29 de julio 2005 - 00:00

A la corrupción la vence la libertad

Un lector de Ambito Financiero desde Asunción, Guillermo Kelsey con oficinas en Shopping del Sol al 1700 de Asunción, nos envió un recorte del tradicional diario "ABC Color". Se sorprendió de la claridad de la nota del periodista y analista Porfirio Cristaldo Ayala y agrega el lector que "si bien está destinado a Paraguay se aplica como anillo al dedo a la Argentina". En realidad no sólo a la Argentina como se ve en los párrafos de lo escrito por Ayala. Veamos el artículo:

Durante décadas, la izquierda fomentó mentiras absurdas que todavía persisten, como el que los socialistas son más sensibles al sufrimiento de los pobres, que los gobernantes de izquierda son más honestos y dedicados al bien común y que la corrupción es un mal del capitalismo. Por eso los puebles se asombran cuando ven a los gobernantes socialistas robar a manos llenas los fondos públicos que debieran servir para darles mejor salud y educación a los más pobres, como se ha visto en la enorme corrupción develada en el gobierno de Lula en Brasil. Lo peor son las falsas generalizaciones que origina. Así se piensa que todos los gobiernos siempre caen en la corrupción, o que la corrupción es un mal de las democracias y que para eliminarla es preciso restringir la libertad. ¡Absurdo! ¿Acaso las dictaduras no han sido más corruptas?

• Afectados

La corrupción es un fenómeno que afecta con fuerza únicamente a los gobiernos estatistas, de izquierda o derecha, en los que prevalecen la compra y venta de favores y el tráfico de influencias. Las economías más libres, en cambio, se ven muy poco afectadas por la corrupción.

Los países capitalistas no sufren la corrupción característica de los gobiernos estatistas gracias a la libertad económica. Esta frena la corrupción porque limita la injerencia del poder en la economía. El poder corrompe, por eso el liberalismo siempre desconfió del poder. En los mercados libres no hay lugar para la corrupción. Los estudios del Heritage, Fraser, Cato, Freedom House y Transparencia Internacional muestran que los países más corruptos son los más estatistas. A mayor libertad económica, menor es la corrupción, y a menor libertad económica o más estatismo, mayor es la corrupción. A su vez, a mayor libertad económica, mayor es la prosperidad.

La libertad económica es la libertad de trabajar, producir, comprar, vender, importar, exportar sin restricciones ni coerción del gobierno. Los 10 países de economías más libres: Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Irlanda, Estonia, Inglaterra, Dinamarca, Suiza y Estados Unidos están entre los menos afectados por la corrupción. Por otro lado, los países más estatistas como Brasil, Rusia, Zambia, Argentina, Paraguay, Venezuela, Laos, Zimbabwe, Cuba, Corea del Norte están entre los países más corruptos del mundo, en los que es común la captura del Estado por las elites y el abuso del poder público para beneficio privado.

• Caldo de cultivo

Las excesivas regulaciones, controles e intromisiones en la economía que imponen los estatistas, así como las violaciones a los derechos de propiedad, crean el caldo de cultivo ideal para el soborno. Nadie respeta las leyes, y los funcionarios pueden exigir a los productores coimas y enriquecerse a costa del pueblo. La corrupción es inevitable cuando las decisiones económicas quedan en manos de los funcionarios. La vieja «cultura del trámite y la coima», producto del estatismo, no sólo es la causa de la corrupción, sino también de la pobreza y el atraso.

Las excesivas restricciones a la libertad económica que soportan los países estatistas, en detrimento de su desarrollo, no existen en las economías libres. En Paraguay registrar una compañía toma más de 100 días, mientras que en Australia y Hong Kong toma 2 días. El costo de legalización es superior al ingreso anual, mientras que en países desarrollados los trámites son baratos o gratuitos. Lo mismo se observa en todas las gestiones en el sector público, desde los interminables trámites y aprobaciones necesarias para una exportación o importación, hasta el pago de impuestos. El resultado es que 70% de la economía es clandestino y en lugar de tributos se pagan coimas.

La realidad de la corrupción es que la naturaleza humana es proclive a ella. La diferencia entre un país con baja corrupción y otro con alta corrupción está esencialmente en el sistema económico, no en la educación, cultura, raza o religión. Los países muy poco afectados por la corrupción tienen economías bastante libres; en cambio, los más corruptos son todos estatistas. El único remedio eficaz contra la corrupción consiste en ampliar las libertades económicas, reducir las regulaciones y privatizar los monopolios estatales.

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