18 de marzo 2004 - 00:00

Carrió declaró contra Menem, "mi enemigo"

Elisa Carrió
Elisa Carrió
Por lo menos fue sincera Elisa Carrió cuando reconoció que tiene «enemistad manifiesta» con Carlos Menem. Una confesión que debería merituar con cuidado el juez Noberto Oyarbide, aunque ya se empieza a dudar de la imparcialidad del magistrado federal.

Durante algo más de una hora, la líder del ARI contó ayer al juez y al fiscal Carlos Stornelli la labor que, junto con los ex diputados nacionales Ricardo Gutiérrez y Graciela Ocaña, cumplió en la comisión de investigación de lavado de dinero y en el seguimiento de supuestas cuentas del ex presidente.

Aunque Carrió es útil a los fines de Oyarbide y del fiscal Stornelli, no resulta una garantía de ecuanimidad en un caso que está rodeado de intereses.

• Antiguo encono

Se sabe que la jefa del ARI tiene desde siempre un especial encono contra Menem. Fue oportuno que sincerara esa enemistad ante Oyarbide; años atrás, acusó al juez por mal desempeño.

Lo de Carrió ayer en los Tribunales Comodoro-Py fue un replay de la pretendida y diluida investigación sobre lavado de dinero en la Argentina en la que vinculó a muchos políticos con pruebas que eran listados de Internet y fotocopias adulteradas que no podían sostener ninguna acusación.

Incluso, en febrero pasado, la Corte Suprema de México derrumbó uno de los pilares de esta historia: la Operación Casablanca, cuyos resultados habían servido aquí para vincular a banqueros, empresarios y políticos con el Cartel de Juárez. El tribunal mexicano determinó que toda la operación había sido armada por agentes de inteligencia y de la Aduana de Estados Unidos.

No obstante esta frustración, Carrió se permitió sugerirle al juez ahondar las investigaciones en Uruguay y en empresas privatizadas para establecer el patrimonio del ex presidente acusado de omisión maliciosa por no asentar en su declaración jurada una cuenta en Suiza con 600 mil dólares, que Menem siempre dijo que estaba a nombre de su esposa y de su hija Zulemita.

«Es obvio el enriquecimiento ilícito, no sólo de Menem, sino también de muchos de alrededor de Menem, y es obvio el enriquecimiento ilícito de algunos de los que hoy son funcionarios de gobierno»,
subrayó.

El testimonio de
Carrió le interesa al dúo Oyarbide-Stornelli porque viene a sostener la acusación de lavado de dinero, falsedad ideológica de instrumento público y enriquecimiento ilícito. Delitos que responden a las exigencias de la juez suiza Christine Junot para levantar el secreto bancario. Es decir, peligrosamente el juez y el fiscal van adecuando la calificación a la demanda de la Justicia suiza con la esperanza de romper esa barrera. Es la única salida que tienen. Conocen que en la Confederación Helvética la «omisión maliciosa» no es un delito y, por lo tanto, no accederá a abrir las cuentas. Ya se lo dijo a Oyarbide hace 45 días la jueza Junot cuando viajó a Suiza.

«Hay que investigar en Uruguay, donde se detectó la 'cuenta dragón', donde había fondos provenientes de ilícitos que podrían ser provenientes del narcotráfico»,
dijo la Carrió. Juez y fiscal se entusiasmaron cuando escucharon esta aseveración.

Y recomendó:
«Buscar a Telefónica y en Repsol». La empresa de telefonía española ya aclaró que 98,5% de las acciones fue adquirido por la casa matriz.

• Investigadora

Cómoda en su asiento de acusador, Carrió declaró no sentirse sorprendida por las revelaciones sobre otros supuestos bienes no declarados por Menem, entre ellos dos aviones, porque ella y sus colaboradores vienen investigándolo desde hace nueve años.

La pruebas sobre los aviones se van diluyendo, porque una de las aeronaves está completamente deshuesada y sobre la otra
Menem declaró que la recibió como herencia de su hijo Carlitos Menem Jr.

La ex diputada terminó afirmando que el avance de la pesquisa constituye una
«reivindicación» para ella, porque «curiosamente los que nos trataban de locos y mentirosos en aquella época ahora están presurosos por conseguir los datos de la existencia de aquellas cuentas» en Suiza. El furibundo ataque fue dirigido al ministro de Justicia, Gustavo Béliz, pero también pareció sentirlo el juez Oyarbide.

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