31 de octubre 2001 - 00:00

Bullrich vs. Sartor, por "piñata" de De la Rúa

Hizo mal Pablo Verani al exagerar con amigos que Fernando de la Rúa lo había premiado con el Ministerio de Desarrollo Social, donde se designó a su fiel seguidor y ex chofer Daniel Sartor (manejaba el auto en el que se accidentó Raúl Alfonsín durante su travesía patagónica). La compadrada le duró un suspiro: ahora está claro que Sartor fue puesto allí para sostener una corrida en el dominó del gobierno cuando renunció Juan Pablo Cafiero obligando a De la Rúa a acelerar sus decisiones. No pasó una semana de su designación, y Sartor ya debió tolerar que se firme otro decreto que dispone la transferencia de las principales partidas de su cartera a una nueva agencia de acción social que dependerá de Patricia Bullrich. Ahora los fondos deberán repartírselos entre ambos, como si el presupuesto fuera una piñata, pese a que ayer buscó el auxilio de los ministros provinciales del área.

La ministra también estrena cargo: será titular de Seguridad Social, área en la cual la ANSeS es la piedra preciosa, por tratarse de la mayor base de datos del país sobre la que pueden montarse planes de acción social, reformas a las obras sociales, un padrón de beneficiarios en casos de accidentes de trabajo, etcétera.

Chrystian Colombo, Raúl Alfonsín, Enrique Nosiglia y muchos otros «boinas blancas» habrán aprendido que De la Rúa es lento -consiguió que a Arturo Illia lo comiencen a llamar «la Liebre», como sucede en estos días-, pero tenaz. Los fondos sociales estarán, por subterfugios del organigrama, en manos de la Bullrich, quien, como se sabe, reporta políticamente a la mesa íntima de Olivos, que preside Antonio de la Rúa.

Distribución

Bullrich se instalará hoy en su nuevo despacho, en el edificio de Córdoba al 700 donde funciona la ANSeS. Allí tendrá la sensación de que todo está por hacerse y comenzará a distribuir a sus colaboradores en los distintos pisos: en uno, Douglas Lyall; en otro, Jorge Sanmartino; más allá, Juan Manuel Velazco, encargado de organizar la agencia que se quedará con los fondos de Sartor, definitivamente vampirizado.

Algo parecido le sucede a Ramón Mestre, quien debe gobernar la seguridad del país hecho, él mismo, un plazo fijo: el 10 de diciembre lo reemplazará Rafael Pascual, y él deberá pelear con Héctor Lombardo por la cartera de Salud. Lombardo confía en permanecer gracias a la tarea de lobby que Félix Anguilesi, el sobrino de Inés Pertiné, realizó en Olivos y en el despacho de Colombo.

«Pobre Daniel, le dieron un ministerio residual, casi una broma, que verá su final en diciembre», comentó ayer un amigo del rionegrino. Verani parece haber reaccionado con menos tolerancia. En la intimidad de su residencia de Viedma, se descargó contra la broma de mal gusto que le hizo De la Rúa diciéndole a su vicegobernador Bautista Mendioroz: «Si no toma medidas que generen expectativas, al gobierno le quedan tres semanas». Sin embargo, es posible que el gobernador se tenga merecida la burla. En rigor, la designación de su discípulo nunca fue un premio para él, por más que mostrara el cargo como una condecoración (dicen que en la «carpeta» comenzaron a llamarlo «As de cartón»). Sartor llegó a secretario de la mano de los hijos del Presidente y de sus amigos, aunque tampoco ellos lo querían ministro. Preferían y siguen prefiriendo a Bullrich.

Patetismo

La situación de Sartor es patética, más allá de que Verani lo defienda hasta el punto de divulgar pronósticos inconvenientes para el gobierno. Llegó a una cartera en la que en diciembre lo único que le quedarán son organismos muy dignos, pero estériles desde el punto de vista político: el Consejo Nacional del Menor y la Familia, la Dirección Nacional de Atención al Discapacitado, el Instituto de Asuntos Indígenas y la Dirección Nacional de la Juventud. Como casi todos ellos tienen que ver con leyes impulsadas por De la Rúa, están presididos por allegados directos del mandatario, con lo que Sartor jugará a las visitas en su propia cartera.

Mientras tanto, la reforma de ministerios que lleva adelante De la Rúa va mostrándose cada vez más endiablada. Como señalaba ayer uno de sus colaboradores más íntimos: «Queríamos juntar todos los programas sociales en una sola cartera, pero ahora tenemos tres: Trabajo, Seguridad Social y Desarrollo Social; también queríamos ir a un esquema de 6 ministerios, y tenemos 12».

El funcionario no debería asombrarse: De la Rúa fue siempre reconocido como procesalista, pero el derecho administrativo, está a la vista, no es su fuerte. Basta recordar lo que le pasó con el Ministerio de Infraestructura. Fue el único que agregó al esquema que heredó de Carlos Menem. Y fue el primero en ser suprimido, cuando expulsó de su entorno a Nicolás Gallo. Pero lo más extraordinario es que, cuando Domingo Cavallo ingresó en el gobierno, volvió a crearlo en una incomparable exhibición de delarruismo explícito.

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