Eduardo Duhalde puede jurar que no va a ser candidato a presidente. Sin embargo, hay otra promesa que le está vedada: no podrá decir que renuncia a tener una Corte Suprema de Justicia propia. Ayer su eterno negociador judicial en la superficie y debajo de ella, León Arslanian, mantuvo una charla prolongada y secreta con el ministro Carlos Fayt.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A esta altura de los acontecimientos resulta obvio que a Fayt lo están encerrando en una pinza. Desde el Congreso lo amenazan con que lo van a degradar, operación a cargo de legisladores con menos pergaminos y autoridad moral que este especialista en derecho público. Desde Olivos lo envían a Arslanian a que lo convenza. Como se les reprocha a las comisarías del conurbano, donde el reo se enfrenta al verdugo y al consejero. Al pobre Fayt, a esta altura de su vida, le están haciendo ver las dos carátulas con forma de picana.
El emisario es experto en persuasión de magistrados. Prestó esos servicios para Carlos Menem, cuando paseaba con María Romilda Servini de Cubría por los bosques de Palermo tratando de inclinarla favorablemente en una causa mortificante para la familia del riojano.
Con la misma solicitud, este penalista reportó más tarde a Duhalde, quien lo puso al frente de la Bonaerense para una operación que, a esta altura, debe ser vista como un maquillaje. Desde allí, Arslanian se concentró en monitorear el caso del terrible asesinato del periodista José Luis Cabezas y se dice que lo hizo con tanta aplicación que hasta habría redactado algún fallo para ahorrar trabajo a los jueces intervinientes. En esas operaciones agotó el crédito ganado en los '80 como integrante de la Cámara Federal que juzgó a las Juntas Militares.
La consigna, hace una semana, fue «cargarse al viejo», y ayer el duhaldismo salvaje, al que se incorporan los pulcros Juan Carlos Maqueda y Arslanian, festejaba haber doblegado a un juez de 84 años, Fayt, quien podría renunciar en las próximas horas y dejar espacio para otro candidato de la rama bonaerense de la Justicia.
A esta altura, resulta casi indiferente determinar si se tratará de un peronista o de un radical, ya que el alfonsinismo se ha subsumido en el PJ duhaldista hasta licuarse en un mismo coloide bonaerense. Raúl Alfonsín es un experto en sacar provecho del sagrado repudio a las «cortes adictas»: con ese argumento le sacó una banca a Menem en el Pacto de Olivos y ahora se dispone a hacer lo mismo con Duhalde.
En una escena del film «La Violetera», Ralf Vallone le solicita a Sara Montiel que transmita un mensaje. Ella le advierte: «Yo soy violetera, no mandadera». Arslanian parece preferir la profesión repudiada por la florista, salvo para los que piensan que se está gestionando su propia jubilación. Aunque no es un hombre que requiera emolumentos públicos -le explicó a un ministro de Duhalde que duda ir a la Corte porque está ganando fortunas como abogado-, tampoco rechaza cargos estatales. Hizo una enorme fortuna, es cierto, después de pasar por el menemismo y el duhaldismo.
El Presidente que le encarga la gestión, en cambio, sí tiene otras urgencias. Está obsesionado, como casi todo su entorno, por su futura «seguridad jurídica» una vez que abandone el gobierno. Sobre todo después de ver cómo poderosos y poderosas ingresan en la prisión sin mayor alboroto. Duhalde teme una derivación carcelaria y por eso no es casual que insista a diario con que su gobierno no tiene denuncias de corrupción por más que los funcionarios públicos, en su mayoría, no puedan explicar la ropa que usan con el sueldo que ganan. Es cierto, con la oficina anticorrupción desactivada, nadie se hace preguntas por el manejo del juego ni por la administración de la publicidad oficial ni por la gestión en el COMFER ni por la negociación de los cánones que no pagan algunos concesionarios de servicios públicos. Son penumbras que en algún momento tal vez requieran, si no una Justicia adicta, una Corte «razonable». Duhalde lo copia a Menem hasta en el último detalle: igual que el otro, se viste en George.
Dejá tu comentario