CGT estudia ola de juicios contra pago de Ganancias

Política

Despidieron el año sobriamente, apenas una copa de champagne. Para tan poco, mejor no se hubieran reunido: los jefes de la CGT festejaron durante una hora y terminaron con sus contradicciones nuevamente en la superficie.

La primera de ellas tuvo que ver con el objeto mismo de la convocatoria, realizada por Hugo Moyano: era para darle dos plaquetas a Luis Barrionuevo, ahora diputado del sector por Catamarca. El gastronómico fue agasajado por su voto en contra del mantenimiento del mínimo no imponible de Ganancias. Hacía tiempo que no lo felicitaban por nada, casi desde que Lorenzo Miguel le regaló aquel reloj de acero por el buen trato que le dio desde la intervención a la obra social de los metalúrgicos. Tiempos de Carlos Menem, otra era.

Barrionuevo se pronunció en favor de que el mínimo no imponible se eleve para que no alcance a los trabajadores que cobran menos de 1.800 pesos. Moyano lo celebró con un souvenir plateado. Curioso: el mismo Moyano le había ordenado a su diputado favorito, el laboralista Héctor Recalde, votar en sentido contrario. Tal vez hasta le den una placa. Tan poco importa la lógica hoy en la vida pública argentina. El otro homenaje para el diputado sindicalista provino de Gerónimo Venegas, «Momo», quien lo condecoró en nombre de las «62 Organizaciones».

Si sólo con las plaquetas no se podía mantener demasiado la coherencia, todo estalló cuando comenzaron los discursos. Barrionuevo agradeció y, con media sonrisa, dijo que «todavía tengo la expectativa de ver los camiones y los colectivos en la calle, para defender a los trabajadores, sobre todo ahora que comienza a azotar la inflación y que se comenzó a sospechar de corrupción».

• Respuesta

El encargado de contestar fue el colectivero Juan Manuel Palacios, el «otro yo» de Moyano. «Los camiones y los colectivos están en la calle. Están transportando gente y, en el caso del transporte de cargas, llevando la soja y los otros bienes de la reactivación de la economía a la que estamos asistiendo», dijo «Bocha», que parecía José Espejo elogiando la «revolución» del General en los '50. Para darle más simpatía a su presentación, Palacios recordó que «Claudio Cirigliano acaba de comprar una flota de colectivos Volvo».

Cirigliano es amigo de Barrionuevo y la compra, en rigor, fue un leasing operado por el Banco Nación. «Estamos festejando nuestra 'revolución productiva', como vos festejaste la tuya en los '90", remató el colectivero, ante un «Luisito» azorado por la sinceridad. Después de todo, el mismo Palacios fue quien, ante reproches de oficialismo de parte de Carlos West Ocampo, hace un año, contestó: «Todo este tiempo se la llevaron ustedes, ¿por qué ahora, que nos llegó el turno a nosotros, no nos dejan tranquilos?».

El homenaje sonaba cada vez más artificial, a la vista de la contradicciones internas del grupo. Apenas Saúl Ubaldini, uno de los presentes, intentó salvar las diferencias con una alusión al pasado. Elogió a los «jóvenes brillantes» que lo secundaron en su gestión al frente de la CGT. Era la época de Raúl Alfonsín y los 13 paros generales y esos «jóvenes» eran José Luis Lingieri, Gerardo Martínez y Andrés «Centauro» Rodríguez: los tres estaban allí, copa en mano, más gordos y canosos. Ahora son los « jóvenes brillantes» de Moyano, haciaquien manifiestan los mismos sentimientos que en su momento prodigaban a Ubaldini. Es decir, cierta conmiseración ante alguien que, momentáneamente, les resulta útil.

Por suerte no hubo referencias a la visita a Felisa Miceli, de la que los capitostes de la CGT salieron con las manos vacías, igual que cuando fueron a ver a Alberto Fernández. Cuando le hacen notar el costo político que significa producir un reclamo sobre el que se sabe de antemano que no será satisfecho, Moyano se excusa con un argumento increíble: «Estoy cumpliendo órdenes de Kirchner; fue él quien me dijo que hagamos una ronda de ministros que después en Olivos definen». «Es lo mismo que les dicen a las empresas que quieren aumentos de tarifas, te hacen hacer el mismo circuito y no definen jamás, con la diferencia de que de nosotros se supone que somos vivos del año 0», lamentó un gremialista de ese sector.

Barrionuevo, ajeno a esas prácticas (sabe que tiene prohibida la entrada a los despachos K), seguía empecinado en el mismo tema: el mínimo no imponible que, si se aumenta, terminará siendo un aumento generalizado de sueldos abonado por el Tesoro. «Hugo, hay 700.000 trabajadores que verían mejorar su ingreso si conseguimos el cambio. Por eso voy a impulsar juicios contra el Estado, porque además la ley fue mal votada. Se necesitaban 129 diputados y votaron sólo 127.» Por lo que escucharon sus pares, el gastronómico pretende ampararse en un pronunciamiento judicial de la semana pasada que consideró inconstitucional un descuento por Ganancias practicado sobre un salario superior a $ 2.200. En efecto, el juez federal del Chaco, Carlos Skidelsky, ordenó que no se practique una retención sobre un sueldo ya que no se había actualizado el mínimo no imponible y los salarios crecieron por las negociaciones impulsadas por la inflación.

¿Habrá una ola de juicios por inconstitucionalidad? Es lo que dijo auspiciar Barrionuevo, aunque su argumento respecto de la prórroga de Ganancias votada en Diputados es débil. Ya Jorge Vanossi hizo notar en el recinto que para prorrogar un impuesto a través de una ley -no para crearlo- se requiere sólo mayoría simple. La cuestión, tal vez, devenga abstracta, si Moyano, como prometió ese jueves, consigue que Kirchner le dé la razón y, mediante un decreto, sacrifique parte de sus ingresos tributarios en beneficio de la CGT. Ayer Alberto Fernández insinuó que sí.

Dejá tu comentario