Cine y radio antes de llegar al poder de la mano de Perón
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Antes de convertirse en Eva Perón, o Evita, trabajó en radios y en cine como Eva Duarte, e incluso haciendo avisos comerciales de la entonces popular fábrica de jabón Guereño.
Inmediatamente después de «La cabalgata...» debía venir un papel protagónico, en una película llamada «Amanece en las ruinas», que finalmente no se hizo. Pero en cambio (o a cambio), Duarte protagonizó un melodrama de época, «La pródiga», basado en un clásico de Pedro Alarcón sobre una mujer que siembra el bien entre los pobres de su tierra. Hubiera sido, quizá, su papel consagratorio en la pantalla, pero las cosas se dieron tan rápido, que cuando las copias estuvieron listas para el estreno, la actriz Eva Duarte ya estaba dando paso a la señora Eva Perón, y el hombre ya estaba entrando en la Rosada.
Aunque «La pródiga» era una obra edificante, como solía decirse, la productora San Miguel consideró inadecuado estrenarla en esas circunstancias, y se bancó las pérdidas.
Recién en 1984, después de que hubieron pasado el peronismo y el odio antiperonista, la obra pudo estrenarse.
Como cerrando un círculo, ese mismo 1984 también se estrenaba el semidocumental «Evita (quien quiera oír que oiga)», del debutante Eduardo Mignogna, con una chica de carita fresca e ingenua, Flavia Palmiero, reproduciendo las sensaciones de aquel lejano viaje lleno de sueños, desde Junín a Buenos Aires. Ya para entonces en los países anglosajones circulaban un musical, una miniserie y hasta una porno sobre el mismo personaje. En realidad, la porno, de Radley Metzger, 1973, con Christiane Kruger, era una simple paráfrasis, sin referencias demasiado claras a ningún personaje concreto.
• Un fiasco
La miniserie, titulada «Evita Perón», 1981, de Marvin Chomsky, con Faye Dunaway, era simplemente ridícula. Y el musical, que se llamaba «Evita» pero debió llamarse «La Eva», por el modo en que absorbía como ciertos todos los chistes y chismes de los contreras, lo terminó filmando Alan Parker mucho después, en 1995, con Madonna, y resultó apenas un fiasco aburrido, pesado, hoy casi olvidado.
Lo bueno es que esa obra tuvo una inmediata contrarréplica, la «Eva Perón» de Juan Carlos Desanzo, con una Esther Goris llena de nervio, acaso hasta demasiado, y un libreto discutible (ella es malhablada, protomontonera, le contesta al marido, etc.) pero eficaz de José Pablo Feinmann, el mismo que ahora escribió «Ay Juancito», la obra de Héctor Olivera donde Laura Novoa compone una Eva más familiera, incluso de instancias un poco más sutiles.
Otros acercamientos deben ser mencionados, aunque algunos sólo sean de interés para historiadores y cinéfilos extremos. Por empezar, los imprescindibles documentales «Mensajera de paz» (gira europea de 1948), «Y la Argentina detuvo su corazón» (producción Fox 1952 en colores), «Eva Perón inmortal» (recopilación de noticieros del mismo año), «¿Ni vencedores ni vencidos?» ( Spoliansky-Cabado-Mallo, 1972, inicialmente prohibida), «La república perdida» ( Miguel Pérez, 1983, libreto de Luis Gregorich), el docudrama «El misterio Eva Perón» ( Tulio Demichelli, 1986) y «Eva Perón, la tumba sin paz» ( Tristán Bauer para el Channel Four, 1998).
Estos dos últimos hablan específicamente del vía crucis de su cadáver, así como el capítulo «Esa mujer», de los «Cuentos para ver», «ATC», 1984, con Arturo Maly como el coronel responsable de cuidar el cuerpo embalsamado, según relato de Rodolfo Walsh adaptado por Carlos Somigliana. Impagable, la escena de «Gatica», de Leonardo Favio, 1992, con Cecilia Cenci como Evita agonizante.
Pero también hay rarezas algo incómodas, por ejemplo el semidocumental «De la Argentina», de Werner Schroeter, Alemania, 1985, con Libertad Leblanc (sic) ilustrando algunas escenas de la vida de Evita.



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