13 de marzo 2007 - 00:00

Alfonsín (80) convocó a varias capas geológicas

Personajes de ayer, hoy y siempre coincidieron anoche en el festejo por los 80 años de Raúl Alfonsín, en el Círculo Italianode la Capital Federal. Una renovada Graciela Fernández Meijide se reencontró con los flashes al saludar al ex presidente.Dos socialcristianos, que antaño compartieron ruta, se abrazaron, Roberto Lavagna y Antonio Cafiero. También,entre otros, festejan dos históricos del radicalismo como Juan Vital Sourrouille y Enrique Nosiglia.
Personajes de ayer, hoy y siempre coincidieron anoche en el festejo por los 80 años de Raúl Alfonsín, en el Círculo Italiano de la Capital Federal. Una renovada Graciela Fernández Meijide se reencontró con los flashes al saludar al ex presidente. Dos socialcristianos, que antaño compartieron ruta, se abrazaron, Roberto Lavagna y Antonio Cafiero. También, entre otros, festejan dos históricos del radicalismo como Juan Vital Sourrouille y Enrique Nosiglia.
Raúl Alfonsín cumplió ayer 80 años. Con excusas de clásico político, renegó de los festejos que le organizó su partido, pero terminó apagando las velitas rodeado de la mayor concentración de radicales históricos que se recuerde en los últimos años. Y supervisó personalmente la lista de invitados. Hubo allí una regla: no ingresaría nadie que no hubiera sido previamente chequeado. En el brindis, armado por el núcleo del alfonsinismo más cercano al ex presidente, no faltó ninguno de los protagonistas del gobierno surgido en 1983 y sólo hubo algunos de la política reciente. Desde Roberto Lavagna hasta Antonio Cafiero desfilaron por los salones del Círculo Italiano para saludarlo. El gobierno no se hizo presente. Ningún radical levantó el teléfono para girar invitaciones, pero tampoco hubo contactos oficiales para acercarse. Lo mismo sucedió con Mauricio Macri -que por radios más temprano saludó al ex presidente-; ni Elisa Carrió, que hace años solía declarar estar enamorada del cacique radical.

Rodeado de sus mariscales del peronismo bonaerense disidente, Lavagna soportó estoico en el salón el saludo de quienes están a favor y en contra de una coalición con la UCR que lo lleve de candidato a presidente. Como la curiosa cercanía que tuvieron con él Federico Storani y Leopoldo Moreau, con quienes el ex ministro dijo que prefería no compartir una foto.

Alfonsín no se dejó obnubilar por las presencias. En las palabras finales recordó a «todos los hombres ilustres que se acercaron a saludarme, a quienes prefiero no nombrar para no cometer la injusticia de olvidarme de otros». Sólo mencionó a Florentina Gómez Miranda, presente también junto a Osvaldo Miranda, otro incondicional de los convites alfonsinistas. Con esa maestría, y aprovechando la emoción de los presentes, evitó nombrar a Lavagna, con quien el ex presidente está enojado por la soberbia que el ex ministro le aplica al radicalismo en algunas definiciones de ese acuerdo electoral. Fue el origen del pronunciamiento más duro dentro de esa negociación y que llegó precisamente de Alfonsín, cuando sentenció hace un mes: «No hablaré más de la candidatura de Lavagna».

Fue sólo una referencia dentro de un mensaje de agradecimiento por el festejo que repasó desde filosas definiciones sobre la «democracia formal» a la que dijo preferir referirse como «república», hasta una advertencia sobre los peligros de vulnerar la división de poderes. Sutil referencia a los excesos del gobierno de Néstor Kirchner -hizo una similar sobre la libertad de prensa-, sin perder el ánimo festivo.

Los organizadores, Luis Brandoni y Juan José « Manolo» Canals, entre otros, habían preparado un golpe bajo para los nostálgicos presentes. Poco antes de llegar la torta con velitas y cantarle el feliz cumpleaños, se apagaron las luces y, sólo por unos segundos, apareció en blanco y negro sobre una pantalla de cine el final del discurso que pronunció Alfonsín en el cierre de campaña en el Obelisco porteño cuatro días antes de las elecciones del 30 de octubre de 1983. Fue allí donde terminó de registrar a su nombre el preámbulo de la Constitución nacional como fin de sus discursos ante más de un millón de concurrentes.

Hasta ese momento nadie se había movido de su lugar. Lavagna junto a Jorge Sarghini miraban la imagen cerca de Juan Vital Sourrouille y Enrique «Coti» Nosiglia. Todos se habían refugiado en el parque, lejos del calor y con posibilidad de fumar, seguidos por Ricardo Mazzorín, de quien se hicieron paralelismos con Guillermo Moreno, por sus problemas con el precio de los pollos, Marcelo Stubrin o Adolfo Stubrin, presidente de la convención nacional. Más lejos en ese momento Storani y Moreau se rodeaban de bonaerenses.

En el medio del salón se agolpaban para saludar a Alfonsín Antonio Cafiero y Graciela Fernández Meijide, que sorprendió con su renovación.

  • Justicia

    Del staff económico del ex presidente no faltaron Mario Brodersohn ni Sourrouille; la Justicia estuvo presente con el ex fiscal Julio César Strassera y Ricardo Gil Lavedra, y por el área Salud Aldo Neri y Mabel Bianco.

    La actual conducción del radicalismo llegó a último momento. Gerardo Morales, presidente partidario, venía de Catamarca, acompañado de Horacio Pernasetti, ex presidente del bloque UCR de Diputados, adonde había viajado el domingo para reivindicar la parte que correspondía a la UCR en el triunfo electoral de Brizuela del Moral. Detrás arribó Ernesto Sanz, jefe del bloque de senadores y otro de los protagonistas del radicalismomás duro enfrentado con los gobernadores de la concertación con Kirchner, de quienes Alfonsín más temprano había dicho que le «caían mal». Era el final de una fiesta donde el propio homenajeado desanimó cualquier intención de archivarlo en el bronce partidario: «Algunos me piden consejos», dijo; y terminó: «Yo todavía estoy pensando en proyectos para el futuro», para levantar una ovación, antes de retirarse a cenar con los invitados que había traído de Chascomús en dos combis.
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