Washington (EFE) - Tras los últimos envíos de ántrax a redacciones de medios de comunicación, el miedo se ha apoderado especialmente de los periodistas en los Estados Unidos, quienes se sienten objetivo del terror.
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La recepción de cartas con polvo de ántrax en edificios como el de Florida, que acoge las redacciones de diarios sensacionalistas de los Estados Unidos, y el hecho de que al menos otros dos sobres, uno de ellos contaminado, fueron recibidos en la cadena de televisión NBC y el diario «The New York Times», parecen confirmar que la prensa es ahora blanco de las iras terroristas. Las medidas de seguridad en todos los medios de comunicación se han incrementado al máximo, y en diarios como «The Washington Post» se han establecido nuevas reglas para el manejo del correo.
A pesar de que este diario capitalino no ha sido hasta ahora objeto de ningún envío contaminado, se ha puesto en estado de máxima alerta después de que el viernes sus colegas del «The New York Times» tuvieron que desalojar el edificio ante la recepción de una carta que contenía polvo sospechoso. Los análisis de la carta del «Times» dieron negativo, pero aún así el diario se vio obligado a dar todo tipo de explicaciones a sus lectores sobre dónde y cómo se imprimieron los ejemplares que llegaron finalmente a sus manos. Rich Lowry, director del semanario «National Review», entiende que el temor de la prensa es lógico, ya que «si alguien quiere conseguir atención, ¿qué mejor que atacar a la gente que interviene en el proceso de opinión?».
Los periodistas en este país coinciden mayoritariamente con la opinión expresada por Steve Coz, director del «National Enquirer», uno de los tres periódicos sensacionalistas objeto del primer ataque por correo con ántrax en Florida, y que afirma que todos los periodistas están «en el mismo barco». Los periodistas son conscientes de que la prensa en este país es tan «símbolo nacional» como lo podía ser el World Trade Center o lo es el Pentágono. Además, en opinión de la columnista del «Time» Margaret Car lson, existe el agravante de que para los terroristas los medios de comunicación son «instrumentos del gobierno o del poder, y por eso son importantes».
En estas circunstancias, la inmensa mayoría de los periodistas no cree que la situación vaya a mejorar, sino que, como opina el director de «Newsweek», Mark Whitaker, hay que esperar algo «grande» en relación con el ántrax.
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