18 de abril 2008 - 00:00

Amigos: delegados de Garré, con militares en Washington

Nilda Garré
Nilda Garré
El Pentágono decidió abrir las puertas, otra vez, a la relación bilateral con la Argentina. La semana entrante una comitiva del Ministerio de Defensa viaja a Washington con el propósito de reanudar el mecanismo de intercambio conocido como Grupo de Trabajo Bilateral Argentina-Estados Unidos sobre Defensa. Encabeza el tour a los Estados Unidos el secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, Alfredo Waldo Forti, y lo acompañan funcionarios de la Cancillería y uniformados del Estado Mayor Conjunto (EMC). El encuentro ocurre luego del idilio reciente entre ambas administraciones de gobierno, justo en las postrimerías de la gestión de George W. Bush, etapa conocida como el síndrome del «pato cojo», porque el presidente mantiene sólo la dignidad propia de su investidura, pero carece de poder político real. Aunque en rigor tal descripción debería aplicarse sólo una vez que hayan finalizado las elecciones del nuevo gobernante.

Forti, quien tuvo una rara carrera dentro del ministerio, fue secretario de Asuntos Militares por un lapso de meses y luego lo desplazaron para darle lugar al actual secretario Germán Montenegro, reúne condiciones de cierta expertise en el ambiente de la burocracia política estadounidense y por eso lidera el grupo de viajeros. Más allá de conducir un nicho de rentabilidad privada con formato de consultora para entes de gobierno, organizaciones internacionales y partidos políticos con base en Washington.

Las primeras puntadas para la reunión se dieron en el edificio Libertador, entre Nilda Garré y el embajador Earl Anthony Wayne luego de que la Casa Rosada habilitara al diplomático para sus rondas de contactos con funcionarios de alto nivel al superarse el episodio del valijero venezolano Guido Antonini Wilson.

Como ocurre en estas visitas, hay una agenda formal que avanza en temas de formación profesional de cuadros y de personal civil para la Defensa, interoperabilidad, fortalecimiento institucional, educación y cursos militares, operaciones de paz y ayuda humanitaria. Y otra no escrita, sino la que interesa a ambas partes que incluiría: asfaltar el camino para una visita de Nilda Garré al Pentágono, evaluar posibilidades de equipamiento militar, ajustar la agenda del tránsito del portaaviones nuclear George Washington y visitas políticas durante su paso por el litoral argentino, situación de las contratistas de defensa norteamericanas, Lockheed Martin SA, concesionaria del Area Material Córdoba y evolución de la licitación internacional para dotar a la fuerza aérea de radares 3D donde compite el conglomerado Northrop.

  • Interrogante

    Estos y no otros serían los asuntos que interesan al Pentágono. Por esos pasillos caminó entre el 5 y 11 de abril pasado el ministro de Defensa de Chile, José Goñi, invitado por el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, visita que se extendió hasta la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. No habrá funcionario de Defensa criollo que lo reconozca en público: ¿y La Argentina que es gran aliado extra OTAN, distinción conferida por el Congreso estadounidense, no debería participar de una agenda similar?

    La respuesta queda en manos de los anfitriones, el secretario de Defensa Adjunto para el Hemisferio Occidental, Stephen Johnson; el subsecretario de Estado adjunto, Chris McMullen y los militares de la embajada, el agregado de Defensa, coronel Douglas Lengenfelder y el agregado militar, coronel Joseph Napoli. El Pentágono continúa con numerosos programas de cooperación en el área educativa y cultivando los contactos militarmilitar en la Argentina y América latina en general.

    El camino de la «diplomacia castrense» no es bien visto por la política de control civil de las fuerzas armadas que implementó este gobierno hasta la exégesis. El conjunto de instrumentos e instituciones construidas durante el período de la Guerra Fría Junta y Colegio Interamericanos de Defensa, conferencias de ejércitos, armadas y fuerzas aéreas de las Américas y una verdadera red de maniobras militares periódicas con militares latinoamericanos ( Unitas), mantienen vigencia pero aggiornadas con presencia de civiles formados en defensa. El otro pivot de contacto militar es la provisión de equipamiento, congelado excepto para materiales de uso dual -con significado humanitario- como la adquisición de cuatro helicópteros de reemplazo para los que se incendiaron en el Irízar. La diversificación de las fuentes de provisión de equipamiento desarrollada por las fuerzas armadas de la región con eje en Francia, Gran Bretaña y la intención actual de Rusia y China, se transformó en una limitación para la influencia militar norteamericana. Un indicador de la dificultad que EE.UU. ha enfrentado en este sentido ha sido la resistencia planteada por los funcionarios políticos -Argentina lo cristalizó en la reglamentación de la Ley de Defensa- a adoptar como misión la denominada War on Terror (guerra contra el terrorismo internacional y sus sucedáneos del narcotráfico y narcoterrorismo) conocidos como nuevas amenazas.

    El Comando Sur del Ejército norteamericano mantiene una activa presencia mediante programas de ayuda humanitaria, convertidos en casi el único medio de establecer y desarrollar contactos en el terreno.
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