Alerta en el Congreso para la intervención que no fue
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Angel Maza
Para ese momento, el gobierno tenía algunas certezas. La primera se la había dado el propio Luis Beder Herrera al convocar elecciones en 120 días ni bien se hizo cargo de la gobernación. Pero, faltaban otras para cerrar un acuerdo, como el tratamiento que se daría en el juicio político a su aliado Maza. Una cosa es ser juzgado y otra muy distinta, ser condenado al ostracismo político para siempre. Y sobre ese punto existían aún dudas.
Cuando el sondeo bloque por bloque había terminado en el Senado, llegó la contraorden. El ex gobernador ya le había anunciado al gobierno que saldría de su despacho y entregaría la sede del poder riojano, presionado por la Justicia y la Policía y con la promesa de ciertas garantías personales.
Zafaba así Kirchner de tener que pagar el costo políticode firmar una intervención, algo que se le hubiera hecho inevitable si continuaba la película riojana de los dos gobernadores.
A las 12.25, casi en simultáneo con los pasos de Maza saliendo de la Casa de Gobierno, Estrada volvió a llamar a todos los jefes de bloque. La reunión de Labor Parlamentaria se suspendía por orden de la Casa Rosada que daba marcha atrás con su decreto interventor.
Esas idas y vueltas fueron aprovechadas por algunos ajenos al conflicto, como Roberto Lavagna, que tenía prevista una visita al bloque de senadores de la UCR con la intención de fotografiarse junto a quien sería su vice, Ernesto Sanz. También el ex ministro debía felicitar a los senadores radicales por su accionar en la investigación del caso Greco y la marcha de la oposición en esa Cámara. Todo eso se evitó Lavagna suspendiendo su visita.
Pero, no todos los senadores estaban convencidos de que el gobierno había tomado una decisión definitiva en torno de la intervención a La Rioja. En la sesión de ayer a la tarde no hubo una sola mención en el recinto del Senado a ese conflicto. Ni siquiera por parte de Teresita Quintela, la única senadora provincial presente -Maza y Carlos Menem no fueron- que casi no se mantuvo sentada en toda la reunión, sofocando con comentarios hasta a la propia Cristina Kirchner.
La oposición siguió la misma línea: ningún senador quiso quedar comprometido con posiciones a favor o en contra de la intervención cuando aún no confían en cuál será el rumbo que tomará Kirchner en el asunto.




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