Si algo le faltaba a la política porteña -con danza de candidatos multipropósito y falta de puestos fijos hacia las urnas 2007- era plegarse al movimiento ecologista y darle forma de partido para la competencia 2007 en cierne. Condimentará así la temporada electoral el lanzamiento del Iniciativa Verde, un sello que está hoy terminando de reunir las cuatro mil adhesiones que requiere la Justicia Electoral para darle permiso a presentarse al cuarto oscuro y que buscará votos de indecisos, desilusionados y jóvenes románticos. El jueves que viene, el legislador Juan Manuel Velasco dará el portazo.
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Dejará el ARI y presentará formalmente el monobloque que llevará igual nombre del reservado para el futuro partido político, Iniciativa Verde. Pero, el exilio de Velasco no es sólo un giro de la naturaleza: es parte de la crisis que atraviesa el ARI de la Capital Federal, con una nueva conducción -a cargo del legislador radical Fernando Cantero- que no termina de ser aceptada por Elisa Carrió y con quien la dirigente mantiene exiguo diálogo, al punto que los aristas porteños son testigos mudos de las conversaciones que la diputada mantiene con Ricardo López Murphy en vías a un posible acuerdo electoral.
Quizás ese desmembramiento, y la expectativa que causa una oferta inexplorada entre el electorado de la Ciudad, aceleró la decisión, que Velasco impulsa junto al ex dirigente de Greenpeace, Pablo Bergel, hasta ahora las caras más visibles de la movida ecologista, que presume expandirse a nivel nacional. El 13 de diciembre próximo se llevará a cabo en Buenos Aires una reunión de la Federación de Partidos Verdes de América, que integran Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, Chile, Colombia, Perú y Venezuela entre otros países, pero no la Argentina. El grupo impulsa la creación de un partido ecologista en estas tierras.
Este tipo de organizaciones políticas se ocupa fundamentalmente de temas ambientales y sus plataformas se diseñan en ese sentido. Por caso, Velasco, de la Comisión de Ecología de la Legislatura porteña, fue autor de la Ley del Aire, que impone control a los vehículos entre otras cuestiones, y de la Ley del Ruido, que busca bajar los decibeles que soportan los porteños día a día.
En Europa los verdes cuentan con representación parlamentaria y se los considera la quinta fuerza política por caudal de votos. También tienen representantes en sus Parlamentos, Brasil (unos 13 diputados) y México -sede de la Federación-, mientras que en Canadá, reporta 4% de votos, pero no logra bancas. Se dará en la ciudad el caso curioso: habrá un representante del partido verde criollo, pero por ahora, no hay partido formal.
Energía nuclear
Alentado por las ONG ambientalistas, el diputado verde de la Ciudad sostiene que «el ARI promueve el uso de la energía nuclear, un uso responsable, pero los verdes no la promovemos», explica como disidencia para justificar su retirada del partido de Carrió. Quizá, una diferencia demasiado fina a los ojos del votante porteño preocupado más por la limpieza de las calles, los baches y el funcionamiento de los semáforos.
Velasco llegó a la Legislatura porteña con la boleta de la efímera alianza que en 2003 conformaron López Murphy y Patricia Bullrich, más precisamente de la mano de ésta, quien en poco tiempo perdió a los tres representantes que había obtenido: María Eugenia Estenssoro se apartó junto a Velasco a un bloque propio y Silvia La Ruffa partió al kirchnerismo, siendo hoy una de las representantes más «albertistas» de su bloque. Luego, el ahora legislador ambientalista, se fue del bloque que formaba con Estenssoro hacia el ARI, donde su referente fue Fernando Melillo, el ex titular del partido porteño de Carrió que con un borocotazo se sumó este año al oficialismo. Si bien Velasco mantiene sintonía con el gobierno de Jorge Telerman, sostiene que «todas las alianzas son posibles porque en este tipo de partidos políticos en general son con el centroizquierda, pero siempre referidas a las demandas ambientales». Un público votante no explorado y el espacio vacante para este tipo de sociedades políticas, alimenta las expectativas del legislador y algunos dirigentes del ARI que se sumarán al experimento con el propósito de atrapar voluntades bajo la consigna de «la búsqueda de un equilibrio entre el ser humano y la naturaleza».
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