Bergman: "Antes eran 40 ladrones, hoy uno solo"
Imparable ante un micrófono, el rabino Sergio Bergman sigue construyendo su leyenda como opinador sin pelos en la lengua. Prestigioso desde hace tiempo en la comunidad judeo-argentina, este religioso saltó a la popularidad cuando habló en la última marcha de Juan Carlos Blumberg y calificó al gobierno como un intento de monarquía constitucional. Ahora dio un reportaje a la revista parlamentaria «Cuarto Poder» en el cual es despiadado con los políticos, especialmente del oficialismo. Señaló a Néstor Kirchner por el manejo de los fondos de Santa Cruz depositados en el extranjero, habló de Alí Babá y los 40 ladrones -que ahora es uno solo, ironizó-, pero también dijo creer que hay esperanzas de cambio en la política. Vamos a lo más interesante de ese reportaje a Bergman.
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P.: ¿Por qué?
S.B.: Porque como hablamos a favor o en contra del gobierno nacional y el hecho pasó, el tema fue clausurado. En una república, el tema -la investigación por el intercambio de bienes y favores por votos- se hubiera inaugurado.
P.: ¿Por qué cree que pasa eso?
S.B.: No hay vocación ciudadana. Y eso no es adjudicable al gobierno. Es nuestra sociedad.
P.: Pero el Presidente fue elegido en una votación democrática.
S.B.: Sí. Antes existían Alí Baba y los 40 ladrones. Ahora hay uno solo.
P.: ¿Usted está diciendo que el Presidente es un ladrón?
S.B.: ¿Cómo debe interpretarse lo que ha pasado con los fondos de Santa Cruz?
P.: ¿Tenemos el gobierno que nos merecemos, entonces?
S.B.: No sé si el que nos merecemos pero, por si no lo mereciéramos, no trabajamos lo suficiente para cambiar. Y hablo de cambios pacíficos. La modificación vendrá de la sociedad civil. La apatía es cómplice del estado de las cosas. No estamos dispuestos, la mayoría de los argentinos, a sacrificarnos por el bien común. Estamos suicidando el futuro.
P.: Usted es rabino, ¿cómo se empalma su tarea con sus fuertes opiniones políticas?
S.B.: Nuestro trabajo es, desde lo espiritual, señalar o hablar sobre lo que vemos mal. No es mala palabra la política. Lo digo en el sentido aristotélico. Otra cosa es la política partidaria. Nuestro desafío, el de la política cívica que pregonamos, es transformar a un habitante en un ciudadano.
P.: ¿Cómo se hace?
S.B.: Vea el caso de Misiones. Los oprimidos, los sumergidos en la esclavitud de las prebendas no vendieron su alma. A su modo, nos dijeron que el respeto por el vencimiento de los plazos -en este caso, un mandatoes una garantía constitucional. Y respetar los derechos humanos es respetar las garantías constitucionales. Las víctimas de los derechos humanos que fueron violados en el pasado deben ser recordadas. Pero no respetar las garantías constitucionales es también una violación. Y debemos trabajar para, pacíficamente, impedir que ello ocurra. Porque esta tarea es una manera de reparar lo que pasó.
P.: Y eso se hace con ciudadanos.
S.B.: De habitantes a ciudadanos. Eso significa compromiso. La política civil devendrá entonces en nuevas formas de partidos políticos. Porque, como sociedad, tenemos una cultura de ídolos, no de próceres. De los próceres lo que tenemos es un fin de semana largo. ( Risas.)
P.: ¿Cómo imagina, entonces, la nueva política?
S.B.: Como una plataforma de valores y con ideas de la socialdemocracia europea.
P.: ¿Qué otra cosa advierte?
S.B.: Necesitamos orden. La gente le teme a la palabra orden porque la asocia con represión. Necesitamos valores. En la Constitución nacional hay valores. El Preámbulo es fundante. Raúl Alfonsín lo usó. Lo que hizo después es otra cosa.
P.: ¿Qué opina del aborto?
S.B.: Mi opinión está regulada por la tradición judía que no lo considera un asesinato. Para el judaísmo existe la vida humana a partir del alumbramiento, no de la concepción como lo reivindica la fe católica. Lo que no quiere decir que esté a favor del aborto. No quiero una habilitación pero tampoco una penalización. Hay que considerarlo como una situación de excepción y no un ejercicio libre.
P.: ¿Y de la homosexualidad?
S.B.: Se debe respetar la voluntad de elección de cada ciudadano. Pero para la tradición judía es importante tener hijos.



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