Aníbal Fernández contra Béliz por reforma
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Fernández buscó recuperar el tiempo perdido. Pero Béliz no se dio por enterado. Ayer visitó el Senado y adelantó que entre los 14 proyectos que enviará a las Cámaras habrá uno de reforma política. El ministro del Interior, que iba a ir al bloque de senadores para informar sobre sus ideas al respecto, faltó. Dos a cero. Notables resultados obtiene Béliz contra su adversario interno, quien hace apenas un año pensaba arrebatarle el área de Seguridad. Se dio vuelta la cancha.
Fernández piensa ofrecer otro producto, el día que Kirchner le preste atención. Tan atareado como está en estas horas por la crisis energética no ha podido poner la mirada sobre las carpetas del bonaerense. Pero el día que lo haga leerá un proyecto de eliminación de la lista sábana. El menú de Fernández ofrece dos opciones. El Presidente podrá optar por el sistema de preferencias, por el cual se descalifica al más conocido (él sería un ejemplo bastante adaptado a esa desviación) con el método de las tachas, una especie de invitación al escrache. O acudir al sistema alemán, que combina la representación por lista sábana -que enfatiza las identidades partidarias- con la representación por circunscripción, que pone el acento en la representación regional.
Fernández se propone también que todos los padrones electorales se magneticen, lo que obligaría a una depuración que no se realiza desde 1983. ¿Será sólo para la nómina general de electores o también para los partidos políticos? Casi una agresión al duhaldismo, que mantuvo durante mucho tiempo los listados de afiliados en domicilios particulares, como si fueran la piedra filosofal. Hay que recordar que de la composición del padrón se desprende la proporción de delegados por distrito con que se configuran los congresos partidarios. En contra de esta tendencia a la transparencia y apertura, el ministro del Interior pretende también impulsar una reafiliación que, se supone, permitirá dejar los partidos en manos de los grandes aparatos que son los que más capacidad tienen para recapturar adherentes. Ya hay organizaciones intermedias (clubes, sindicatos, sociedades de fomento, piqueteros, etc.) que se preparan para un gran negocio en esta veta.
Es curioso, Fernández detectó una laguna extraña: los delitos electorales, como el fraude, no figuran en el Código Penal. El se propone incorporarlos, igual que las violaciones a la ley de financiamiento de los partidos políticos.
Pulseada intensa la de estos ministros, que abrevan en distintas sabidurías. A Béliz lo apoyan el constitucionalista Daniel Sabsay y el politólogo Nicolás Shumway. A Fernández, varios técnicos de universidades privadas. Kirchner deberá zanjar entre ambos.




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