Agenda secreta Kirchner-Lula en Iguazú
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El "triángulo de hierro" sostiene a Adorni
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El PRO entre conquistas y outsiders, Adorni en el pozo, Kicillof con Serrat y el riesgo de otro Botnia
Luiz Inácio Lula da Silva
Un diplomático de los más comprometidos con la realización de esta cumbreaniversario consignó ayer ante este diario: «Todas las que antes eran prevenciones ahora son proyectos». Se refería, por ejemplo, a la pretensión de Itamaraty de reclamar un liderazgo sudamericano para sustentar, desde esa condición, el acceso a una futura banca permanente en el Consejo de Seguridad.
Identificado este contexto político de la cumbre, que contribuye mucho con su éxito, conviene precisar algunas de las tratativas que se llevarán adelante en ella:
• Continúan las consultas y tratativas por la fijación de una Cláusula de Adaptación Competitiva a través de la cual, una vez que se identifique un daño en el comercio entre los países del bloque, se podría suspender por un plazo determinado el «arancel cero» para uno o varios productos, y reponer la protección establecida frente a terceros países en la tarifa externa común. Se trata de una negociación lenta, pero con posibilidades de éxito para mérito de la Cancillería argentina. Aunque es cierto que todavía quedan por despejarse algunas cuestiones particulares: pulir la definición de «daño» que se adoptará para activar este procedimiento; adecuar sus mecanismos de apelación, etcétera.
• El segundo tema que ha comenzado a negociarse informalmente es el de la designación de un nuevo secretario general del Mercosur que reemplace a Eduardo Duhalde. Kirchner podrá también volver con una conquista en este plano. Todavía de manera muy preliminar, los diplomáticos brasileños le hicieron saber a sus colegas del Palacio San Martín que «si la Argentina cuenta con un ex presidente o un ex vicepresidente para ocupar el cargo de Duhalde, Brasil no tiene inconveniente en que esa posición siga en manos del mismo país por un año más, hasta que se produzca la rotación prevista en la reglamentación». Es un mensaje a medida para Carlos Chacho Alvarez, a quien Kirchner ha propuesto para distintos cargos internacionales desde que llegó al poder: comenzó por la presidencia de la CEPAL (que quedó en manos de un amigo de Alvarez, José Luis Machinea), siguió con la delegación especial ante Bolivia durante la crisis que sacó del poder a Carlos Mesa y desembocó ahora en esta función dentro del Mercosur. El ex vicepresidente de Fernando de la Rúa colaboró con este afán de Kirchner y, sobre todo, de su esposa Cristina. Desde hace meses activa en la escena latinoamericana y llegó a tejer una relación amistosa con Marco Aurelio García, el asesor de la presidencia de Brasil en política exterior. Fue por eso que García se inquietó tanto ante la versión de que su gobierno podría cortarle el camino a Chacho en homenaje a una fantasiosa alianza con Duhalde. El profesor García -que visita Buenos Aires habitualmente, a pesar de las intermitencias del Colón- tiene previsto, junto con su socio Alvarez, lanzar una especie de «tercera vía» latinoamericana, en México, en medio de un proceso electoral en el que ellos apoyan abiertamente al opositor Manuel López Obrador (un motivo adicional, aunque subterráneo, para seguir mortificando a Vicente Fox). De estas iniciativas, propias de gente más bien ociosa, debe también encargarse el desbordado Alberto Fernández. Más allá de estas curiosidades, es posible que Kirchner pueda volver a Buenos Aires con la corona de laureles para Chacho, otro que, como Duhalde, había dejado la política.
• Menos exitosa promete ser, para el santacruceño, la conversación sobre el megagasoducto que se lanzó a la escena mediática desde Caracas. Las autoridades de Brasil pidieron un informe preliminar, «in voce», apenas una opinión, a los técnicos de Petrobras. En principio, la obra fue contraindicada. Se adujeron razones ya conocidas, las mismas que llevaron a Julio De Vido a hablar de que «todavía debe determinarse la factibilidad». Es decir: inmadurez-actual de la cuenca gasífera venezolana como para abastecer al Cono Sur; improbabilidad de que la obra consiga un financiamiento razonable para ofrecer el producto a bajo costo; limitaciones ambientales, sobre todo en la Amazonia, donde la obra debería sortear una dificultad impresionante: atravesar el Amazonas; finalmente, la consulta terminó por recomendar, en caso de que se quiera comprar gas venezolano, la instalación de una planta de « licuidificación» de tal manera que el fluido sea transportado en barcos, a menor costo.
• El último punto importante que se discutirá en la cumbre y que se negocia en estas horas es el alcance de la incorporación de Venezuela al Mercosur. No se trata de una discusión técnica, referida a los cambios que unos y otros deberían hacer en sus diseños arancelarios, un problema que llevaría 10 años discutir. El problema es político. El Mercosur es una entidad que negocia en bloque con otros actores del mercado internacional. Así sucede con el alicaído ALCA, también con los Estados Unidos (el ya antiguo formato «4+1» que se fijó en la cumbre de Québec de 2001) y con la Unión Europea. ¿Qué futuro tendrían estas negociaciones si se agrega como socia la República Bolivariana? Dicho de otro modo: están dispuestos los gobiernos del Mercosur a incorporar, con Chávez, una especie de seguro de aislamiento de largo plazo.
Visto desde la perspectiva de Caracas, la pregunta es igual de pertinente: ¿realmente quiere Chávez, poseedor de inestimables yacimientos de petróleo, limitar su poder de negociación comercial con terceros países sometiendo sus acuerdos al monitoreo sudamericano? Hasta que no se despejen seriamente estas dudas, es posible que la incorporación de Venezuela al bloque sea sólo fotográfica. Es el criterio que, por lo menos hasta anoche, prevalecía en los contactos entre Brasilia y Buenos Aires. Kirchner, ante este enfriamiento de su propuesta, tampoco deberá lamentar demasiado. Un objetivo inconfesable de la cumbre de Foz de Iguazú será darle a su juego sudamericano una dimensión más trascendente que la del parloteo caribeño con el bolivariano. Es decir: si busca en el acercamiento a Lula reforzar el vínculo regional es porque pretende que ese vínculo no lo encierre en una relación asfixiante con Chávez.




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