Diego Maradona logró superar las más de dos horas y media
de discurso de Hugo Chávez en el cierre de la contracumbre
del estadio mundialista de Mar del Plata.
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La diferencia es que en este caso los uniformados eran los encargados de organizar la distribución de lugares y la disposición de militantes en el campo de juego. Pero la duda era otra.
Había más delegados cubanos en el evento de Bonasso, pero haciendo circular documentos (cual émulos de la Policía Federal o la bonaerense) para verificar quiénes eran los que ingresaban en los palcos y quiénes no. Estas inquietudes eran discutidas abiertamente entre las mesas de los presidentes visitantes a la cumbre oficial, y circulaban de mesa en mesa la noche del viernes. El menú fue bien kirchnerista, preparado para la ocasión por el chef Francis Mallman, el predilecto de Cristina Fernández de Kirchner, y que ya había organizado un evento similar cuando el español José Luis Rodríguez Zapatero visitó Buenos Aires hace unos meses. En este caso, la elección fue, obviamente, cordero patagónico y ojo de bife pampeano, que siguió a unas centollas fueguinas. Menú lejano a Mar del Plata y muy cercano a los múltiples patagónicos que pueblan el gabinete de Néstor Kirchner. El postre fue quizá lo más argentino: milhojas con dulce de leche.
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