26 de julio 2004 - 00:00

Cine y radio antes de llegar al poder de la mano de Perón

Antes de convertirse en Eva Perón, o Evita, trabajó en radios y en cine como Eva Duarte, e incluso haciendo avisos comerciales de la entonces popular fábrica de jabón Guereño.
Antes de convertirse en Eva Perón, o Evita, trabajó en radios y en cine como Eva Duarte, e incluso haciendo avisos comerciales de la entonces popular fábrica de jabón Guereño.
La actriz Eva Duarte, luego convertida en Eva Perón y finalmente en Evita, transitó escenarios y pantallas de diversas maneras, no siempre felices. Veamos.

A fines de 1933, Eva Duarte, entonces de 14 años, tez blanca y pelo bien negro, se integraba al elenco del Centro Cultural y Deportivo Estudiantil de Junín, haciendo «Arriba los estudiantes», de Florencio Chiarello, al mismo tiempo que recitaba versos en la propaladora local. Sueños de juventud la llevaron a los 15 a Buenos Aires, a recitar bocadillos en la compañía teatral de José Franco, padre de las actrices Eva y Herminia, y en otras compañías, casi siempre con más días de hambre que noches de lucimiento.

Por entonces ella era apenas una muchachita algo apocada, muy respetuosa. La cuidaba su hermano Juan, que estaba haciendo el servicio militar y que le consiguió un trabajo estable de locutora comercial de Jabones Guereño. Después ya se cuidó sola, especialmente de algunas habladurías sobre su relativo talento y sus buenas relaciones, supuestamente con el cantor Agustín Magaldi, el director Rafael Firtuso, el deportista Emilio Karstulovic, director de la revista «Sintonía», el dueño del semanario «Guión», Jorge Lafrenz, y el dueño de Pampa Films, Olegario Ferrando.

A los 18 años, y con el pelo más claro, Linter Publicidad la convirtió en «mannequin» de sus avisos para damas: pieles, peinados, esas cosas. Y Héctor Pedro Blomberg, el de «La pulpera de Santa Lucía», la hizo estrella radial, con dos novelas fijas por «Radio Prieto», a lo que siguieron trabajos similares en «Argentina», «El Mundo», «Belgrano», etc., muchas veces auspiciados por Guereño, y dedicados a grandes mujeres de la historia. Convertida en cabeza de compañía, sería también cofundadora y conductora de la Asociación Radial Argentina.

Fue en ese carácter, y ya hecha una mujer de carácter, con apenas 24 años cumplidos, que conoció un día al entonces coronel Juan Perón, durante un acto de beneficencia por las víctimas del terremoto de San Juan. Pocos meses después, presentaba por la Red Argentina de Radiodifusión el programa «Hacia un futuro mejor», con libretos de Francisco Muñoz Azpiri.

¿Qué registro queda de todo eso? Algunas tapas de revistas, uno que otro aviso y unos pocos minutos de circunstanciales apariciones cinematográficas, en «Segundos afuera», «La carga de los valientes», «El más infeliz del pueblo», «Una novia en apuros» (la novia era Alicia Barrié, una rubia preciosa), y «La cabalgata del circo», donde hace su mejor trabajo, y el más largo (unos tres minutos en total). Pero nadie la recuerda por eso, sino por la discusión que habría tenido con la protagonista Libertad Lamarque. El chisme de la bofetada es tan falso como lo de Magaldi, y así lo aseguraba en su vejez la propia Lamarque, pero todavía no hay quien se convenza.

Inmediatamente después de
«La cabalgata...» debía venir un papel protagónico, en una película llamada «Amanece en las ruinas», que finalmente no se hizo. Pero en cambio (o a cambio), Duarte protagonizó un melodrama de época, «La pródiga», basado en un clásico de Pedro Alarcón sobre una mujer que siembra el bien entre los pobres de su tierra. Hubiera sido, quizá, su papel consagratorio en la pantalla, pero las cosas se dieron tan rápido, que cuando las copias estuvieron listas para el estreno, la actriz Eva Duarte ya estaba dando paso a la señora Eva Perón, y el hombre ya estaba entrando en la Rosada.

Aunque
«La pródiga» era una obra edificante, como solía decirse, la productora San Miguel consideró inadecuado estrenarla en esas circunstancias, y se bancó las pérdidas.

Recién en 1984, después de que hubieron pasado el peronismo y el odio antiperonista, la obra pudo estrenarse.

Como cerrando un círculo, ese mismo 1984 también se estrenaba el semidocumental «Evita (quien quiera oír que oiga)», del debutante Eduardo Mignogna, con una chica de carita fresca e ingenua, Flavia Palmiero, reproduciendo las sensaciones de aquel lejano viaje lleno de sueños, desde Junín a Buenos Aires. Ya para entonces en los países anglosajones circulaban un musical, una miniserie y hasta una porno sobre el mismo personaje. En realidad, la porno, de Radley Metzger, 1973, con Christiane Kruger, era una simple paráfrasis, sin referencias demasiado claras a ningún personaje concreto.

• Un fiasco

La miniserie, titulada «Evita Perón», 1981, de Marvin Chomsky, con Faye Dunaway, era simplemente ridícula. Y el musical, que se llamaba «Evita» pero debió llamarse «La Eva», por el modo en que absorbía como ciertos todos los chistes y chismes de los contreras, lo terminó filmando Alan Parker mucho después, en 1995, con Madonna, y resultó apenas un fiasco aburrido, pesado, hoy casi olvidado.

Lo bueno es que esa obra tuvo una inmediata contrarréplica, la
«Eva Perón» de Juan Carlos Desanzo, con una Esther Goris llena de nervio, acaso hasta demasiado, y un libreto discutible (ella es malhablada, protomontonera, le contesta al marido, etc.) pero eficaz de José Pablo Feinmann, el mismo que ahora escribió «Ay Juancito», la obra de Héctor Olivera donde Laura Novoa compone una Eva más familiera, incluso de instancias un poco más sutiles.

Otros acercamientos deben ser mencionados, aunque algunos sólo sean de interés para historiadores y cinéfilos extremos. Por empezar, los imprescindibles documentales
«Mensajera de paz» (gira europea de 1948), «Y la Argentina detuvo su corazón» (producción Fox 1952 en colores), «Eva Perón inmortal» (recopilación de noticieros del mismo año), «¿Ni vencedores ni vencidos?» ( Spoliansky-Cabado-Mallo, 1972, inicialmente prohibida), «La república perdida» ( Miguel Pérez, 1983, libreto de Luis Gregorich), el docudrama «El misterio Eva Perón» ( Tulio Demichelli, 1986) y «Eva Perón, la tumba sin paz» ( Tristán Bauer para el Channel Four, 1998).

Estos dos últimos hablan específicamente del vía crucis de su cadáver, así como el capítulo
«Esa mujer», de los «Cuentos para ver», «ATC», 1984, con Arturo Maly como el coronel responsable de cuidar el cuerpo embalsamado, según relato de Rodolfo Walsh adaptado por Carlos Somigliana. Impagable, la escena de «Gatica», de Leonardo Favio, 1992, con Cecilia Cenci como Evita agonizante.

Pero también hay rarezas algo incómodas, por ejemplo el semidocumental
«De la Argentina», de Werner Schroeter, Alemania, 1985, con Libertad Leblanc (sic) ilustrando algunas escenas de la vida de Evita.

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