19 de abril 2002 - 00:00

Amor kosher entre Blejer y 6 diputados

Mario Blejer (anfitrión) y los diputados PJ invitados de ayer a su almuerzo kosher en el Banco Central: María del Carmen Alarcón, José María Díaz Bancalari, Humberto Roggero, Graciela Camaño y Manuel Baladrón.
Mario Blejer (anfitrión) y los diputados PJ invitados de ayer a su almuerzo kosher en el Banco Central: María del Carmen Alarcón, José María Díaz Bancalari, Humberto Roggero, Graciela Camaño y Manuel Baladrón.
Lo que nunca podían imaginar los 6 diputados peronistas, la mayoría gente pesada del partido -o sea, con antigüedad, militancia, combatividad, pasado sindical, origen nacionalista y algunos rezagos sectarios y discriminatorios-era que ayer, en el almuerzo que les preparó Mario Blejer, en el Banco Central, tendrían que deglutir comida kosher. Gente, estos legisladores, ahora tan adaptada a la vida internacional que casi ni advirtieron esa ortodoxia religiosa, judía, incorporada a la gastronomía por aquellos que respetan esa costumbre a raja tabla como el titular de la entidad. Finalmente, el menú fue casi invisible para el paladar de los invitados: salmón ahumado de entrada, luego un arrollado de pollo con papas mil hojas y un postre que parecía flan.

Después, con algún regurgitar estomacal por la tarde, se preguntaban qué es lo que habían comido. Pero ya era tarde para la investigación. Así lo entendieron el «negro» José María Díaz Bancalari (además de duhaldista y ex fierrero de la UOM, hoy pío contribuyente de la milagrera Virgen de San Nicolás), el gringo Humberto Roggero (cordobés que vive de la nostalgia montonera, del ala más católica y con staff propio en Diputados con inválidos de aquellos años 70) y Jorge Obeid, un santafesino también con historia montonera y del ala de las juventudes católicas. Finalmente, tanto Obeid como Díaz Bancalari habían rociado el menú con vino tinto, hábito que jamás van a perder aunque sí han sido capaces de reducir las raciones de hectolitros, y como se sabe esa bebida esteriliza cualquier anomalía. Por otra parte, el sabio judío Blejer tomó la precaución de no invitarlos con vino kosher. En cuanto a Roggero, él sólo se dedica a la Coca-Cola, costumbre cultural e imperial que detesta, pero que su cuerpito tolera mejor que el alcohol.

• Auditoras

También había «negras» en el almuerzo, como Graciela Camaño, la esbelta esposa del sindicalista Luis Barrionuevo, mujer de tan fuerte personalidad que ha convertido ya al controvertido gastronómico en «el esposo de la negra». Casi aindiada y de lacio cabello negro, dio presente la santafesina María del Carmen Alarcón, curiosa y activa legisladora, confidente de Carlos Reutemann y junto a la Camaño veedoras o auditoras de cuanta masculina aventura política ensaya el bloque del PJ. El sexto fue un pampeano, ex vicegobernador, blanquiñoso y en apariencia híbrido como el material humano de la provincia (o el caldén), Manuel Baladrón, pero imprescindible en cualquier negociación, menos notorio que los otros pero quizás más importante. No eligió mal Blejer a la representación, pensando que si iba a tomar una «ducha fría» con la pesada peronista, lo mejor era bañarse con los de peso completo. Y si no los tentaba con la comida, al menos sí con una recorrida por el despacho que alguna vez ocupó Eva Perón. Pero, claro, esa es una entelequia histórica: como es de imaginar, Blejer ignora esa pasantía de los años 50 de la mujer del General y los visitantes, al margen de presumir pergaminos partidarios, ni siquiera preguntaron por esa coqueta y pequeña sala con cuidada boisserie. No es lo único que ignoran.

Porque la charla, amena, docente, si bien al principio reveló cierta aspereza, luego se encaminó por un encandilamiento de los diputados con Blejer (seguramente, producto del efecto de esa comida especial, ya que nadie imagina que un retirado del FMI pueda seducir con tanto entusiasmo a esa avanzada peronista de obediente cepa bonaerense). Desde el principio se sorprendieron los diputados, ya que un simpático «-¿Cómo estamos?», fue replicado por el titular del Banco con un rotundo «-Muy mal». Para él, mucho más, ya que a esa hora debía estar con su esposa en Washington y por las debilidades del Ejecutivo en sacar un decreto ahora compartía un almuerzo con diputados que no conocía y que posiblemente le tuvieran desconfianza.

El saldo, sin embargo, fue beneficioso para las partes: los legisladores, no por cortesía, agradecieron la invitación y especialmente los fundamentos que les trasladó Blejer. En rigor, nada del otro mundo, ni secreto ni académico, información que está en los diarios pero que muchos de ellos ni siquiera leen. Díaz Bancalari, en ese sentido, fue quien más agradeció los conceptos aprendidos, lo que tal vez sea un cambio clave -y dudoso-para una personalidad que ha pasado su vida enarbolando el estatismo y otras formas dirigistas que mantiene en formol desde que adhirió al peronismo de los '50.

Obeid reveló al principio cierta dureza cuando Blejer se encomendó a Dios -recordar la comida kosher-si continúa el «goteo» del «corralito». Pero el santafesino aflojó enseguida cuando el «ruso» -inevitable y cariñoso mote que le endosaron los peronistas y que arrastra desde su infancia-lo tapó con números escalofriantes sobre reservas de caja en los bancos, demanda de ahorristas, duración estimada de vida de ciertas instituciones, etc. Aún así, la Camaño quiso saber «en qué se perjudicaba el gobierno si caían los bancos». Además de ofrecer un sombrío panorama de los bancos oficiales, Blejer se empeñó sutilmente en explicar los problemas de una sociedad, de una empresa, de una PyME, de un industrial, de un chacarero o de un ciudadano común, si se vive sin crédito (interno o externo). Además, les explicó que la debacle del sistema financiero no es como un corte de luz: las entidades están cargadas de títulos públicos y, si se hunden, será aún más desastrosa esa calificación para los bonos y el propio país. Fue tan instructivo y ejemplificador que los seis empezaron a descubrir el Eureka de los bancos. Casi una revelación.

• Impacto

Por supuesto que Blejer no atravesó casualmente los escalafones del Fondo y, en consecuencia, supo humedecer los oídos de sus invitados diciendo que, tanto Jorge Remes como él -por no citar a Duhalde, quien a propósito llamó un par de veces por teléfono durante el almuerzo-, negociaban, discutían y hasta se encrespaban con los delegados del FMI. «Ellos no nos imponen nada ni, tampoco, nosotros consentimos todo lo que piden. Al contrario, negociamos y mucho. No se olviden que la Argentina es un problema para ese organismo». Para agregar después, con cierto impacto en su auditorio y no menos insidia: «Espero que esto no salga en los quinchos, pero no sé si saben que la deuda de países infractores con el FMI es de 120 millones de dólares, mientras la nuestra asciende a casi 7 mil millones. O sea que somos un problema, ya que si no le pagamos van a terminar echando a todo el directorio. ¿Se imaginan que ellos también necesitan un acuerdo?».

Esta novedad, casi insólita en los labios de Blejer pero repetida por otros economistas ortodoxos -como obviamente publicó hace tiempo
Ambito Financiero-fue una etérea rapsodia para los diputados, tan habituados a la música bailantera.

También hubo espacio para que los legisladores, en la partitura peronista de costumbre, criticaran a Remes y a Eduardo Amadeo por la falta de información que, presuntamente, ellos habían cosechado en una sola comida, al aislamiento a que son sometidos desde el gobierno -como forma de explicar por desconocimiento sus propias actitudes hostiles, como lo reconoció Díaz Bancalari-y, sin que les temblara la pera, sometieron a un bombardeo virtual a los fracasados emisarios de esa emisión: los manzanistas Oscar Lamberto, Miguel Angel Toma y Jorge Matzkin. Hasta hubo sospecha de que el ocultamiento de esa información encerrara otros propósitos. En silencio, como si fuera otro idioma y no tuviera traductor, Blejer escuchó las monsergas. Luego, ya con las valijas para viajar un rato después, se despidió en la confianza de que los 6 legisladores iban a promover y sancionar algún tipo de norma para evitar el goteo del «corralito» en los bancos. Los 6 se marcharon con la promesa de cumplir ese deber, olvidando quizás que en su bloque y en la Cámara toda, otra gente, menos docente que Blejer y seguramente menos entendida, tratará de impedir el lanzamiento de un bono que reduzca a 10% su inicial inversión en dólares.

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