15 de agosto 2003 - 00:00

45 días que pueden clarificar o tal vez convulsionar al país

Si al desmentir el aumento tarifario que había anunciado el vicepresidente Daniel Scioli, el gobierno anunció que la audiencia pública sobre tarifas de gas se hará en 90 días (noviembre), se acentúa la impresión de que no habrá acuerdo con el Fondo Monetario el 20 de agosto para que el organismo internacional lo apruebe en su reunión de directorio del 2 de setiembre. Noventa días significa que el gobierno busca un acuerdo ahora sin mencionar tarifas. No se ve -en realidad nunca se vio claro- que ese acuerdo llegue rápido, aun cuando venzan 2.900 millones de dólares con el Fondo el 9 de setiembre próximo. ¿Lo pagará el gobierno con reservas para seguir discutiendo sin urgencias o se jugará al default total?

En realidad, la discusión del acuerdo y ese vencimiento son sumamente inoportunos para el gobierno de Kirchner, porque llegan cuando el poder real de gobernar en la Argentina sólo se ha disputado en un primer tiempo en los controvertidos comicios del 27 de abril y la frustrada segunda vuelta del 18 de mayo.

• Definición

Hay quienes proyectan este escenario de país. El rumbo se definiría entre el 24 de agosto y el 28 de setiembre, período de desarrollo de las principales elecciones -24 de agosto en Capital Federal, 7 de setiembre en Santa Fe, 14 de setiembre en la provincia de Buenos Aires y mismo día también segunda vuelta de los comicios capitalinos, 28 de setiembre elección de gobernador en Misiones-.

Las variantes que se observan son:

Si gana Aníbal Ibarra en la Capital sobre Mauricio Macri, Carlos Rovira sobre Ramón Puerta en Misiones y Hermes Binner (socialista) la gobernación de Santa Fe sobre el candidato de Carlos Reutemann, Alberto Hammerly, y sobre el opositor a Reutemann -pero no principal preferido del presidente de la Nación-, que es Jorge Obeid; el proyecto ideológico del actual gobierno habrá logrado un fuerte impulso. En ese caso, el freno a un vuelco a la izquierda quedaría circunscripto a algunos gobernadores (José de la Sota en Córdoba, el posible triunfador Felipe Solá en la poderosa provincia de Buenos Aires, o los también nada ideologizados Aldo Rico o Luis Patti, Carlos Verna en La Pampa, que tampoco es pro Kirchner, como otros). Es indudable que esos triunfos constituyen la ambición presidencial, aunque algunos candidatos, como Rovira, no sean hombres precisamente de izquierda.

La provincia de Buenos Aires representa ella sola 37% del país, y allí no parece tener chance ninguna línea pro gobierno. La Capital Federal representa 10%. Juntos, ambos estados son medio país, que podrían quedar con la conducción de Felipe Solá y Mauricio Macri, en la alternativa de enfrente. Si agregamos Santa Fe (9% del país en población) y con menor escala poblacional Misiones, si se dieran resultados adversos en esos distritos, influirán mucho en el poder en la Argentina. Eso sobrevendrá desde el 1 de octubre.

Por eso hay quienes acotan dos detalles. El vicepresidente Daniel Scioli sigue modelándose como alternativa, totalmente opuesto a las ideas y formas que desarrolla Néstor Kirchner. La otra observación es la creciente importancia que en el gobierno les están dando a los piqueteros. No sólo por la asiduidad con que visitan la Casa Rosada, sino también por la distribución de planes sociales con fines de captación que lleva adelante Alicia Kirchner, hermana del primer magistrado. A eso se agregan los planes de dar entre 500 y 2.000 pesos para miniemprendimientos que ya están disponibles.

• Sostén peligroso

Este acercamiento a piqueteros, sobre todo del sector de D'Elía, es observado como una jugada de sostén del gobierno si le resulta adversa la mayoría de las elecciones que se avecinan. Es un sostén peligroso porque constituye una fuerza de choque que podría ser usada para desestabilizar a Mauricio Macri, por ejemplo, si el actual presidente de Boca se impone en la Capital Federal. Felizmente para la democracia en la República, el mismo D'Elía -que recibe todo lo que le ofrezcan en planes y dinero público para repartir, sobre todo porque es también candidato a gobernador bonaerense y tiene aspiraciones políticas- en el famoso reportaje en la revista «Noticias» dijo que no apoyará «intentos mesiánicos» ni «aventuras socialistas». El piquetero es de clase baja y sabe que la izquierda se nutre en clases medias intelectualizadas y altas a nivel de hijos que lo utilizarían, pero una vez consolidado su proyecto, lo desplazarían.

Desde el 24 de agosto, elección en Capital, entraremos en días decisivos para el país. Una encuesta por ahora parcial (400 casos sobre 800) que inició este diario da primero a Mauricio Macri con 37% sobre Aníbal Ibarra con 27%. Pero dista de ser decisivo para una segunda vuelta porque en tercer lugar aparece Luis Zamora con 11% y, muy poco, 3%, Patricia Bullrich. Aunque falta encuestar lugares clave, hasta totalizar 800 o 1.000 casos, se avizora una reñida elección casi seguramente en dos tiempos.

Pero el peligro está en lo otro: que se piense en un accionar piquetero de apoyo si en el gobierno no se logra consenso de las urnas para sus preferidos.

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