4 de enero 2002 - 00:00

Al cabo de una década, los bonaerenses toman revancha

Al cabo de una década, los bonaerenses toman revancha
El poder político en la Argentina cambió de manos y esa mutación se expresó ayer, de la manera más elocuente, en el diseño que Eduardo Duhalde le imprimió a su gabinete. Es lógico que no haya sido por la vía de las urnas: una constante histórica indica que el electorado es reacio a darle imperio a la provincia de Buenos Aires. Sin embargo desde la salida de Raúl Alfonsín del poder el sistema bonaerense no se hacía cargo del mando en el país. Sobre 14 ministros, 11 pertenecen a ese distrito, que es además el del presidente designado. Conviven en la nueva élite peronistas y radicales de ese feudo, que ya desde ayer trasladaban algunas de sus costumbres provinciales al nuevo campo: concretamente, comenzaron a cogobernar recolonizando la ANSeS, el Registro de las Personas y el PAMI, que los radicales dominaron durante la fallida gestión de Fernando de la Rúa.

Las razones por las cuales Duhalde se rodeó principalmente de hombres de su provincia son diversas. La más evidente es que le agrada la subordinación de su entorno y ese requisito sólo lo cumple gente probada, que está desde hace tiempo a su lado. Es el caso de Graciela Giannettasio, de Aníbal Fernández, de Alfredo Atanasof y de Juan José Alvarez. Lo mismo cabe para el nuevo titular de la SIDE, Carlos Soria, aunque en su caso domine la ambigüedad: la dependencia duhaldista está matizada por su tributo a José Luis Manzano, que fue quien le consiguió el nuevo cargo el miércoles por la noche, comiendo en La Raya con José Pampuro, como informó este diario. Además simula ser bonaerense pero, en rigor, llegó a la provincia porque ya no encontraba lugar político en la suya, Río Negro.

Salvo el ministro de Trabajo, Atanasof, los demás de este subloque ya participaron de la gestión de Duhalde en la provincia. Lo mismo puede decirse de Jorge Remes, aunque en su caso no está garantizado que incline tan fácilmente la cabeza, como se demostró cuando dejó el Ministerio de Economía en La Plata en protesta por el alza de gasto público que acompañó el lanzamiento presidencial de Duhalde.

• Dificultades

El segundo motivo por el cual el staff que asumió ayer -con una algarabía para la que había pocas explicaciones- está tan concentrado geográficamente es más relevante: el Presidente no consiguió que los gobernadores del PJ lo apoyaran acercándole algunos de sus hombres. A tal punto esto es así que los dos «extrabonaerenses» del peronismo que integran el gabinete (Jorge Capitanich y Rodolfo Gabrielli) provienen de provincias gobernadas por el radicalismo, Chaco y Mendoza, respectivamente. Las dificultades que encontró Duhalde para constituir un equipo más variado vuelven a poner en evidencia la razón profunda por la cual no pudo alcanzar el poder en el '99 (similar a la que le impidió también a Cafiero, en el '88) vencer a Menem: el interior del país lo ve como alguien ajeno y se convierte en un paisaje impenetrable. No se trata nada más que de una constatación neutra sino que detrás de ella hay un conflicto político que Duhalde debió soportar en los últimos días. Sin ir más lejos, el ex gobernador de Mendoza Arturo Lafalla lo castigó duramente en la reunión que se realizó en el bloque peronista el día en que se designó al nuevo mandatario. «Vos perdiste la elección para el cargo que querés ocupar, tenés peor imagen que los demás candidatos y sos uno más de la clase política desprestigiada porque, como yo, pertenecés al pasado», se desahogó Lafalla, quien se animó a expresar en voz alta lo que la mayor parte de los gobernadores del PJ sólo plantean «off the record».

Esta imposibilidad de saltar la valla de las provincias lo obligó a Duhalde a ejercer una presión no del todo prolija sobre su partido para acceder a la primera magistratura: compuso una mayoría con la UCR bonaerense y sólo después se postuló ante el resto del peronismo. Si el procedimiento no fue el más ortodoxo, la complicidad de Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani fue aun más llamativa: prestaron los votos de su propio partido para desempatar la interna ajena.

• Clientela

Ayer esos radicales comenzaron a cobrar ese servicio. No porque Jorge Vanossi sea ministro de Justicia (no bonaerense, aunque pase los mejores días del año en Pinamar). Tampoco porque Horacio Jaunarena, que pertenece al círculo de Moreau y Storani, haya vuelto a Defensa. La cosecha del aparato radical bonaerense se comenzó a realizar en el reino invisible de las contrataciones de la ANSeS y del Registro de las Personas, donde esos socios de Duhalde asentaron su clientela durante la gestión de De la Rúa (que por supuesto repudian).

Para que la cooperativa que reinó por años en La Plata no quede incompleta ayer se incorporó también a Juan Pablo Cafiero, quien se aproximó al duhaldismo a pesar de que su jefe Chacho Alvarez haya ordenado la abstención en la votación del nuevo Presidente. Importa poco en el caso de «Juampi»: él llegó de la mano de Chiche de Duhalde, quien lo adoptó por recomendación de monseñor Cassaretto, patrono de todos los Cafiero por su condición de obispo de San Isidro.

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