24 de enero 2001 - 00:00

Activan esta semana comisión para resucitar la Alianza

Fernando de la Rúa presidirá durante esta semana la primera reunión de la comisión de dirigentes de la Alianza que viene reclamando Carlos Chacho Alvarez. El jefe del Frepaso y Raúl Alfonsín se atribuyeron, después de la entrevista que mantuvieron el lunes por la tarde, la creación de ese comité político. En rigor, el Presidente analiza desde comienzos de enero la conveniencia de formar ese equipo y puso en manos de Chrystian Colombo la tarea de negociar la cuestión con Alvarez.

En principio, De la Rúa integraría el grupo. Es relevante consignarlo porque esa decisión contraría la postura que Alfonsín desarrolló delante de Chacho: «Mejor no metamos al Presidente, hagamos algo partidario». Claro, el jefe radical ha sacado buen partido durante el último año actuando como mediador entre De la Rúa y quien fuera su vicepresidente. Además, ahora está envuelto en su rol de candidato a senador y sueña con que el equipo a crearse sirva para hablar de listas, estrategias, acuerdos y campañas.

Impulso

Alvarez, sin embargo, parece estar más cerca del Presidente en este punto. Para De la Rúa y Colombo, y también para Chacho, la integración de un grupo de funcionarios y legisladores de la Alianza tiene por misión inicial la coordinación de cuestiones de gobierno. El impulso a partir del cual decidió armarse esta entidad fue, precisamente, un conflicto en ese nivel, la disidencia por la reforma previsional. Como De la Rúa, también el jefe del Frepaso cree que no es momento de exponer en público la campaña legislativa de este año o que, en todo caso, la mejor manera de llevarla adelante es sobreactuando la gestión administrativa. Sobre todo si las maquinaciones a las que se convocan excluyen al Frepaso, como sucedió en varias reuniones programadas por radicales.

El Presidente expresó lo mismo que Alvarez abiertamente, cuando prohibió hablar de candidaturas. (Es cierto, su propia esposa transgredió la norma y lo postuló a él para 2003; sucedió lo mismo que cuando los hijos de De la Rúa abandonaban el país en medio de una campaña tendiente a mantener al resto de los argentinos dentro de las fronteras. El liderazgo debería también empezar por casa.) Sin embargo todavía no decidió a quiénes invitará para integrar la mesa desde el sector del Gabinete. Hasta ahora sólo Colombo y, tal vez, Federico Storani, tienen un lugar asegurado.

Alvarez es más expeditivo en ese punto. Otra vez resolvió multiplicar su voz por cuatro: sus acompañantes serán Darío Alessandro, José Vitar y Rodolfo Rodil. A ninguno se le conoce una sola disidencia pública respecto del jefe. Ninguno es, tampoco, funcionario del gobierno de De la Rúa. La intención última que se propusieron De la Rúa y Alvarez cuando coincidieron (a través de terceros) en la conveniencia de crear un equipo bipartidario es sencilla: tratar, en lo posible, de recrear una marca (Alianza) con la que obtuvieron dos éxitos electorales formidables.

Es una operación política ambiciosa, sobre todo después de la renuncia de Alvarez a la vice-presidencia y sus denuncias sobre actos de corrupción que, según sus sospechas, se generaron en el gobierno. A la vez, la cercanía permitiría que antes de que se tomen medidas con impacto electoral exista alguna forma de consulta que evite disidencias públicas. Una necesidad evidente sobre todo para el temperamento de Alvarez, quien ya insinúa desde hace tiempo que no está dispuesto a pagar costo alguno por el gobierno actual. Finalmente, aunque no se hable de candidaturas, el tema estará presente de manera inevitable. Sobre todo si De la Rúa comienza a convencerse, como sucedió en estos días, que a su alrededor se tejen acuerdos con Chacho que él no autorizó y de los que ni siquiera que informado.

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