Sindicalistas y empresarios de la UIA se reunieron ayer: no para hablar con la pompa de la concertación (internacional y eclesiástica del oficialismo) sino con la inquietud y el lenguaje prácticos que genera la crisis. El elenco completo de la UIA, sin José Ignacio de Mendiguren pero con el eterno demandante del no pago de deudas: Héctor Massuh. Lo acompañaban otros como Alberto Alvarez Gaiani, Sergio Einaudi y Enrique Martínez en franca mayoría sobre los gremialistas Rodolfo Daer, Armando Cavalieri, Gerardo Martínez, José Luis Lingeri, Carlos West Ocampo y algún otro de los «gordos».
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Los visitantes, al final, se preguntaban para qué habían ido: escucharon amables reyertas entre los industriales -no todos comparten, por intereses distintos, la política del gobierno- y, además, falta de afinidad con otras agrupaciones empresarias (caso de la CAC).
Mucha confesión personal sobre el «corralito» y las miles de formas de salir, la recuperación o no de la economía, las exportaciones, etc. Ciertas críticas a la parsimonia de Jorge Remes -«hay que empujarlo para tomar decisiones»- y revelaciones sobre charlas últimas con Eduardo Duhalde: «Quiere cambiar el modelo porque dice que la Argentina hizo todo lo que le pidieron desde EE.UU. y quedó con 20% de desocupación». Casi nadie opinaba en exceso pero más de uno preguntó por la conflictividad social, su posible recrudecimiento y hasta por la actitud militar al respecto. Gajes de la confusión política y económica que atraviesa el país, «más o menos como en los tiempos de Isabel y López Rega, pero sin la guerrilla ni la represión de entonces», señaló uno de los presentes. A lo que otro replicó: «Sí, pero con un nivel de desocupación gigantesco y con muertos sociales que van in crescendo».
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