten la grieta. No se puede encerrar autoritariamente a la gente, ya que algunos pueden querer decidir cómo vivir o morir.

El diagnóstico de Covid-19 se hace en laboratorios o con testeos callejeros, a cargo de bioquímicos, y la provisión de barbijos, la preparación de alcohol gel, la aplicacón de vacunas y la dispensación de paracetamol y demás medicamentos contra el virus, son responsabilidad de los farmacéuticos.

El diagnóstico de Covid-19 se hace en laboratorios o con testeos callejeros, a cargo de bioquímicos, y la provisión de barbijos, la preparación de alcohol gel, la aplicacón de vacunas y la dispensación de paracetamol y demás medicamentos contra el virus, son responsabilidad de los farmacéuticos.

Sonido Gremial

En este 2020 los trabajadores del mundo tuvimos un compromiso extra. Algunos cumpliendo funciones sanitarias, de transporte o de seguridad, con más actividad y riesgo; otros trabajando a distancia, y el resto, solidariamente, recluyéndonos en nuestro hogar para evitar daños colectivos.

Médicos, policías, choferes, cocineros y periodistas pusieron su cuerpo para atendernos, cuidarnos, alimentarnos, transportarnos e informarnos, mientras los docentes nos educaron a distancia y los actores nos entretuvieron con videos y radioteatro.

Respondiendo con formas alternativas de trabajo, más o menos activas, quedó evidenciado el importante papel que cumplen los trabajadores, ya que sin ellos las dependencias públicas no funcionan y casi nada se puede tramitar. Quedó expuesto también el valor que tiene el trabajo privado de un plomero, un albañil, un peluquero y, ni hablar, el de un abogado, en el marco de la emergencia.

Por eso debemos revalorizar al trabajador y al trabajo, justo en tiempos en que muchos no pueden hacer uso del derecho a trabajar y deben, compulsivamente, quedarse en su casa.

El Estado debería generar fuentes alternativas de trabajo e impedir que se pierdan derechos que tanto tiempo tomaron en conquistarse. Es miserable aprovechar la pandemia para aplicar, de prepo, reformas laborales.

Es preocupante que el Ministerio de Trabajo dicte resoluciones que convalidan suspensiones y reducciones salariales, a medida de las necesidades empresarias, como es la Resolución APN-MT 397/20, mientras mantiene frenados miles de trámites y expedientes que hacen al derecho de los trabajadores y a la obligación legal de la cartera estatal.

Es ilegal restringir la inscripción de nuevos gremios, pero el Ministerio lo hace. Es contrario al modelo sindical argentino y a la Organización Internacional del Trabajo, negarle personería a una nueva actividad laboral, pero la administración lo hace, alimentando el unicato y el poder de los gremios con muchos afiliados, que desde la Confederación General del Trabajo (CGT) frenan la modernización sindical y convalidan las decisiones oficiales.

Es la propia conducta del Estado la que lesiona la democracia sindical, a pesar del artículo 1° de la ley 23551/88: “La libertad sindical será garantizada por todas las normas que se refieren a la organización y acción de las asociaciones sindicales.”

Por todo esto, quiero pedirle a los políticos que no se enamoren de la pandemia ni alimenten la grieta. No se puede encerrar autoritariamente a la gente, ya que algunos pueden querer decidir cómo vivir o morir, y es sabido que un encierro ineficáz es perjudicial para la salud.

El Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio tuvo una primera etapa de aceptación, una segunda de resignación y una tercera de oposición.

Hoy los trabajadores queremos trabajar, porque sabemos que después será tarde y porque la mejor forma de combatir el virus es fortalecer nuestra salud, física y mental, con trabajo, información, ejercitación y buena alimentación, por supuesto, protegiéndonos con barbijo y manteniendo distancia.

También pedimos que se abran los gimnasios porque dan empleo y ayudan a reducir el sedentarismo, descargar el estrés y fortalecer la salud contra el virus.

Ayudaría mucho que se autoricen las bicicletas, que son el medio de transporte público más saludable, y se abran las plazas y espacios verdes de la Ciudad para airearse y asolearse, que también es beneficioso, manteniendo, claro está, la distancia necesaria. El hacinamiento en propiedades horizontales es contrario al necesario distanciamiento social.

No es científico cerrar todo y prohibir salir, ya que perderemos nuestro empleo y por ende la salud, y también la posibilidad de inmunizarnos naturalmente contra con el virus, lo que se logra saliendo a trabajar.

Los trabajadores estamos decepcionados porque ponemos el hombro mientras Gobierno y oposición nos siguen engañando con sobreprecios de alcohol y barbijos e impresión de billetes sin respaldo. Dicen que “quieren cuidarnos” pero nos dejan sin trabajo (se perdieron 70 mil puestos resgistrados desde que incio la pandemia), malgastan nuestro dinero y optan por un aislamiento necio, en lugar de un distanciamiento productivo.

Ya se multiplicaron los casos de obesidad, alcoholismo, tabaquismo y problemas mentales, porque pasarse el día sentado en un sofá, comiendo y mirando televisión, engorda, inactiva los músculos, desoxigena la sangre y potencia la angustia, el insomnio y la depresión.

Un “arresto” domiciliario no es la solución ya que incrementa las enfermedades metabólicas, cardíacas, respiratorias y psiquiátricas que terminarán colapsando al sistema de salud, que tanto se quiere preservar.

A mis trabajadores quiero felicitarlos, porque el diagnóstico de Covid-19 se hace en laboratorios o con testeos callejeros, a cargo de bioquímicos, y la provisión de barbijos, la preparación de alcohol gel, la aplicacón de vacunas y la dispensación de paracetamol y demás medicamentos contra el virus, son responsabilidad de los farmacéuticos. A pesar de que solo se habla de “médicos”, antes existe un riguroso trabajo de bioquímicos y después una destacada labor de farmacéuticos que ponen el hombro y arriesgan su vida por la gente.

La cuarentena era la última carta, no la primera. No es bueno crear curvas con cifras basadas en pocos controles, y muy equivocado compararlas con las de países que tienen más habitantes, realizan más testeos y están en otro estadío de la enfermedad. No se puede equiparar un partido que está por terminar, como el europeo y norteamericano, con otro que está por comenzar, como el argentino.

Es mejor testear y encerrar a quien corresponde y retomar las actividades, con distanciamiento y protección, y, si hace falta, se puede volver al confinamiento en junio, donde será el pico de casos. Mientras tanto es mejor encender la economía y controlar el dólar, que va a matar más gente que el virus.

En el día del trabajador, los argentinos queremos trabajar.

(*) Doctor en Farmacia y Bioquímica (UBA), secretario general del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), Secretario de Salud y Accion Social de las 62 Organizaciones Peronistas (CGT)

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