4 de febrero 2003 - 00:00

Chiche será candidata pero Solá no sabe a qué

Felipe Solá tiene nervios de acero. Pensaba que resolvería su problema, la renovación de contrato como delegado de los Duhalde en la gobernación bonaerense, el domingo por la noche. Ese día regresó Chiche Duhalde al hogar, después de sus vacaciones brasileñas, y se suponía que en la mesa familiar discutiría su futuro político. En el duhaldismo todo el mundo admite la ficción de que el matrimonio delibera y se disimula que quien toma las determinaciones es Eduardo.

Pero ayer Solá seguía esperando novedades desde Olivos, mientras trataba de calmar la ansiedad de la familia, «la Colorada» Teresa y «Toco» González Fernández, conocido en La Plata como «Emir». El teléfono no sonó y llega hoy al lanzamiento de Lanús con los nervios de acero subidos a la garganta. Le han prometido, para mitigar la ansiedad, que el duhaldismo anoche se preparaba para rogarle a Chiche que aceptara ser la número dos de Solá. Sin embargo, la realidad era otra: el duhaldismo -quizás por su vocación monárquica- parece convencido de que si debe apoyar a un candidato, el único aceptable es la esposa del Presidente. Anoche se debatía este intríngulis, la propia Chiche no habría revelado su decisión -se suponía que sería consagrada como segunda- y Duhalde, para poner distancia, desde esta mañana caña en ristre sale a buscar tiburones y enfrentar las olas en la zona de Bahía Blanca.

• Inquietante

El tiempo apremia porque en Lanús debería lanzarse la fórmula completa. Será inquietante verlo de nuevo a Felipe apoyando las pretensiones de Néstor Kirchner, como en la quinta de San Vicente, sin tener asegurado su cheque. Precisamente la exaltación de «Lupín» es lo que más lo perjudica: el duhaldismo ortodoxo se resigna a entregar a alguien ajeno la candidatura presidencial si se reserva para sí la gobernación. Esta lógica, que se extendió en los últimos días por toda la provincia, es la que comenzó a levantar la posibilidad de que Chiche sea candidata para encabezar la fórmula.

• Minicabildo

Hoy al mediodía los duhaldistas de paladar irán al despacho de Chiche a escenificar un minicabildo abierto como el que las masas ofrecieron en 1952 a Eva Perón. Le reclamarán que acepte la candidatura con argumentos que obligan a pensar en el primer puesto.

Los seguidores del Presidente y su esposa elogian el crecimiento político que se verificó en ella desde que la pareja asumió el poder. Los testimonios se multiplican: «gran funcionaria», «no sólo tiene sensibilidad social, también sabe administrar», «sorprendió al Fondo y al Banco Mundial con su conocimiento sobre políticas sociales» y elogios por el estilo. Esta onda laudatoria coronó con el razonamiento de un sencillo puntero del conurbano, que se interrogó ayer en la sede del PJ bonaerense, de Avenida de Mayo: «Si es la dueña de casa, ¿por qué la vamos a guardar en la piecita del fondo?». Nadie supo dar respuesta, más allá del previsible «a Felipe hay que respetarle el cargo». Si hasta un fanático se preguntó: «¿Y Felipe no puede ir de vice? ¿O Chiche es peor que Ruckauf?».

• Costo

Solá tiene pocos instrumentos para defenderse de esta presión que lo convertiría en un candidato imposible. La precipitación bonaerense para asegurarse las listas locales y ponerse a salvo del resultado nacional del 27 de abril tiene un costo para Felipe. Con la fecha de las internas clavada el 30 de marzo, el gobernador no tiene ya margen para diferenciarse de los Duhalde y presionarlos, como indicaba aquel proyecto inicial de su gestión, cuando el mundo bonaerense se venía abajo y el viceministro de Seguridad, Marcelo Saín, denunciaba que los dirigentes de la provincia se beneficiaban económicamente con el delito común a través de la Policía. Ahora a Solá sólo le queda disciplinarse con los Duhalde, como se advertirá hoy, con la «Colorada» Teresa cantando la marcha al lado de «Lupín» y su señora, en Lanús, como la cantó junto a Adolfo Rodríguez Saá en el Luna Park, cuando todavía no se sentía la sujeción al Presidente. En rigor, la elasticidad coral de su señora es casi lo único que le queda a Solá para preservar su autonomía y presionar a quienes lo quieren subalterno: a Teresa todavía le queda un dúo con Carlos Menem para presionar al aparato.

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