22 de agosto 2023 - 08:24

Un momento bisagra para la economía argentina: ¿hacia dónde vamos?

En las elecciones del 22 de octubre se decide, entre otras cosas, cómo resolver esta crisis.

La urgencia de la coyuntura no debe tapar las discusiones sobre qué modelo de país queremos tener en el mediano y largo plazo.

La urgencia de la coyuntura no debe tapar las discusiones sobre qué modelo de país queremos tener en el mediano y largo plazo.

New Economic Thinking

La Argentina atraviesa, una vez más, una crisis de sector externo. La primarización de su estructura productiva y el bimonetarismo explican la falta de dólares que cíclicamente condiciona el crecimiento y la estabilidad. Los problemas económicos que acarreaba el país en 2022 se profundizaron en el 2023 producto de la peor sequía de la historia y el accionar del FMI. La sequía generó una caída de las exportaciones cercana a los 20 mil millones de dólares y en lo que va del año los pagos netos al FMI superan los 10.000 millones de dólares. El atraso de los desembolsos que debían llegar en junio llevó al límite la situación de las reservas internacionales, exacerbando las expectativas de devaluación, ampliando la brecha cambiaria y acelerando la inflación. Independientemente de la aprobación de los desembolsos que deberían llegar hacia fines de agosto el daño ya está hecho.

En las elecciones del 22 de octubre se decide, entre otras cosas, cómo resolver esta crisis. Las propuestas más extremas que proponen una dolarización, o el levantamiento de los controles y la unificación cambiaria en el primer día de gobierno generarían una caída fenomenal de los ingresos, descargando los costos del ajuste sobre una clase trabajadora que ya se encuentra sumamente golpeada por la pérdida de poder adquisitivo del salario y la precarización. El recorte del gasto en áreas clave como salud, educación o prestaciones sociales profundizaría el malestar colectivo.

La dolarización, además, tendría un impacto estructural en la capacidad del Gobierno para llevar adelante una política económica autónoma, quedando totalmente vulnerable a cualquier shock y sin capacidad de influir sobre el ciclo económico. La experiencia más cercana a esta propuesta, la convertibilidad, culminó en la peor crisis económica y social de la historia argentina.

Ahora bien, la urgencia de la coyuntura no debe tapar las discusiones sobre qué modelo de país queremos tener en el mediano y largo plazo. En los próximos años el pago de deuda, tanto a acreedores privados como al FMI es relativamente baja. En estos años comienzan a madurar inversiones en el área energética y minera que, a través del incremento de las exportaciones y la sustitución de importaciones, fortalecerán la oferta de divisas.

La Argentina tiene una oportunidad histórica. La transición hacia energías limpias que lleva adelante el mundo representa un nuevo paradigma productivo, con profundos cambios tecnológicos. La Argentina cuenta con abundantes recursos naturales que cumplirán un rol clave en dicha transición: el litio para las baterías eléctricas, y el gas y las energías renovables (principalmente, energía eólica) para la producción de hidrógeno de bajas emisiones.

Pero la mera existencia de los recursos no garantiza el desarrollo económico. Para ello es necesario utilizar los recursos como plataforma para generar encadenamientos y aumentar el valor agregado. El Estado tiene un rol indelegable en este sentido, apuntalando al sistema científico y tecnológico y generando los incentivos para que ese conocimiento sea absorbido por el sector productivo. La política de fomento es indispensable para que la participación de la Argentina en este nuevo régimen tecno-productivo se extienda a todos los eslabones de las cadenas de valor, impulsando nuestras capacidades tecnológicas e industriales y la creación de empleos de calidad.

Estas son las políticas que adoptaron todos los países centrales en las etapas tempranas de su desarrollo, y que recobraron vigor en los últimos años con distintas formas de Estado emprendedor, gasto creciente en ciencia y tecnología y esquemas de protección y subsidios amplios a su industria. Las propuestas de desregulación absoluta del mercado con el fin de atraer inversiones extranjeras solo conducen a una mayor reprimarización de la economía, consolidando la extranjerización y la dependencia tecnológica.

Lo que se define en las próximas elecciones, entonces, no es solo cómo resolver la crisis económica y social en el corto plazo, sino en definitiva qué tipo de especialización productiva y perfil de inserción internacional queremos tener en el mediano y largo plazo y qué rol debe cumplir el Estado en ese proceso. Los desafíos en este sentido siguen siendo los mismos: transformar la estructura productiva, dotando a la producción de mayor valor agregado y contenido tecnológico para revertir la inserción subordinada y dependiente en la división internacional del trabajo. La propuesta neoliberal no solo profundizaría el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, sino que implicaría perder una oportunidad histórica para pegar el salto al desarrollo.

[1] Economista jefe FIDE.

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