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Cristina y Néstor Kirchner
Aun en temas en los cuales EE.UU. nunca pide mucho, los Kirchner han cumplido. Pasaron seis años en el gobierno y nunca han viajado a Cuba; cuando les preguntan por qué, responden que Fidel Castro no les permitía reuniones con los disidentes. Ahora parece tarde, porque Raúl Castro -en movimientos que advierten los que miran estos gestos con lupa- se ha echado en brazos de Lula da Silva. Seguramente con una venia de Washington, Brasil se ha convertido en el nuevo protector de Cuba, reemplazando al devaluado Hugo Chávez -que vale lo que un barril de petróleo, un tercio de lo que valía el año pasadocomo padrino regional a cambio de inversiones. Las mismas que antes le prometían de la Argentina o de Venezuela.
No se apartan los Kirchner de ese ánimo contradictorio que han logrado convertir en su política hacia los Estados Unidos. La mejor forma de tramitarlo ha sido casi no tener relaciones en público con ese país. «Néstor en realidad no quiere tener embajador en Washington», ha confesado uno de los hombres que representó a los Kirchner en EE.UU. Primero lo tuvo a José Bordón, a quien apenas atendían cuando venía a Buenos y desairaban en viajes a ese país como transmitiendo el mensaje de que «nosotros no tenemos embajador». El actual representante, Héctor Timerman, posiblemente prestó servicios más útiles como enviado personal cuando era cónsul en Nueva York, que ahora como representante en Washington. No tener embajador quiere decir no obligarse a ningún ritual de representación, achicar el protocolo hasta lo inexistente y limitar los contactos a la relación horizontal entre los funcionarios. Si algo no ejercen los Kirchner es lo que se llama en estos días «diplomacia pública», la que se exhibe en los movimientos de los mandatarios que se pasean por el mundo, discutiendo sus proyectos con sus pares pero también con expertos y representantes de la sociedad civil de sus países y del exterior. Los Kirchner no habían viajado hasta 2003 al extranjero; llegaron a grandes sin interés -medios no les faltaronen ir más allá de las fronteras del país. Una rareza para estos autoproclamados discípulos de Juan Perón, quien decía que toda política es política internacional. Ya siendo gobierno, la estrategia de deslegitimar a todos los foros de discusión de políticas (la prensa, los partidos, el Congreso, las entidades empresarias y científicas),hizo que los Kirchner también ignoraron la diplomacia. Maltrataron a sus cancilleres como nunca antes ningún gobierno; primero Rafael Bielsa, a quien castigaron mandándolo a casa; después Jorge Taiana, fuera de los movimientos clave ante otros países, como se demostró en la última cumbre de El Salvador, cuando el canciller se enteró por los diarios que, por ejemplo, Carlos Bettini integraría la delegación de embajador en Madrid.
Eso explica también el desaire sistemático a las cumbres presidenciales; dicen, riendo, que esas reuniones son inútiles, recortan por sorpresa los viajes. De esa diplomacia pública sólo parece interesarles lo que ofrece de propaganda, algo que es su negación. Por eso les importaron antes las fotos del arrepentimiento con Hillary Clinton.
La necesidad la obliga ahora a la Presidente a la imagen menos querida: junto a George W. Bush, pocas semanas antes de que éste deje el poder y ya con un reemplazante probándose su ropa. Y por eso sería tocar el cielo con las manos tener otra con el nuevo presidente cuando Cristina de Kirchner visite Washington para la cumbre del G-20.




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