Capital: desde el año 2000, la izquierda perdió 30% de votos

Política

Interesa conocer el análisis poselectoral que hace el trotskismo del Partido Obrero tras la victoria en la primera vuelta en Capital de Mauricio Macri. No tanto por las conocidas invectivas contra los ganadores -obvio en todo perdedor que sabe escribir-sino por la autocrítica por la performance de la izquierda en esa confrontación en las urnas. Según el cálculo del partido de Jorge Altamira, la izquierda ha estado 30% por debajo de los votos del año 2000, que es cuando le fue mejor. Ahora el Partido Obrero llama al voto en blanco en el ballottage. Así lo argumentó en el último número del periódico partidario «Prensa Obrera».


Aunque la izquierda elevó su votación respecto de 2005, estuvo sin embargo 30% por debajo de los registros de 2000 y de 2001, es decir anteriores al Argentinazo. O sea que el voto a la izquierda anticipó la crisis de diciembre de 2001, pero no capitalizó los resultados. Es un hecho que, fuera del Partido Obrero, la izquierda ha crecido desde entonces en la cantidad de escisiones e incluso de disolución política. El Argentinazo no la reforzó sino que la hizo explotar -es lo que hacen las crisis con las fuerzas políticas según su grado de debilidad-. En el campo de los partidos capitalistas el resultado fue aun más demoledor, como lo prueban las «tres» candidaturas de la última elección -que no respondían a ningún programa ni organización-. Lo que algunos podrían interpretar como la superación de los programas socialmente divisionistas y antagónicos y de las luchas de clases, no es otra cosa que la política burguesa convertida en un puro espectáculo.

Dentro de la izquierda, la corriente que consiguió el objetivo de elegir una legisladora, el MST, se caracterizó por presentar a candidatos que declaraban ser ajenos a sus filas, para mejor afirmar su disponibilidad a cualquier política y hasta para disimular la responsabilidad que los medios le adjudican en las luchas populares.

Durante toda la campaña, el Partido Obrero fue objeto, en cambio, de un feroz ataque macartista, vinculado a nuestra presencia en las luchas obreras, e incluso el Presidente denunció que esa participación oficiaba como medio de campaña electoral.

Kirchner, que se adjudica el lugar de jefe del movimiento popular que abrió una nueva etapa en la historia argentina, no tiene la menor intención, sin embargo, de remontar los veinte puntos que lo dejaron a la cola de un simple Macri, que solamente conoce el goce de lo que recibe en herencia. Su objetivo es más estrecho: manejar la campaña de las elecciones a Senadores y Presidente en la Capital en octubre, mientras los opositores todavía tienen que definir incluso su «espacio».

Naturalmente, el pretexto de una pelea contra Macri será usado para denunciar cualquier oposición política al gobierno como funcional al macrismo, ni qué decir de las luchas que se produzcan en este período.

Seguirán extorsionando a los compañeros del subte y ofreciendo pretextos a la dirección de Foetra para seguir en «conciliaciones» sin salidas. El macrista vergonzante de la primera vuelta querrá convertirse en el fiscal del pueblo en la segunda; pero si se le va la mano en la violencia que le imprima a la campaña correrá el riesgo de agrandar las diferencias de puntos que lo separan del ex «Mauricio» (ahora Macri). Pero apoyar a Filmus para «que no gane Macri» sería no solamente apoyar al gobierno represor de Santa Cruz, al gobierno de la Gendarmería y del encubrimiento del «gatillo fácil».

Este apoyo sería un golpe político contra las luchas obreras y populares. Pero sería algo más, porque Macri no es otra cosa que la versión anticipada de la orientación que el propio oficialismo está anunciando para después de octubre: liberar los precios y las tarifas, proseguir la entrega petrolera y energética, pagar la deuda al Club de París, reacomodar las relaciones con el imperialismo yanqui, profundizar la integración internacional en la estrategia del sionismo.

En definitiva, la «lucha contra Macri» es la pantalla de un gobierno que se apresta a cumplir con todas exigencias... de los Macri y López Murphy. ¿No sería estúpido comprar una ropa que va a quedar fuera de moda, incluso por decisión de sus dueños?

(...) De repente, el kirchnerismo se acordó de «quién es Macri». Durante dos meses sólo se acordaba de Telerman: le hizo una guerra tan brutal que favoreció la victoria de Macri por más de 20 puntos. Ahora que el triunfo del macrismo en la segunda vuelta es casi un hecho advierte que no votar a su «pollo» Filmus implicaría «hacerle el juego» a los 90 -precisamente lo que Kirchner y Alberto Fernández estuvieron haciendo hasta ahora sin el menor escrúpulo-.En realidad, al kirchnerismo le importa un bledo que Macri llegue a jefe de Gobierno; lo que pretende ahora es monopolizar la oposición en la Ciudad de Buenos Aires y realizar su objetivo de consagrar una polarización « centroizquierda» versus « centroderecha», es decir eliminar por completo a la izquierda como una posibilidad de desarrollo en el plano político y a partir de las luchas obreras y sociales.


No hay una pizca de exageración en decir que Kirchner inventó a Macri para que el centroderecha pueda tener un referente político del que carecía por completo. De paso le dio un empujón al costado a Lavagna. Ahora, sin ponerse un poquito colorados, los «progresistas» le advierten al país que si no votan al verdugo de los maestros, o sea Filmus, podría ganar la derecha y que caeríamos bajo el imperio de la «patria empresarial».

En forma simultánea, Kirchner le acaba de entregar a su amigo Cristóbal López la mayoría accionaria del Casino Flotante, o sea el lavado de dinero en la Ciudad, y ha ordenado la represión sin tregua contra sus trabajadores. El súbito «descubrimiento» del apellido Macri pone en evidencia que de haber pasado Telerman a la segunda vuelta los kirchneristas hubieran llamado a votar por «Mauricio».

Hay un aspecto de esta política que no puede ser dejado de lado y tiene que ver con la descomunal derrota que sufrió la fracción kirchnerista en particular, pues en definitiva la lista encabezada por Ginés González García, que armaron los punteros del PJ y Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, solamente obtuvo diez por ciento de los votos, o sea apenas 40% de los votos de Filmus.

Lo que pretende Kirchner con la segunda vuelta es soldar la atadura de los « progres» de Ibarra y de los « comunistas» de Heller al carro oficial, con vistas a octubre. Todavía quedará por ver si esta maniobra no acabará abriendo nuevas grietas en el oficialismo nacional en lugar de cerrarlas.

El mayor interés político del resultado de las elecciones del 3 de junio es la victoria de los partidos denunciados por la corrupción política, pero por sobre todo por haber reprimido las luchas sociales.

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