16 de marzo 2005 - 00:00

Aníbal en emergencia y Scioli que ya asoma

La cita de anoche congregó al mismo arco que la semana pasada cerró filas en el peronismo de la Capital Federal para mostrarle a Néstor Kirchner que si reniega del transversalismo en el distrito, lo que hagan ellos vale más que cualquier alquimia que imaginen en la Jefatura de Gabinete.

Fue en Au Bec Fin, clásico restorán de la Recoleta, en Vicente López a metros de Callao y llegaron de a poco: el vicejefe de Gobierno, Jorge Telerman (acompañado de sus escuderos Sergio Berot y Armando Canciani), los sindicalistas Juan Fagín, Juan Minichilo (comercio) y Daniel Amoroso (juego), el ex diputado y macrista en tránsito Eduardo Rollano, el sciolista Javier Mouriño, el ruckaufista Fernando Maurette, y el duhaldo-tomista Cristian Ritondo, anfitrión de la velada, que se extendió con aire de Jabonería de Vieytes hasta la madrugada de hoy.

Tan poco secreta era la cita que hasta se imaginó una conspiración que tiene estos detalles:

• Un fiscal de la Capital se entrevistaría en la tarde de ayer con Néstor Kirchner y le haría saber que tendría el registro de una llamada por teléfono entre Aníbal Ibarra y Omar Chabán en la noche de la tragedia de Cromañón. Ante tamaño compromiso, el Presidente hablaría a su vez con el jefe de Gobierno porteño y le haría saber el final del acuerdo de protección de la Casa de Gobierno, gerenteado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Esto precipitaría la eventualidad de la salida adelantada del gobierno de Ibarra, la asunción de Telerman y el llamado a inminentes elecciones con Daniel Scioli a la cabeza de una lista de unidad de peronistas de todos los colores, algo en lo que hasta ahora fracasó el trío Alberto Fernández-Horacio Capaccioli-Víctor Santamaría. En la cena, nadie le daba crédito a esa versión.

• Este pergeño pareció una actuación de un libreto conocido desde hace una semana y que adelantó este diario en la edición de ayer: la reunión del lunes pasado entre Scioli y Alberto Fernández en Casa de Gobierno, el acuerdo para caminar juntos hasta nuevo aviso al amparo de la opinión de Kirchner de que «Daniel» es quien mejor mide hoy en la eventualidad de una elección a jefe de Gobierno. En cinco días, ese principio de acuerdo ganó adhesiones de todos los sectores del peronismo: Eduardo Duhalde -valedor principal de otro pacto con el presidente Kirchner-, Telerman, los sindicalistas Hugo Moyano y su representante en Capital, Omar Viviani (taxistas), macristas como Ritondo, Rollano y Santiago de Estrada, hasta duhaldistas como Eduardo Borocotó. El moño K. lo puso la venia que acercó Julio De Vido, que administra más política de lo que algunos suponen.

• Este apiñamiento de peronistas que creen que si hay una elección adelantada de jefe de Gobierno, el peronismo puede por una vez tentar un triunfo, aprovechó otros procesos migratorios. Mauricio Macri parece atado ya a una alianza con Ricardo López Murphy, y eso motivala salida de su lado de todos los peronistas que le acercó Duhalde. Uno de ellos lo visitó el lunes y le dijo: «Soy peronista, no podés meterme a trabajar en un piso 10 con López Murphy». Este sector peronista teme que Macri lo termine anotando en un movimiento de centroderecha no más amplio del que fue en un mejor momento la UCeDé o el cavallismo, es decir, segundas fuerzas en una elección. «López Murphy me da el 5% que me falta para ganarles a todos», responde Macri, que se prepara hasta ahora sólo a una elección a diputado.

• Otra migración que alimenta este embotellamiento de peronistas detrás de esta sorpresiva oportunidad que les depara el destino cambiante de la política criolla
es la que experimentan sectores peronistas antikirchneristas del distrito Capital que se han cansado de esperar en el andén a alguien que les escriba un futuro. Hasta es esperado que sea Carlos Menem, pero al ex presidente lo ven ya como abstraído hasta nuevo aviso por un proyecto riojano. «¿Es posible movilizar al peronismo de todo el país detrás de una candidatura a una interna por la candidatura a senador por La Rioja?», dice una reflexión de menemismo desencantado que recorre la Capital.

• Esta movida encendió la luz en el juzgado electoral de
María Servini. La jueza entendió las señales del acuerdo y dictaminó el viernes por la noche el final de la intervención del albertista Ramón Ruiz, repuso el régimen de internas para elegir candidatos y tendió la mesa para el entendimiento entre Alberto Fernández y Daniel Scioli para controlar el partido en la persona de un futuro presidente surgido de esa interna que se hará a finales de abril: Alberto Iribarne. Ayer había fragor de cierre en ese juzgado y se supo que distintas tribus del peronismo porteño acercaron 35 mil fichas de afiliados, casi la mitad llevadas por delegados del «albertismo». Una maza, si se tiene en cuenta que el PJ tiene inscriptos oficialmente en el distrito 153 mil afiliados. Si se confirma la validez de las nuevas fichas, habría aumentado en 20% ese padrón, un porcentaje que equivale al que participa habitualmente en las internas.

• El final es abierto:
Kirchner siempre ha creído, contra la opinión de su jefe de Gabinete, que la tragedia de Cromañón le puso a Ibarra un plomo en el ala del que es difícil se recupere. Si la suerte de sus funcionarios -y aun la de él mismo- se complica de nuevo, este clima de conspiraciones aumentará hasta tapar el cielo de la política en el distrito vidriera. El peronismo pejotista no lo puede creer: de no poder ya participar más en elecciones como en 2003, acaricia la idea de la pulseada por el dominio del distrito con gente propia frente a quienes hasta ahora se creían los dueños. Lo era Ibarra hasta la última elección; Macri, Rafael Bielsa y Elisa Carrió, parecían hegemonizar la pelea este año a diputados con los peronistas de nuevo escondidos. Con este nuevo acuerdo Kirchner-Duhalde, del que son vicarios Alberto Fernández y Daniel Scioli, creen volver a vivir sobre el dolor de una tragedia que al final tenía mucho que ver con la política.

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