26 de abril 2021 - 00:00

CGT, demorada, organiza congreso para cambio de conducción el 20-O

La fecha es tentativa y fue la más temprana que encontró el equipo de abogados de la central para su recambio antes de los comicios legislativos.

Carlos Acuña y Héctor Daer.

Carlos Acuña y Héctor Daer.

La CGT comenzó a planificar su demorado recambio dirigencial con la fecha tentativa del 20 de octubre para la realización de un Congreso de elección de autoridades. Así lo sugirió el equipo jurídico de la central obrera ante el pedido de la “mesa chica” de conducción, dos semanas atrás, de organizar un cronograma de elección de autoridades que culminara antes de los comicios legislativos de este año. En teoría, se espera que para entonces habrá un acuerdo político para definir la sucesión de los actuales secretarios generales, Héctor Daer y Carlos Acuña, y del resto del Consejo Directivo, o bien una improbable contienda de votos con el sector disidente referenciado en Hugo Moyano.

La aparición de una fecha tentativa acelerará gestiones en los grupos que componen la vida interna de la organización pero no implicará de momento ajustarse a una formalidad: en los gremios son más los que creen que el apuro del cronograma –cuando por resolución administrativa durante la pandemia fueron prorrogados al menos hasta el año que viene los mandatos- busca descomprimir tensiones internas antes que llevar a la práctica un congreso de renovación. Parte de esta agenda se debatirá el lunes en una nueva reunión de la “mesa chica” de la central.

El 20 de octubre apareció entre los abogados como la primera fecha disponible para la desembocadura de un proceso que deberá contener, en su transcurso, al menos una reunión del Consejo Directivo, un plenario de secretarios generales (no es una obligación formal pero lo adelantaron los propios dirigentes durante la “mesa chica” días atrás) y un Comité Central Confederal, también conocido en la jerga como “el Parlamento de los Trabajadores”. De concretarse ese plan, el Congreso se llevaría a cabo cuatro días antes de las elecciones legislativas pautadas, por ahora, para el 24 de octubre aunque sujetas a un eventual acuerdo político orientado a diferirlas.

El proceso electoral en la CGT está pendiente desde el 22 de agosto pasado, cuando se cumplieron los cuatro años de mandato de la jefatura que arrancó con el triunvirato de Daer, Acuña y el autoeyectado Juan Carlos Schmid, y que en su vida útil sufrió deserciones de cerca de una decena de los 35 miembros del cuerpo colegiado de conducción. La suspensión de los plazos administrativos que ordenó el Ministerio de Trabajo para todas las organizaciones sindicales alcanzó también a la central obrera, que supuestamente pudo transitar todo 2021 con su jefatura extendida.

Si la efectiva concreción del Congreso es todavía incierta, más aún lo es la conformación de un futuro liderazgo. La historia de la CGT marca que jamás hubo competencia de dos listas por la conducción y que sistemáticamente las convocatorias terminaban con una única nómina. Las disidencias se expresaron a lo largo de los años mediante el corrimiento de sectores y el abandono de los puestos en el Consejo Directivo que por peso específico de sus organizaciones debía corresponderles.

Lo más claro de momento parece ser el interés de Daer por renovar su mandato como referente de los “gordos”, el sector que arrastra más congresales por contener a los gremios de Sanidad (de su padrino político, Carlos West Ocampo) y Comercio. Acuña, por su parte, delegado del gastronómico Luis Barrionuevo, ya hizo saber que si existe consenso interno para darle continuidad no tendrá problemas en aceptarlo. Para ello, sin embargo, el propio Barrionuevo debería dar pruebas que conservar algo del poder que tuvo como líder de la denominada “CGT Azul y Blanca” que pasó de ser una expresión interna con decenas de gremios a una referencia marginal.

La vigencia de ambos secretarios generales se recuesta sobre la alianza de los “gordos” y Barrionuevo con los “independientes” de perenne buena relación con todos los gobiernos. Ellos son Gerardo Martínez (albañiles,Uocra), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y Andrés Rodríguez (estatales de UPCN). Los dos primeros alguna vez fungieron como secretarios generales de la CGT y el tercero cuenta con el “defecto” de nacimiento de liderar un gremio estatal, que para los cánones de la central es suficiente como para impedirle un ascenso mayor a su actual cargo como secretario adjunto. Si bien en los cuatro años de la actual conducción fueron un sostén para Daer y Acuña, en el último tiempo hubo cortocircuitos con los “gordos” que entusiasmaron a sus rivales.

Como principal contendiente de la actual jefatura se erige Moyano junto con el Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona) que contiene gremios de alto poder como el de los mecánicos (Smata) y la Asociación Bancaria. Pero a su vez dentro de este núcleo hay subsectores que reivindican peso propio suficiente como para ocupar al menos una banca en una nueva jefatura colegiada, como la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que lideran Sergio Palazzo (La Bancaria), Pablo Biró (pilotos aeronáuticos) y Héctor Amichetti (gráficos).

De ahí en más pululan en los barrios que componen la CGT varias líneas internas más que también trabajan para posicionarse en un recambio de autoridades. Entre ellos, el denominado Semún (Sindicatos en Marcha por la Unidad Nacional), un emprendimiento del ferroviario Sergio Sasia que logró absorber a varios dirigentes que perdieron su referencia política con la jubilación del taxista Omar Viviani. La semana que viene Moyano y Sasia se reunirán por tercera vez en lo que va del año para avanzar en el bosquejo de un plan que, grosso modo, implicaría apoyo mutuo: del ferroviario al camionero para subir a un dirigente propio a la CGT (siempre el más mentado es Pablo Moyano) y viceversa para forzar un recambio en la también poderosa Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT) favorable al líder del Semún.

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