Alfonsín ya es candidato, pero con mordaza oficial
Fernando de la Rúa prohibió hablar de candidaturas en el oficialismo, pero tuvo poco eco. Anoche, por ejemplo, Carlos Chacho Alvarez habló de la suya a senador por la Capital, pero fue para negarla. Alvarez, en una aparición televisiva, descartó "definitivamente" que vaya a competir por cargo alguno este año. Un percance de gravedad para los dirigentes de la Alianza, que creen que Alvarez es la figura que más les asegura un triunfo en el único distrito grande en el que tienen posibilidades ciertas de imponerse. En cambio, en la provincia de Buenos Aires, ya es un hecho la candidatura radical de Raúl Alfonsín para la senaduría. Igual que la de Eduardo Duhalde en el PJ. A tal punto, que ayer comenzaron a molestarse mutuamente. Duhalde recordó el "sue-ño" de Alfonsín de no pagar la deuda, en un momento en que De la Rúa teme que el jefe de su partido termine abriendo un debate retrógrado sobre la economía. Por si faltaran ayer escarceos electorales, desde Córdoba, José Manuel de la Sota saludó a Carlos Ruckauf con esta declaración, que algunos suponían anoche irónica: "El año 2003 es para Ruckauf, porque yo sólo quiero gobernar Córdoba". Por ahora, un halago para Ruckauf. Y un inesperado desaire para Carlos Menem.
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De la Rúa suele realizar co-midas con dirigentes partidarios en la residencia veraniega de Chapadmalal. Entre los invitados siempre tienen una fecha asegurada los jerarcas de la zona: Elio Aprile (intendente de Mar del Plata), Angel Roig (ex intendente de Mar del Plata y actual director de Migraciones) y Marcelo Honores (intendente de Miramar). Los tres comieron ya en el chalet de la playa. Sin embargo, lo que resultó curioso este verano, es que Honores fue convocado por segunda vez a la casa, esta vez solo, sin los otros dos habitués. El alcalde sólo entendió la intención del Presidente bien avanzada la cena, cuando De la Rúa lo comenzó a sondear sobre la interna del radicalismo provincial.
Prudente, Honores se abstuvo de opinar sobre aspiraciones que no fueron todavía «blanqueadas» por los interesados. Por ejemplo, que Federico Storani busca ser delegado al Comité Nacional, Juan Manuel Casella el Comité Provincia (para él o para un amigo suyo) y Leopoldo Moreau la candidatura a diputado. O que Ricardo Alfonsín quiere competir por el Comité Provincia, apoyado por Melchor Posse y Enrique «Japonés» García. Pero Honores sí se arriesgó sobre lo obvio: «Alfonsín va a ser el candidato a senador, seguramente». De la Rúa, quien ya había hablado con el jefe partidario de ese objetivo cuando ambos desayunaron juntos la semana pasada, comentó: «Es una excelente candidatura. El único problema que veo es que la economía está bien, va mejorando; sería una pena que elija ese tema como eje de la campaña, sobre todo porque Duhalde se vería beneficiado, ¿no?».
El temor del Presidente es bastante obvio y tiene que ver con Duhalde: calcula que la propensión del ex gobernador a criticar el modelo económico puede arrastrarlo a Alfonsín a posiciones más duras que las que tendría si no estuviera compitiendo por votos. Además, De la Rúa sabe (como cualquier persona medianamente informada) que en la provincia coin-cidirán este año dos candidatos que prefieren la devaluación antes que la convertibilidad con tipo de cambio fijo que rige actualmente.
Si Duhalde quiso sembrar cizaña entre el ex presidente y De la Rúa, Alfonsín se propuso lo mismo reprochando a su contrincante su gestión y tentando a Ruckauf a que reconozca, de una vez por todas, que lo que le dejaron no fue una provincia floreciente. Si hasta Duhalde suele bromear con sus íntimos diciendo: «En la provincia siempre hay gobernadores como yo, que gastan, y gobernadores como Ruckauf, que pagan. Si no miren lo que sucedió con (Oscar) Alende y (Anselmo) Marini».
No debería olvidarse que Duhalde lo considera a Alfonsín el responsable de haber per-dido un turno presidencial por facilitar a Menem la reelección con el Pacto de Olivos. Nunca soportó el entonces gobernador que lo invitaran a un encuentro que él supuso deportivo para anunciarle que habría cuatro años más del riojano, una ma-ñana de noviembre en una casa que no conocía (al día siguiente le avisaron que era de Dante Caputo).




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