A pesar de las protestas, el modelo no cambiará
-
Schiaretti adelantó que no acompañará la reforma de la Ley de Glaciares: "Cuidar el agua es cuidar la vida"
-
La Justicia citó a cuatro mujeres que le prestaron dólares a Adorni para comprar departamentos
La Plaza de Mayo fue otro de los epicentros de la protesta.
En tanto, la presidente en Olivos mantuvo una reunión con el Canciller Héctor Timerman y luego recibió al Secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini con quién se supone fueron analizando la marcha, entre otros temas de la gestión.
Este viernes la jefa de Estado recibe a numerosos intendentes de 4 secciones electorales bonaerenses y no se descarta que pueda hacer algún comentario sobre el 8N.
Cerca de las 20 horas la actividad en la sede presidencial era normal salvo por la presencia de numerosos jóvenes que se concentraron en las oficinas de La Campora, varios de ellos se quedaron con sus computadoras y otros en cambio partieron para mezclarse entre los manifestantes que al principio marchaban rumbo al Obelisco. A medida que salía la gente de las oficinas varias se sumaban a la marcha, otros en cambio miraban con curiosidad.
La Plaza de Mayo dividida en dos aislaba completamente a la Casa Rosada, no era posible acceder a la zona del Banco Nación, la Side, la Afip y el Ministerio de Economía. Más allá del vallado hubo un refuerzo de personal de seguridad la sede presidencial.
"Los argentinos somos quejosos", argumentaban. "Mira las consignas, hay de todo tipo". Asimismo, a juicio de los kirchneristas los manifestantes son, en su mayoría, de la clase media, un sector social que puede sentirse "más representado por el PRO", comentaban. "Jamás podremos representarlos", aseveran.
Lo curioso es que estos argumentos son esgrimidos por kirchneristas que socialmente pertenecen a la clase media. Marcada esta contradicción, con ironía dicen: "Nosotros somos un gobierno progresista".
Pero como siempre ocurre, dentro del Gobierno existen algunas opiniones que difieren y, en este caso, sostienen que "hay que decodificar los mensajes y los mensajeros". Esta frase apunta a que el Gobierno debería tomar en cuenta ciertos reclamos de la gente, vinculados al estilo. "Quizás deberíamos explicar más las medidas que tomamos, son cambios trascendentes y todo cambio al principio genera resistencias", aseguran.
Ambas posiciones conviven en el Gobierno sin mayores problemas porque donde en lo central no existe división alguna: el modelo de crecimiento e inclusión social no es negociable. Esto implica la toma de medidas que no siempre fácilmente digeribles por distintos sectores de la sociedad.
En el Gobierno están convencidos que deberán enfrentar momentos críticos "Es que estamos afectando intereses muy poderosos" replican. Si bien no creen que la mayoría estén vinculados a estos sectores si piensan que, por ejemplo, que en vísperas a esta marcha hubo una serie de episodios que "no resultan casuales".
Explican que la semana comenzó con una huelga intempestiva y sin una causa concreta del Ferrocarril Sarmiento provocando el lógico malestar a un vasto sector de la sociedad. A esta situación se sumo que la Capital y numerosos barrios del conurbano amanecieron con la basura en las calles por un conflicto suscitado por el CEAMSE.
Para concluir, el día anterior a la manifestación, cerca de las 18 horas cuando la mayoría de la gente vuelve a su casa se produjo un gigantesco apagón. Por la mañana, el ministro de Planificación, Julio de Vido, en conferencia de prensa explicó que no hubo "una razón técnica que explique porqué dos líneas de alta tensión salieron de servicio cuando "operaban a la mitad de su capacidad" en el momento del apagón.
"No podemos echarle la culpa a la ola de calor, ni a la falta de mantenimiento", aseveró el funcionario. Lo cierto es que la sospecha de que el apagón no fue casual llevó al gobierno a presentar una denuncia penal contra Edesur que recayó en el Juez Oyarbide. La consecuencia provoco inconvenientes a más de 850.000 usuarios en una de las semanas más calurosas del año.
Por más que De Vido garantizó que "se aplicarán las sanciones y los resarcimientos correspondientes", en el gobierno saben que estos inconvenientes tiene un costo político.
A pesar de la marcha, de los críticas de ciertos sectores de la sociedad, la jefa de Estado está convencida del "programa político" que se esta llevando a cabo. Modelo que puede resumirse en lo dicho por Cristina en Ezeiza. "Yo no me voy a poner a sumar en pesos, ni me voy a poner a sumar en obras, yo quiero reflejar todo eso en los sueños y las esperanzas de los miles y miles de argentinos que hemos cumplido a partir del año 2003".




Dejá tu comentario