La gran pregunta al futuro: seguir con la lógica liberal o pasar a un comunismo reformado

Opiniones

Cuando el fin de la pandemia llegue, ya no seremos los mismos. Tampoco las sociedades que debieron operar por fuera de la lógica de mercado para evitar la barbarie. Hechos y teorías que nos ayudan a reflexionar.

La imagen que acompaña esta nota es de un breve documental de cuarentena de Youtube, el cartel dice “Estamos Todos Unidos” y flamea en una calle desierta de Pekín. ¿Estamos todos unidos? ¿Estamos todos iguales? Estamos todos en la misma.

El coronavirus no distingue entre vulnerados y poderosos o entre naciones pobres y ricas, pero no estamos todos igual. Sin embargo, las diferencias que están fuertemente arraigadas en las estructuras de los países y en la mentalidad de las sociedades fueron sacudidas por la pandemia. Las sociedades practican: el uso colectivo, la solidaridad y colaboración, que eran totalmente disfuncionales en nuestras vidas pre-cuarentena. Platos de comida compartidos entre vecinos, compras comunitarias, llamadas telefónicas a amigos o familiares que ya no interrumpen nuestro escaso y acelerado tiempo.

Las experiencias dejan huellas y en ese sentido este tratarnos como iguales subyacente a nuestras nuevas prácticas puede ser un punto de partida para el tiempo que vendrá. Así lo piensa y escribe el filósofo italiano Franco Berardi “Bifo” en un bello texto que circuló por varios de nuestros canales de comunicación: “el virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir”. Queremos verlo.

También Zizek apunta en esa dirección, un virus que da lugar a otro virus: ideológico, que ayude a pensar prácticas más humanitarias que nos preparen mejor como sociedad para enfrentar futuras catástrofes del sistema.

Zizek cuenta que el Reino Unido e Italia informan que si la pandemia adquiere dimensiones aún mayores, habrá pacientes a los que se podrá negar la atención. El viernes Techint anunció que despedirá 1.450 trabajadores porque sus obras se encuentran paralizadas. El martes Bolsonaro firmó un decreto que autorizaba a recortar a la mitad los salarios y a los pocos minutos debió revocarlo por la resistencia política y social. El vicegobernador de Texas dijo que los abuelos de los Estados Unidos están dispuestos a morir por coronavirus para salvar la economía. La barbarie.

Como estrategia sanitaria, Suecia, el Reino Unido (inicialmente), Estados Unidos y Brasil no ordenaron el distanciamiento social. Apelan a construir una inmunidad amplia entre grupos de bajo riesgo, en una lógica brutal de supervivencia del más apto.

Por otro lado, aparece Europa con magras medidas sanitarias pero contundencia en la protección económico-social. Argentina figura en un ranking junto con Alemania, Francia y Noruega bien catalogados respecto de la cobertura social (si bien todo lo que brilla no es oro y más opaca resulta la puesta en práctica). Destacamos, además, los anuncios proto-socialistas del presidente de El Salvador con amplia aceptación en las redes.

En la atención sanitaria se encuentran a la vanguardia: el estricto régimen de distanciamiento social chino, la identificación temprana de los portadores del virus en Corea del Sur y Alemania, una combinación de ambos y análisis de big data en base a información compartida por la población en Taiwán.

En Instagram encuentro un gracioso meme: “Gente, vamos a organizarnos. Los de izquierda recibimos atención de Cuba, Rusia y China. Los de derecha de EEUU, España e Italia.”

En Twitter un compañero releva los abusos de poder de algunas empresas que operan en Argentina. Farmacity que acopió el alcohol en gel en un depósito para venderlo a precios abusivos (y fue detectado por Afip), Cablevisión, DirecTv y Telecentro que aún cobran el pack de futbol. Osde que no cubre consultas online. Cinemark Hoyts que despidió a 60 trabajadores y los instó a mandar el CV al supermercado DIA.

Bueno, la gran pregunta será qué pasa después de la crisis. Y a la larga vamos a discutir si volvemos a una lógica liberal de mercado basada en la displicencia para con los trabajadores y personas sin poder de consumo, o nos acercamos a un comunismo reformado con burocracias democráticas y no autoritarias. No puedo dimensionar los argumentos que sopesarán de un lado y del otro.

Esta semana, la titular del FMI dijo que la recesión global será igual o peor que la de 2009, pero en una entrevista del diario Perfil, la ex canciller Susana Malcorra comparó la crisis actual con la situación de la segunda posguerra. Alerta de cifras que mostraban una caída del PIB mundial de -10% anual en el primer y segundo trimestre de este año, contra una contracción de -1,7% en la crisis de 2008.

En la primera posguerra el papel de Estados Unidos fue criticado por no asumir el liderazgo cuando Inglaterra empezaba a quedar atrás. Presionó por el pago de las reparaciones de Alemania, a quien no perdonaron un centavo de marco. En la segunda posguerra, Norteamérica logró proyectar un marco institucional internacional y consolidar su hegemonía detrás. Con el Plan Marshall, dos grandes ideas entraron en juego: la emisión monetaria y el combate contra el comunismo como colateral de los préstamos recibidos. Se abren nuevas discusiones.

(*) Economista del Depto. de Economía política del CCC

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