CGT: esta semana define interna y relación con Alberto

Política

Mañana, en una reunión programada de la "mesa chica" de la organización, se definirá si las disputas recientes terminan por transformarse en una ruptura. El emplazamiento esta semana de un busto de Néstor Kirchner en el ingreso del edificio de Azopardo 802 al cumplirse una década de su fallecimiento promete agitar más rispideces internas.

Las efemérides tienen a maltraer a la CGT. Luego del respaldo político que representó la presencia de Alberto Fernández en la sede de la central en la conmemoración del Día de la Lealtad peronista, el 17 de octubre, cuya contracara fue una crisis en la jefatura con el sector de Luis Barrionuevo, el emplazamiento esta semana de un busto de Néstor Kirchner en el ingreso del edificio de Azopardo 802 al cumplirse una década de su fallecimiento promete agitar más rispideces internas. Mañana, en una reunión programada de la “mesa chica” de la organización, se definirá si esas disputas terminan por transformarse en una ruptura.

La semana se presenta agitada para la central gremial más ponderada por Alberto Fernández y su equipo de funcionarios. Incluso después de la visita del Presidente y de haber confirmado un lugar preponderante en las mesas del acuerdo económico y social que menea el Ejecutivo para la agenda pospandemia, la CGT quedó una vez más sumergida en sus propias contradicciones producto del alineamiento político de sus principales gestores.

Como publicó este diario, la cesión a favor de La Cámpora de la organización del acto virtual del 17-O, empañado por la caída de la web donde se esperaba la participación de millones de cibermilitantes, deterioró al máximo la relación de los “gordos” de los grandes gremios de servicios y los “independientes” de permanente diálogo con el Gobierno con los referentes de Barrionuevo en el Consejo Directivo, en particular con el cotitular de la CGT, Carlos Acuña. Un vínculo que, de todos modos, ya estaba agrietado por la percepción de Acuña de que el kirchnerismo había gestado la ocupación de terrenos en Guernica, adonde gobierna su esposa, Blanca Cantero, la intendenta de Presidente Perón.

A ese clima enrarecido, que tuvo su pico de tensión cuando en una reunión reservada de la “mesa chica” Acuña les endilgó a “gordos” e “independientes” haberle “entregado la CGT al Gobierno”, se sumará mañana el acto comprometido por Héctor Daer a referentes de la Corriente Federal de Trabajadores para el emplazamiento de un busto de Kirchner. Esa gestión fue encabezada por el diputado y secretario general del sindicato de curtidores, Walter Correa, a su vez líder de la seccional Oeste de la CGT, quien dio por sentado el aval de Daer y del resto de los dirigentes del Consejo Directivo.

Se trata, no obstante, de una iniciativa destinada a la controversia. Para Barrionuevo y su grupo todo lo relacionado con el kirchnerismo es reprobable. El abismo es insalvable desde que en abril de 2003 militantes del peronismo de Catamarca enviados por el gastronómico arrojaron huevazos a la entonces senadora Cristina de Kirchner. Las tres gestiones presidenciales desde entonces tuvieron a Barrionuevo como límite y buscaron reducir su poderío e influencia a su mínima expresión.

El busto del expresidente debería sumarse a los otros tres que coronan la escalinata de acceso al edificio de Azopardo 802: al centro, uno de bronce de José Ignacio Rucci, flanqueado de izquierda a derecha por versiones en mármol de los de Juan Perón y Eva Duarte, y a los que se agrega, junto al del fundador del peronismo, uno de Saúl Ubaldini. A la par de la instalación de la efigie de Néstor Kirchner está previsto que se le sume la fijación de una plaqueta en su honor en la quinta de San Vicente en la que reposan desde 2006 los restos de Juan Perón.

Para un sector tan afirmado en las conmemoraciones y la simbología los actos de sesgo kirchnerista no pasarán desapercibidos. De por sí el evento del 17 de octubre resultó para más de un dirigente violatorio del folclore peronista por varias razones: entre ellas, porque el mural que preside desde 1949 el salón Felipe Vallese donde habló Alberto Fernández, obra del artista Miguel Petrone, quedó tapado en la ocasión por una lámina del “Día de la Lealtad”. También, porque las primeras filas del espacio fueron ocupadas por funcionarios del Ejecutivo y otros referentes que dejaron relegados a segundas y terceras líneas a los líderes de la CGT.

En la reunión de la “mesa chica” pautada para mañana, sin embargo, lo esencial pasará por el análisis de la ecuación de costo y beneficio que representa para la central obrera su alineamiento con el oficialismo. Daer y los “independientes” -con matices- reivindicarán la opción de esos sectores sindicales a favor del Frente de Todos, incluso a pesar de los señalamientos recurrentes por la falta de respuesta de los funcionarios a los reclamos sectoriales. La contracara será la postura del grupo de Acuña y Barrionuevo, que intentará hacerse fuerte con grupos no alineados con los mayoritarios como los transportistas Omar Maturano (maquinistas, La Fraternidad) y Roberto Fernández (colectiveros, UTA) para levantar una bandera de eventual autonomía respecto del poder político.

El gastronómico y líder de la denominada “CGT Azul y Blanca” comenzó a coquetear con la idea de una eventual ruptura en la cima de la central sindical. La iniciativa no tendría mayor asidero si no fuera porque es concordante con la expectativa del mayor rival de los “gordos”, el camionero Hugo Moyano, por desplazar la actual conducción. Esta semana comenzarán a ponerse sobre el tablero las fichas de cada sector.

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