2 de octubre 2003 - 00:00

Cafiero, víctima ayer de Darwin

Lo que pudo ser un momento de ceremoniosa introspección se convirtió ayer en el Senado en un paso de comedia de enredos. Gracias a Antonio Cafiero, el homenaje en el Senado a José Ignacio Rucci, el líder sindical asesinado el 23 de setiembre de 1973, no terminó en lágrimas sino en carcajadas. No hace falta aclarar que no fue algo deliberado, sino producto de una inolvidable «gaffe» del veterano senador.

Varios legisladores que escuchaban desconcertados el discurso de Cafiero terminaron -en secreteos varios-por darle la razón al correntino Angel Pardo quien, hace un par de semanas, dudó de la cordura del bonaerense, a propósito del revival de las denuncias por supuestas coimas en el «viejo Senado» que compartieron Cafiero y Pardo.

Al principio de la sesión, Cafiero pareció encaminarse hacia una extensa, pero bien historiada evocación de Rucci. Estaban en las galerías la viuda, Nélida Blanca Barrio, y los hijos de ambos, Aníbal y Claudia Mónica, como los mencionó el propio legislador. La escena parecía propicia para la emoción.

•Dispersión

Con su tono habitual, impostó la voz y, girando de derecha a izquierda en su butaca, lanzó el cliché: «Voy a hablar brevemente de un gran compañero, de un gran amigo, de un gran argentino y de un gran peronista». Con memoria prodigiosa, Cafiero señaló que «su primer trabajo fue en un establecimiento metalúrgico, allá por 1944, y desde entonces no abandonó esa condición obrera que lo distinguió a lo largo de su vida. Vino a Buenos Aires», abundó en la historia de Rucci. «Fue delegado en la fábrica Catita, que todos los que tenemos algunos años recordamos; allí se fabricaban heladeras y electrodomésticos de aquel entonces», comenzó a dispersarse.

Después de la caída del régimen peronista en el '55 y de la prisión que sufrió, «José Ignacio Rucci fue designado interventor en la Unión Obrera Metalúrgica, de San Nicolás, acompañado por un distinguido miembro de este Parlamento -que el presidente tiene a su derecha-, que en aquel entonces militaba en las filas de los metalúrgicos peronistas...».

Cafiero se refería al prosecretario parlamentario, el radical alfonsinista Manuel «Manolo» Canals, quien en esa época era delegado sindical clasista y no militaba en el PJ, según él mismo relató a este diario y a pesar de la sentencia cafierista. Esa equivocación hubiera bastado para generar un revuelo. Pero lo que llamó la atención de sus compañeros de bloque fue que, al aludir al presunto pase de Canals del justicialismo a la UCR, hablara de evolución. Cristina de Kirchner se movió nerviosa en su escaño, apenas escuchó semejante sentencia.

«No reprocho que con el tiempo haya evolucionado; a lo mejor lo ha hecho para bien. Pero es bueno recordar esa amplitud de criterio que tenían los metalúrgicos, tan acusados de sectarios durante la época brava de la resistencia contra la dictadura militar»
, subrayó Cafiero decidido a repartir elogios.

Jorge Yoma
rompió el silencio y pidió explicaciones con tono cortés. «¿Escuché que dijo 'involucionado' o 'evolucionado' cuando se fue del peronismo?», interrogó con un fondo de risas, similar al de una sitcom estadounidense.

Cafiero, confundido en sus propias palabras, intentó aclarar la situación. O no.
«Depende de la época en que quiera colocarse, senador Yoma. Hay involuciones y evoluciones. Usted las calificará», hizo un coreográfico movimiento verbal que parecía suficiente.

«Yo digo que evolucionó
-siguió sin control-. Después de todo, sea para mal o equivocadamente, también se evoluciona. Pero la vida es evolución. Por lo menos desde Darwin hacia acá, así hemos quedado de alguna manera contestes quienes hacemos alguna incursión por el campo de las ciencias naturales», concluyó en un berenjenal y ante las risotadas del plenario.

A esa altura, nadie entendía por qué quería halagar la
«evolución» de Canals, quien nunca migró del PJ a la UCR. El chubutense Marcelo Guinle aprovechó las carcajadas que tapaban las voces fuera de micrófono, se dio vuelta e improvisó un tributo a Pardo: «Gordo, la verdad que tenías razón: Cafiero está gagá».

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