Tras varias semanas de vacilaciones, el gobierno terminó designando ayer al actor Rubén Stella como secretario de Cultura de la Nación. El candidato anterior, Luis Verdi (que hasta ayer operaba en las sombras en esa función y además oficia de vocero en el área cultural) rechazó el cargo. Y tal como informó ayer este diario, la Secretaría de Cultura seguirá dependiendo de Presidencia en lugar de subordinarse, como se había sugerido, al área del Ministerio de Educación. Stella es un peronista ortodoxo de larga actuación gremial. Antes de convertirse en actor manejó un taxi. Hasta hace un año fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores, donde también cumplió las funciones de secretario de Prensa. Durante su gestión se puso a la cabeza de los paros que hicieron los actores bajo el lema «Somos actores, queremos actuar», cuando se reclamaba «más ficción» en los canales.
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A Eduardo Duhalde lo une una larga amistad, materializada en varios trabajos conjuntos. Como se sabe, Duhalde nunca ocultó su debilidad por el arte de Tespis y contó entre sus profesores de drama, además de con Alberto Ure, con su flamante secretario de Cultura. Stella, partidario de la escuela naturalista ( Duhalde, como se sabe, rechaza el método Stanislavsky), lo volvió ducho en el arte del «catwalking», un estilo de desfilar y pararse sumamente útil para cualquier candidato político.
Actualmente es su coequiper (es el preguntador) en el programa que por «Radio Nacional» tiene el Presidente. «Este nombramiento me cayó de sorpresa esta mañana cuando fui al programa de radio», dijo Stella a este diario. «No estaba en mis expectativas, porque además no fui un autopostulado. Sé que lo que hay que hacer no es sencillo en este momento, y tengo conciencia de que éste es un gobierno de transición. Me alegra haber encontrado una buena disposición en los sectores de la cultura», agregó.
La buena llegada de Stella al gremio de actores deja presumir que su designación contribuirá a revertir la crítica relación con ellos que se había creado durante los últimos meses de Darío Lopérfido, cuando el Teatro Cervantes fue objeto de varios «abrazos simbólicos». En esos días, justamente, Stella estaba interpretando en el Cervantes la obra «Israfel», de Abelardo Castillo.
Entre las mejores interpretaciones del nuevo secretario de Cultura se recuerda su Enrique Santos Discépolo en la obra «Discepolín», que representó en el teatro Lola Membrives durante la temporada 1988, junto a otra peronista histórica, Marta González. Recientemente también interpretó «La caída de la Casa Usher» en el Actors Studio.
Su trabajo en televisión es extenso: participó en muchas telenovelas, como «Viva Amé-rica» y ciclos como «Hombres de ley» en el ex «ATC». En cine, el papel que más se le recuerda es el del general San Martín en el film «El general y la fiebre», de Jorge Coscia. Otras películas en las que actuó fueron la reciente «Buenos Aires plateada», de Luis Barone;«La furia», de Juan Bautista Stagnaro; «Las boludas», de Víctor Dinenzon, sobre la obra de Dalmiro Sáenz; «Siempre es difícil volver a casa», de Jorge Polaco, y «Correccional de mujeres», de Emilio Vieyra.
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