Pragmática, Elisa Carrió intenta recomponer su poder en el nuevo Congreso, tras la decepcionante performance en las urnas, con un juego de alianzas de amplio espectro, de Eduardo Duhalde, a sus ex compañeros de la UCR, sin menospreciar al izquierdista Luis Zamora. Sorprende su falta de escrúpulos.
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Con la mira puesta en la vice 3° de Diputados -que los provinciales reclaman desde hace semanas-, la jefa del ARI envió a Rafael Romá a negociar con el peronista Eduardo Camaño. Romá, una de las últimas adquisiciones del «lilismo» al igual que Mario Cafiero, fue vicegobernador de Duhalde hasta 1999 y, en consecuencia, es el mejor interlocutor para Camaño, a quien respaldó en nombre de Carrió para la presidencia del cuerpo. Al mismo tiempo, la radical «rebelde» acercó fichas con la UCR para apoyar el reclamo oficialista por la vice 1°, que también apetece el PJ.
Carrió, por si fuera poco una eventual contraprestación radical, abrió el libro de socios para sumar voluntades y copar la vice 3° con el socialista Jorge Rivas. El jueves pasado, mientras se despedían los diputados salientes, selló un pacto con el frepasista disidente José Vitar y con Rubén Giustianini (PSP). De esta manera, Carrió junto 27 voluntades para fundar un interbloque progresista y superar los 21 delegados de los partidos del interior.
El paso siguiente consistirá en tentar al ex trostskysta Zamora, quien vuelve al cuerpo después de un sorprendente despegue en los comicios de octubre: superó a los competidores de Izquierda Unida en suelo porteño y consiguió 2 bancas, algo inédito para discípulos criollos de Carlos Marx.
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