¿Qué es una campaña de reelección? Una campaña de reelección es, en gran medida, una redundancia. Hay que explicar por qué, después de cuatro o seis años de gobierno de determinado político, otros cuatro o seis del mismo van a ser necesariamente superiores. Naturalmente, sin caer en la autocrítica: ¿quién va a confiar en alguien que, después de ese cuatrienio, promete que lo que viene va a ser mejor? Otra cosa es si el primer gobierno fue brillante, o al menos pareció serlo -como el de Carlos Menem-. Ahí basta con prometer más de lo mismo. Pero, cuando los espejismos de una primera etapa parecen caerse en pedazos ante una crisis de infraestructura en seguidilla que abarca trenes, vías públicas, sistemas de energía y seguridad ciudadana, se necesita vestir lo mismo con la imagen de lo diferente. A Néstor Kirchner con Cristina Fernández de Kirchner, como es el caso.
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Afiches callejeros y proclamas radiotelevisivas anuncian que «se viene el cambio». Es más: Cristina Fernández de Kirchner anuncia que «no hay que temerle». Simultáneamente, el presidente en funciones no vacila en decir que «si ella llega y hace un gobierno de 5 puntos, yo vuelvo en 2011». De esta serie de contradicciones, emergen varias cosas claras. Una, que esta es una campaña de reelección multiplicada por 2 y medio. Que aspira a 12 años de kirchnerismo consecutivo, con una serie de pequeñas trampas discursivas en el medio. Vale decir: si Kirchner lo dejó satisfecho, vote a su consorte; si no, vótela igual, porque ella es la única capaz de cambiar, a falta de una oposición sólida, los defectos de lo que dejó su esposo; y si en los próximos cuatro años los resultados de K2 lo satisfacen, volvamos a la cinta de Moebius que puede llegar a garantizar 16 años de kirchnerismo, más allá de prescindibles cuestiones de género. Vale decir: Kirchner ocupa todos los espacios y todos los futuros, que es en lo que se parece a la matriz del peronismo clásico.
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