15 de mayo 2001 - 00:00

Alvarez y Storani ahora detrás de Carrió, seducidos por otra quimera

Carlos Chacho Alvarez y Federico Storani acarician otra quimera: convencer a Elisa Carrió de hacer una remake de El Molino, el pacto que pergeñaron en agosto del '94 el ex vicepresidente y el ex ministro del Interior, en sociedad con el hoy ruckaufista José Octavio Bordón.

Carrió no se da por aludida y relanzará pasado mañana el ARI (Argentina República de Iguales), movimiento que anima junto a los socialistas democráticos de Alfredo Bravo y el peronista disidente Juan Domingo Zacarías. Carrió copará el jueves un teatro porteño, el Coliseo, para seguir diferenciándose del oficialismo y sus más recientes desprendimientos, el Frente para el Cambio de Alicia Castro, y la corriente que lidera la viuda de Germán Abdala. Curiosamente, el escenario será el mismo que utilizó la Alianza, el 25 de mayo del '99, para presentar la Carta a los Argentinos que -ante el olvido del gobierno-pretende desempolvar la Carrió.

Ensayo

El remix de El Molino tendrá, mientras tanto, un ensayo en el Congreso como interbloque. Varios frepasistas disidentes -encabezados por Marcela Bordenave- ya decidieron armar una bancada propia en Diputados y trabajar en sintonía con la chaqueña, tal cual sugiere Chacho por los diarios. Esta tarde darán la última pelea en el bloque Frepaso, bajo la consigna de recuperar la autonomía y separarse de la UCR parlamentaria. La idea, pergeñada por el santacruceño Rafael Flores, provocó adhesiones entre la media docena de díscolos -los contuvo una semana-, algunos críticos y, por supuesto, exasperó a Darío Alessandro. El álter ego de Alvarez y Rodolfo Rodil tratarán de sofocar el conato de golpe intestino.

Carrió y sus socios miran con distancia a los próximos exiliados. Los primeros se jactan de su «pureza»: subrayan que se rebelaron contra los proyectos gubernamentales que llegaron a Diputados, desde el 10 de diciembre del '99.A los «disidentes» del Frepaso les achacan actitudes «colaboracionistas» durante más de 1 año y medio de gestión de Fernando de la Rúa.


Al sexteto de la bancada ARI de diputados se le sumará en el teatro una incorporación prevista, la de otro radical desencantado. Se trata del legislador nacional Fernando Cantero, oriundo del radicalismo, que no baja las banderas y que acaba de dimitir al bloque UCR-Frepaso. Puede ser que se oficialice otro pase, desde el socialismo popular. Anoche, Gustavo Galland no había definido si montará un bloque unipersonal, se acoplará al ARI o al castrista (por Alicia) Frente para el Cambio. Lo único cierto es que ya se marchó del Frepaso.

Si se trata del molinismo, el frepasista Eduardo Sigal y Storani tomaron la delantera el fin de semana, durante un seminario de aliancistas en la clandestinidad. Eligieron un reducto tradicional del progresismo criollo: Unione e Benevolenza, a 3 cuadras del Congreso Nacional y del café de la esquina de Rivadavia y Callao. En el predio de la colectividad italiana, se despacharon con semblanzas apologéticas de Carrió.

Evidentemente, Alvarez, Storani y Sigal no creen en el sino trágico que rodeó a El Molino en los últimos años. Tampoco los asesores de Aníbal Ibarra, que insisten en abrirlo para convertirlo en museo (no dicen si van a ornarlo con figuras de cera que evoquen a los protagonistas del acuerdo del '94). Además de que el local permanece cerrado, los suscriptores de aquella «entente» no tuvieron gran fortuna en las temporadas siguientes. Por empezar, Chacho y «Pilo» emprendieron la corta aventura de una pulseada frustrante contra Carlos Menem con el Frepaso, al que nunca se sumó Storani, quien optó por permanecer en su partido.

El radical debió sufrir algunos tropiezos en la UCR y la Alianza hasta que recaló en el Ministerio del Interior, donde nunca gozó de la confianza presidencial y, en consecuencia, tuvo un desempeño opaco. Peor le fue a Alvarez, que nunca pasó de ser número 2, primero de Bordón y más recientemente, de Fernando de la Rúa. Encima, está deprimido porque nunca pudo dar el «fisique du rôle» de oficialista y tuvo que huir en pleno ataque de pánico. Hoy prefiere explicar los motivos de sus renuncias a los lectores de la revista «Noticias», que lo votaron en el '99. Al mendocino le pasaron las mil y una. Perdió con Menem la presidencial del '95, renunció a la senaduría y terminó con un exilio en los Estados Unidos hasta que lo reciclaron Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf.

En consecuencia, parece más una maniobra para salvarse de una segura debacle electoral del oficialismo en octubre. De otra manera, no se entiende que acepten relegar el protagonismo que tuvieron en El Molino original y cedérselo graciosamente a
Carrió. La chaqueña, gracias a su perseverante y místico papel de denunciante-opositora, figura al tope de las sondeos de opinión y de las participaciones en ciclos periodísticos de cable que ilusionan a Chacho y a «Fredi» (Castro lo resumió muy bien: «Alvarez se pega siempre a quien está mejor en las encuestas»). En ese sentido, Carrió ocupa el rol que desempeñó el frepasista en el '94, por aquel entonces, una estrella en franco ascenso mediático.

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