Si hubo una víctima del ingreso de Domingo Cavallo al gabinete nacional fue Carlos Chacho Alvarez. No sólo porque dejó a su partido fuera del gabinete sino, sobre todo, porque fue el principal motor para que el desembarco del ministro se produjera. Alvarez pasó ayer casi toda la tarde encerrado con los encargados de traerle alguna buena noticia, es decir, algún mensaje de Fernando de la Rúa invitándolo a volver al gobierno. Pero Darío Alessandro, José Vitar y Rodolfo Rodil no dieron señales positivas.
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La angustia de Chacho es comprensible. El jueves pasado por la noche emitió una orden a través de Ricardo Mitre a los funcionarios frepasistas que discutían, encerrados en el Savoy, la ventaja de abandonar la gestión o «dar la discusión desde adentro». «La idea de Chacho es que (Ricardo) López Murphy se va en tres días; nosotros tenemos que dejar el gobierno y volver con él. Además, si hubiera un plan nuestro para discutir, el único que lo debería llevar adelante es Cavallo porque nosotros, no nos engañemos, no tenemos al hombre.» Adoptado ese criterio, el jefe del Frepaso impartió la orden: «A los botes». Cuál no será la desazón de quienes le hicieron caso y, ahora, con «la ñata contra el vidrio» del gobierno, observan cómo Cavallo volvió al poder con todos, menos con ellos, que fueron los que ayudaron a llevarlo al cargo nuevamente.
En vano Alvarez esperó ayer que Raúl Alfonsín dijera, como él mismo había soñado, que «De la Rúa se fue de la Alianza» y que repudiara el nuevo esquema, atribuido por Chacho a Enrique Nosiglia. Pero Alfonsín habló con De la Rúa plácidamente, emitió un comunicado de apoyo desde el Comité Nacional y se refugió en un restorán a comer con «Coti» y otros amigos, a la espera de que calmen las aguas y se integren hombres propios al gabinete.
Por suerte Fernando de la Rúa advirtió ayer a través de la agencia oficial «Télam» que «es necesario que en breve tiempo se cuente con la presencia del Frepaso en el gabinete nacional porque estamos en un proceso de ampliación de las bases políticas y sociales y no en una Alianza distinta». Dijo también que siente «especial afecto y consideración hacia el licenciado Alvarez».
La confesión fue necesaria porque a media tarde Nicolás Gallo había recomendado a Alvarez revalidar sus títulos políticos en alguna elección «por haber renunciado a un cargo en el que lo había puesto el electorado haciéndole un daño enorme a la Alianza».
Si Chacho espera la convocatoria del gobierno para integrar a su gente al gabinete no es por una repentina pasión por la ejecutividad. El sabe que varios dirigentes de su partido aspiran a mantenerse dentro del oficialismo, como es el caso de Enrique Martínez (quien seguirá al frente de la Secretaría de PyMEs), Alberto Rovere, Rafael Bielsa, Leonardo Sgüiglia, Guillermo Moore de la Serna y Marcos Makón, quien se dará el gusto antes que nadie regresando a su antigua militancia cavallista (ventajas de la doble nacionalidad en la política).
Contraste
Es cierto que la pasión inesperada de estos dirigentes por la administración De la Rúa contrasta con la conducta del bloque de diputados del Frepaso, que por mayoría resolvió repudiar la presencia de Cavallo en el gobierno.
Para Alvarez esta «descentralización extrema del proceso decisorio» (fórmula que equivale en su lenguaje a la más vulgar «acá cada uno hace lo que se le canta») se combina con otro factor de angustia: en el gobierno ya seleccionaron nuevos interlocutores para canalizar la relación con el Frepaso. Así, Aníbal Ibarra habló con De la Rúa -desde el sábado por la tarde-unas 23 veces y se convirtió en el jefe real de todos los frepasistas que pretenden seguir haciendo política desde el gobierno nacional. Dispersión en las propias filas y aparición de liderazgos alternativos son dos fenómenos que el narcisismo de Alvarez no tolera. Aunque lo que más lo angustia fue sentirse traicionado por su ex socio Cavallo, a quien le echa en cara no haber defendido más su ingreso al gobierno (como si entre ambos hubiera un pacto previo). Curiosa distracción de Alvarez, quien no tuvo en cuenta que entre De la Rúa y Cavallo existe un vínculo poderoso, que quedó en evidencia cuando el actual ministro aceptó ocupar una butaca en el portal Educ.ar, del hijo menor del Presidente.
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