22 de diciembre 2003 - 00:00

Cambiarían dádivas por puestos reales

Con menos gente, pero más furia, los piqueduros volverán hoy a marchar a Plaza de Mayo como lo hicieron el sábado donde se acoplaron imágenes del Che Guevara con una postal que remite al peronismo: manifestantes refrescándose en una fuente.
Con menos gente, pero más furia, los piqueduros volverán hoy a marchar a Plaza de Mayo como lo hicieron el sábado donde se acoplaron imágenes del Che Guevara con una postal que remite al peronismo: manifestantes refrescándose en una fuente.
En cinco meses, el gobierno redujo 7,6% la cantidad de subsidios de $ 150 que entrega a desocupados. Esa disminución marca la tendencia que Néstor Kirchner busca imprimir a su política social: no incorporar nuevos beneficiarios y activar una paulatina reducción de cupos.

Las primeras bajas masivas surgieron como factor de tensión en el vínculo entre el gobierno y los piqueteros, además de la compleja relación entre el patagónico y los jefes territoriales que controlan, casi a su antojo, el reparto de los planes asistenciales.

• Achique

De todos modos, se aplicó: en junio pasado, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo, se pagaron 1.978.149 subsidios mientras en diciembre la cifra se achicó a 1.827.388. Se trata de 150.761 planes menos.

La mayoría de esas bajas se produjo en la provincia de Buenos Aires: sobre las 150 mil del período, 67.528 correspondieron a beneficiarios bonaerenses. Eso explica el enojo de algunos jefes del peronismo de Buenos Aires, como el matancero Alberto Balestrini.

En el balance general en todo el país, entre junio y diciembre, se logró un «ahorro» de 22 millones de pesos por mes que, en medio año, permitió acumular casi los 100 millones que Economía destinó a pagar al aguinaldo social de 50 pesos que concedió Kirchner a los piqueteros.

Pero no es un caso aislado: en esencia, forma parte de un esquema integral que intenta -con el impulsado por de la ministra de Desarrollo Social,
Alicia Kirchner, y de su par de Trabajo, Carlos Tomada- ir reduciendo de manera paulatina la cantidad de subsidios otorgados.

Y, en paralelo, «optimizar», según el término que usan los voceros oficiales, el uso de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Ese megamodelo se apoya en dos cuestiones básicas:

• Otorgar mayor control a las ONG en los consejos consultivos con la incorporación de «más» ONG a esas mesas encargadas de controlar la ejecución de los planes. Eso no se haría modificando el esquema de funcionamiento de los consejos -para dar más poder a las ONG- sino
ampliando la cantidad de «votos» no políticos. Hoy, el grueso de los consejos está manejado por intendentes que, en muchos casos, ni siquiera hicieron la convocatoria a «organizaciones de la comunidad» que establecía el decreto de creación del Plan Jefas y Jefes. Además, A. Kirchner quiere unificar los consejos que funcionan en forma paralela en varias provincias y municipios: unos para el plan Jefes, otros sobre emergencia alimentaria -dependen de Desarrollo Humano- y otros sobre medicamentos (en el marco del plan Remediar del Ministerio de Salud). De ese modo, también se busca «despolitizar» los consejos. En realidad, ambos movimientos tienen por objeto realizar un control menos político y clientelista de los cupos. La sospecha del gobierno es que «muchos» de quienes reciben planes no cumplen con los requisitos establecidos y que eso es por la falta de control.

• Pero el objetivo central es
reducir en forma progresiva la cantidad de cupos mediante -según la versión oficial- la incorporación de los beneficiarios al circuito laboral. Esa es la consigna, casi mecánica, que repiten los funcionarios, especialmente «los» Fernández, Aníbal y Alberto. El ministro de Economía, Roberto Lavagna, dijo que «80 mil» dados de baja en los últimos meses se sumaron al mercado del trabajo. Es, de todos modos, difícil «chequear» si esa traslación que informa Lavagna es real o, simplemente, se trató de beneficiarios «truchos» o injustamente dados de baja. Pero el punto es que el gobierno quiere reducir la cantidad de cupos otorgados, derivándolos a tareas productivas, por lo que recurre al programa Manos a la Obra que maneja A. Kirchner y establece la entrega de subsidios de entre 5 mil y 15 mil pesos a emprendimientos productivos. Ese programa ya está en funcionamiento y pretende actuar como motor para que los subsidios comiencen a producir. La otra alternativa, que dio bajos resultados, es la que incentiva a las empresas que toman a subsidiados. Serán, por una vía u otra, un camino largo.

• Depuración

Por eso, se demoró el definitivo traspaso del Plan Jefas y Jefes del Ministerio de Trabajo al de Desarrollo Humano, «mudanza» que estaba pactada desde mediados de año, iba a realizarse sobre fines del corriente, pero finalmente recién en «tres o cuatro meses», según fuentes oficiales, se instrumentaría.

En esencia, A. Kirchner quiere que, cuando le deriven el plan Jefes, éste ya se haya depurado y esté concentrado al universo de desocupados «reales» que necesitan asistencia social. Es decir:
que la liberen de tener que lidiar con los batallones de punteros políticos y piqueteros.

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