CGT "tira el Senado por la ventana" y vuelve a los '50
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Si en el plano específicamente sindical los gremialistas conseguirán, con la derogación del Senado, regresar a las condiciones en que se encontraban antes de la asunción de Carlos Menem en 1989, también en su otra condición, la de empresarios de la salud, sacaron ventaja del gobierno de Eduardo Duhalde. Con la sanción del decreto de «emergencia sanitaria» que les dedicó Ginés González García, la CGT en todas sus versiones se llevó dos trofeos. Por un lado, su propia «ley de quiebras», ya que la medida suspende cualquier ejecución contra sus obras sociales hasta el 31 de diciembre próximo (lo que en la práctica significa el 31 de enero de 2003 si se contempla la feria judicial estival). El beneficio incluye las deudas por pagos de honorarios, lo que llama la atención en el caso de gremialistas. Además, a diferencia de lo que previó la Ley de Quiebras, la Secretaría de Hacienda no contempló excluir las ejecuciones que puedan deberse a deudas previsionales o impositivas, tan frecuentes en el universo de las «cajas» sindicales.
Este beneficio ideado por González García en el Decreto 486/02, se completó con la Ley de Presupuesto, que subió en un punto los aportes patronales a las obras sociales y también la contribución al PAMI. Con esta restauración y aquel salvoconducto hasta el año próximo, también en el plano de la administración de las obras sociales, los gremialistas tienen la sensación de haber regresado a la «patria sindical», como se calificaba a su ciudadela de privilegios en la década del '70.
Pero la colección de ventajas que los sindicatos arrancaron al gobierno de Duhalde no se agota aquí. También consiguieron que, en el mismo decreto de «emergencia sanitaria», se aumenten los recursos del fondo de redistribución de las obras sociales aumentando los aportes que realizan a ese pozo en el caso de los empleados que ganan más de $ 1.000.
Los gremialistas fueron puestos por Duhalde, casi distraídamente, en una circunstancia parecida al paraíso. Para satisfacerlos totalmente haría falta sólo un «detalle»: que les sustituyan los bonos que les dieron para saldar una deuda de $ 200 millones por LECOP o patacones, es decir, con papeles que sean reconocidos como medio de pago de impuestos. Entonces sí el miércoles que viene habrá fiesta, y «gordos» de Daer y «disidentes» de Moyano podrán tirar el Senado por la ventana.




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