Acabamos de presenciar el enésimo relanzamiento del Mercosur. Nuestro sufrido proceso de integración registra más relanzamientos que la despedida de los Chalchaleros. Sólo que esta vez la novedad es que ya sabemos en qué dirección lo estamos lanzando: Fidel Castro y Hugo Chávez tuvieron a bien informarnos que «nace un nuevo Mercosur, un Mercosur político, combativo».
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Un estremecimiento de alivio debe haber recorrido la epidermis de nuestros gobernantes: hace seis años que no saben qué hacer con un Mercosur estancado, comatoso, en avanzado estado de esclerosis múltiple, insanablemente impedido de progresar hacia la unión aduanera, languideciendo como una zona de libre comercio imperfecta, cada día más perforada por crecientes excepciones, chicanas, trampas paraarancelarias y la inocultable ausencia de gobiernos verdaderamente interesados en llevar adelante la integración originariamente pactada en el Tratado de Asunción. Su sorpresiva transformación en un ejercicio político permitirá a quienes son directos responsables de esa catástrofe el postergar convenientemente a sus aspectos económicos y comerciales, pasando al primer plano este nuevo circo de tres pistas con atracciones siempre variadas, que se renuevan cada semana: fuerzas armadas en común, un batigasoducto de mitología, moneda única, un banco mundial propio, empresas energéticas, noticiosas, televisivas y navieras regionales y, por supuesto, pobladas burocracias subcontinentales entre las que, cómo podía faltar, sobresale una inminente legislatura supranacional. No cambie de canal: habrá más anuncios despuésde los comerciales. El Mercosur es como el Cid Campeador: ya casi no respira, pero su prestigio es tan grande en la gente, que los mismos responsables de su agonía se apresuran a atarlo a la montura para pasearlo ante la multitud con renovados ropajes que aparezcan prenunciando las vísperas de un futuro venturoso.
El teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez Frías viene de pulverizar a su propio espacio de integración, el Grupo Andino. ¿ Alguien puede creer, seriamente, que en el Mercosur su conducta corresponderá a la disciplina fiscal y los sacrificios macroeconómicos que un país debe hacer si de veras se propone ingresar a nuestro ejercicio de integración? No hace falta, chico: «ahora el Mercosur es político, combativo» y que cada uno lo entienda como quiera.
En los espacios integrados de verdad, construidos por países que en serio son en serio, con gobernantes serios, estadios como la moneda común, infraestructura común, legislatura común o ejércitos en común son puntos de arribo, no de partida. Se llega a ellos después de avanzar en la integración, no antes. Cualquiera que haga lo contrario está poniendo el carro delante de los caballos. Sabe que no avanzará, pero puede tratar de distraer a mucha gente durante mucho tiempo.
Los mismos gobernantes responsables por el estancamiento de la integración, en lugar de comprometerse a profundizarla, optan por una frívola conscripción de socios: entrada libre, ni siquiera hay que cumplimentar la cláusula democrática. Vino Chávez, estamos tratando que entren Evo Morales y Chile, mientras dos, que ya están desde el principio, no saben cómo hacer para salirse. Al igual que con la espectral Comunidad Sudamericana de Naciones, se trata de confundir a la gente con el número, haciéndole creer que amucharse es lo mismo que integrarse. Incluso mejor, fierita.
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