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Era la madrugada del lunes y ni la Alianza ni los cavallistas daban señales de querer pasar a un cuarto intermedio en la sesión de Diputados. Mientras muchos dormitaban en las bancas, seguían hablando los casi 70 oradores que demandó el debate en general de la ley de poderes especiales. Hacia las 2 el peronista santafesino Oscar Lamberto se animó a plantear la cuestión: «Estamos todos reventados, por qué no pasamos a un cuarto intermedio». «No, sería una irresponsabilidad, los mercados están nerviosos y tenemos que aprobarla antes de la mañana», le contestó el cavallista Alfredo Castañón.
Un rato más tarde insistió. Fue tan tajante la negativa de radicales y frepasistas que los peronistas contestaron: «Está bien, no vaya a ser que algún broker se ponga nervioso y nos hagan pelota los mercados». Mucho más tarde, o más temprano, según se interprete, a las 13.30 los diputados estaban abatidos y, en realidad, la ley mucho no había avanzado ya que en particular sólo se había podido aprobar el inciso 1 del primer artículo. Fue entonces cuando los adormecidos Lamberto, Humberto Roggero y Jesús Rodríguez cerraron un acuerdo para pasar a cuarto intermedio hasta las 18, plazo que no se cumplió ya que la sesión comenzó mucho después. Un poco más tarde Roggero se encontró con el radical Horacio Pernasetti, que le pidió: «Humberto, no podemos tener una sesión maratónica como la de ayer. Reduzcamos los oradores a 3 por bloque», le dijo. «¿Vos estás loco?, yo tengo 30 anotados por cada subloque», le tiró el jefe del PJ. Allí se supo que el resto del debate se demoraría, al menos, un día entero más.
Los aliancistas estaban ayer con la amargura de quien tiene que hacer a la fuerza algo que rechaza. No dan nombres ni hablan en público, pero se quejan de tener que delegar poderes especiales en el Ejecutivo sabiendo que el destinatario político no es De la Rúa sino Cavallo. «Nos robó el gobierno y todavía tenemos que rendirle pleitesía», decían mientras obedecían las órdenes de los negociadores del ministro, Horacio Liendo y Alfredo Castañón. Ayer tuvieron la posibilidad de jugar un rato con esa bronca cuando, después del cuarto intermedio pactado, no volvieron a presentarse en el recinto para continuar la sesión a la hora fijada. Hacia las 22, es decir cuatro horas después de lo pactado, sólo había en el Congreso 122 diputados en total. Es decir, nueve menos que lo exigido para el quórum. Para bajarles aun más el ánimo, los peronistas se acercaron al bloque radical hacia las 21 para contarles la excepcional recepción que Cavallo había tenido en Madrid por parte del gobierno español. Graciela Camaño no pudo con su ironía y los chicaneó: «Saben que al 'Mingo' lo recibieron con el protocolo de jefe de Estado. Por lo menos que sirva para conseguir una rebaja de tarifas. La que no pudo traerse Machinea», dijo. Nadie pudo contestarle.




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