12 de mayo 2004 - 00:00

Aníbal Fernández contra Béliz por reforma

Se enteró por TV Aníbal Fernández de la reforma política que viene preparando Gustavo Béliz. Fue cuando el ministro de Justicia lanzó el Plan de Seguridad en el Salón Blanco de la Casa Rosada, anunciando también que tenía algunas ideas sobre cuestiones de competencia del Ministerio del Interior. A Aníbal lo sacudieron. Parecía dormitar. De tanto hablar por radio sobre temas ajenos a su competencia (salvo en energía, materia que aprendió haciendo los palotes con Angel Abasto, en todo lo demás hace exhibiciones diarias de osadía), lo madrugaron en aquello por lo que le pagan el sueldo. Es lógico: nunca se había visto que un ministro del Interior, garante de la ecuanimidad política, sea al mismo tiempo candidato a gobernador en el distrito más importante del país.Y menos aún que se lance a la aventura con tres años de anticipación.

Fernández buscó recuperar el tiempo perdido. Pero Béliz no se dio por enterado. Ayer visitó el Senado y adelantó que entre los 14 proyectos que enviará a las Cámaras habrá uno de reforma política. El ministro del Interior, que iba a ir al bloque de senadores para informar sobre sus ideas al respecto, faltó. Dos a cero. Notables resultados obtiene Béliz contra su adversario interno, quien hace apenas un año pensaba arrebatarle el área de Seguridad. Se dio vuelta la cancha.

• Prudencia

Prudente, Fernández ya no habla de reforma constitucional, como se sinceraba al comienzo de su gestión. Si la semana que viene llega a ir al Congreso, tendrá preparados algunos proyectos de ley que estarán casi reducidos a reformas electorales. Prudente, ya no habla de cambiar la Constitución para prolongar las reelecciones, como se sinceraba al comienzo de su gestión.

La primera iniciativa que tiene en carpeta el ex intendente de Quilmes es el fortalecimiento del fuero electoral.Además de apuntalar a la Cámara, piensa crear la figura del fiscal general electoral, casi un procurador encargado de llevar adelante las acusaciones en ese campo. Si Béliz habla de cuestiones políticas, ¿por qué Fernández no puede hacer garabatos en el plano judicial? Sobre todo si se trata de cumplir con el mismo objetivo: debilitar a los juzgados federales que, como el de María Servini de Cubría, verían atenuada su gravitación en materia electoral.

Para un gobierno con ínfulas fundacionales como el de Néstor Kirchner, manipular los resortes de la vida electoral es como designar al árbitro. ¿Cómo privarse? Se agrega entonces este dispositivo a la Corte inclinada hacia el Ejecutivo, el procurador de la Nación designado por el gobierno (acaso también el de la provincia de Buenos Aires, encargado de investigar a los intendentes), la creación de una Policía propia y la designación de un elenco nuevo en la Federal, después de la purga.

• Lista sábana

Fernández piensa ofrecer otro producto, el día que Kirchner le preste atención. Tan atareado como está en estas horas por la crisis energética no ha podido poner la mirada sobre las carpetas del bonaerense. Pero el día que lo haga leerá un proyecto de eliminación de la lista sábana. El menú de Fernández ofrece dos opciones. El Presidente podrá optar por el sistema de preferencias, por el cual se descalifica al más conocido (él sería un ejemplo bastante adaptado a esa desviación) con el método de las tachas, una especie de invitación al escrache. O acudir al sistema alemán, que combina la representación por lista sábana -que enfatiza las identidades partidarias- con la representación por circunscripción, que pone el acento en la representación regional.

Fernández se propone también que todos los padrones electorales se magneticen, lo que obligaría a una depuración que no se realiza desde 1983. ¿Será sólo para la nómina general de electores o también para los partidos políticos? Casi una agresión al duhaldismo, que mantuvo durante mucho tiempo los listados de afiliados en domicilios particulares, como si fueran la piedra filosofal. Hay que recordar que de la composición del padrón se desprende la proporción de delegados por distrito con que se configuran los congresos partidarios. En contra de esta tendencia a la transparencia y apertura, el ministro del Interior pretende también impulsar una reafiliación que, se supone, permitirá dejar los partidos en manos de los grandes aparatos que son los que más capacidad tienen para recapturar adherentes. Ya hay organizaciones intermedias (clubes, sindicatos, sociedades de fomento, piqueteros, etc.) que se preparan para un gran negocio en esta veta.

Es curioso, Fernández detectó una laguna extraña: los delitos electorales, como el fraude, no figuran en el Código Penal. El se propone incorporarlos, igual que las violaciones a la ley de financiamiento de los partidos políticos.

Pulseada intensa la de estos ministros, que abrevan en distintas sabidurías. A Béliz lo apoyan el constitucionalista Daniel Sabsay y el politólogo Nicolás Shumway. A Fernández, varios técnicos de universidades privadas. Kirchner deberá zanjar entre ambos.

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