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26 de junio 2020 - 09:38

El incalculable valor de descubrir una vacuna

Jonas Salk logró vencer a uno de los grandes flagelos de la humanidad: la parálisis infantil

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El 12 de marzo de 1953, Salk inyectó por primera vez y con éxito su vacuna antipoliomielítica.

“Muchos hombres dan. Pero algunos, viven para dar”.

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Quiero aludir a un gran hombre, a un científico, que después de profundas y largas investigaciones, logró, a los 40 años, encontrar una vacuna, que en forma de inyección, terminaría venciendo a uno de los grandes flagelos de la humanidad: la parálisis infantil. Se llamó: Jonas Salk.

Hace más de medio siglo, el 12 de marzo de 1953, inyectó por primera vez y con éxito su vacuna antipoliomielítica.

Era norteamericano, hijo de inmigrantes polacos de origen judío, que huyeron de su tierra europea, perseguidos por la incomprensible discriminación racial. Esa aberración que desprecia al hombre diferente, solamente por diferente.

En 1983, Salk estuvo en Buenos Aires.

Tuve ocasión de verlo y de escucharlo en una conferencia. ¡Y quedé deslumbrado! No solo por su versación científica –que no podría evaluar con equidad– pero sí por su modestia totalmente auténtica.

Terminada su conferencia a la que aludí, se acercó al investigador, un hombre modestamente vestido.

-Quiero que vea a mi hija doctor Salk. Se lo pido por favor.

Y este le replicó: -¿Vive Ud. cerca señor?

-En Avellaneda doctor, a unos 30 minutos en automóvil de aquí. ¡Cóbreme lo que desee...!

-Voy con usted señor, si me espera unos minutos. Y no me hable de cobrarle... Por favor.

Miré el rostro del hombre humilde. Una lágrima se deslizó por su curtida fisonomía. Es que la gratitud puede expresarse de mil maneras, hasta con los ojos.

Ignoro como terminó el episodio y si fue o no útil la visita del sabio. Pero de lo que estoy seguro es de su noble condición humana.

El método preventivo de Salk contra el virus de la polio fue posteriormente perfeccionado. La eficacia de la vacuna es total, cuando se la aplica a tiempo.

Con los beneficios obtenidos con su descubrimiento, hizo erigir -de su propio peculio- hospitales en los EE. UU., en la India, Colombia, Portugal y en varias naciones africanas, circunstancia que jamás mencionaba.

Porque más grande el hombre, menos se hace notar. Pocos hombres como él, han sentido como propio, todo el dolor de la humanidad.

Y este hombre, este pastor de almas, murió a los 80 años. Su sensibilidad y su noble condición humana, inspiraron en mi este aforismo:

“El médico que entiende almas, entenderá cuerpos".

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