7 de octubre 2003 - 00:00

Arden Policía y política por el caso Giacomino

Para muchos fue casual y no supone otras movidas: ante una denuncia inevitable de corrupción, típica en esa actividad, Gustavo Béliz corrió a la Casa de Gobierno, le avisó a Néstor Kirchner, y éste le dijo que lo despidiera a Roberto Giacomino de la Jefatura de la Policía Federal. Quizás, como es su método de hacer política, el ministro exageró con la demagogia de la ética. Sin embargo, nadie deja hoy de reconocer que existe otro mar de fondo, político, subterráneo, que envuelve a Kirchner, Béliz, la Federal, la provincia de Buenos Aires, el ministro Juan José Alvarez y hasta el ex presidente Eduardo Duhalde.

Se imagina un escándalo a partir, quizás, de que el despedido Giacomino -cuando deponga ante el juez Juan Galeano- sostenga que la contratación que le imputan fue consentida, en su momento, por Alvarez cuando éste servía a Duhalde en el orden nacional. Nadie ignora que Alvarez hoy ocupa el espacio bonaerense por una concesión de Felipe Solá y un pedido de Duhalde. Menos se ignora que Giacomino nació al firmamento político cuando estuvo a cargo de la custodia del propio Duhalde -cuando éste estaba en el Senado- y luego se incorporó a los hombres preferidos por Carlos Ruckauf. Un entramado de relaciones, favores y servicios que ahora, con la exoneración, podrían comenzar a desbrozarse.

Es habitual en el género policíaco que, en la trastienda, se anticipen horrores, denuncias o venganzas que luego no se cumplen. Pero, claro, los medios se llenan de expectativas. Ahora se advierte por qué, además, nadie sabe si la sintonía entre Kirchner, Duhalde y Solá es tan perfecta como la pregonan. Por otra parte, hay funcionarios menores, con intereses distintos, que tal vez hasta pueden generar un conflicto entre las máximas figuras del poder.

• Denuncia


¿Puede haber reclamos de Giacomino a sus anteriores jerarcas? La denuncia contra el jefe policial es obra sólo de un voluntarioso investigador o se trata -más allá del material incriminatorio- de lo que vulgarmente se llama una operación. ¿Hasta dónde está complicado Alvarez en la licitación de Giacomino? ¿Se pueden tomar decisiones de ese tipo con ignorancia de sus superiores? No se sabe tampoco por qué buenos informantes utilizan el apellido Capucetti, segundo de Alvarez en casi todas las funciones de éste, como uno de los factores clave de este enjambre de historias. Por no mencionar al actual director de Repsol YPF, Carlos Tempone, el hombre que Duhalde puso en ese cargo y Kirchner no removió.

A Béliz también le reservan algún dardo -finalmente no nació a la política de un repollo-, pero más inquietante es el cuadro de las dos instituciones policiales, las dos más grandes del país, ambas descabezadas y sin rumbo. Con mucha seguridad y mucha inseguridad, es un despropósito igual. Más cuando Alvarez en la provincia tuvo que prometer a la cúpula que no habría purgas -cuando parece que debía continuar con las que había iniciado Juan Pablo Cafiero (quien, claro, prefirió irse y no cargar con esa responsabilidad si no iba a proseguir en la función)-.

Por lo tanto, hoy hay fronda en la Federal para la sucesión de Giacomino (¿será el número dos quien lo reemplace?) y las nuevas jerarquías, conmoción por las denuncias que afectan a la Policía y la promesa de Giacomino de decir toda la verdad cuando se lo pida el juez. Tal vez sería conveniente que hablara antes, para evitar el suspenso.

• Connivencia

Mientras, en la Bonaerense, sigue el conflicto por el patrimonio mal o bien avenido de los comisarios, la resbalosa situación que encontró Alvarez -no olvidar que ya estuvo en ese cargo y no puede alegar ninguna clase de ignorancia- y algún tipo de advertencia: si los policías se han cargado de clamores por enriquecimiento personal, por tener desarmaderos o casas de masajes, ¿quien autorizó las habilitaciones? El sistema político es ajeno a este proceso o, como denunció un ex funcionario de Solá (Marcelo Sain), hay connivencia entre los dirigentes y la Policía. Algún pez gordo, si uno observa, será por lo menos rozado en este nuevo capítulo de una serie que no acaba mientras los espectadores soportan asaltos, secuestros express o secuestros de plazo indefinido.

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